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ILUMINACIONES. XXXI: La venganza del negrero

Me escribe Quim B., conocedor de algunos de mis scretos y me envía este link que tiene miga y llega en un momento oportuno por dos razones: he sido negro y empleo negros.

Es decir soy un negrero de la peor calaña, pero todo ello dentro de un orden que es el que se viene a romper con el enlace que me proporciona QB y que él mismo titula “Say it loud — I’m black and I’m proud”. Y esa ruptura me ilumina y me desparrama.

Fui negro de otros a los que finalmente denuncié en un acto de venganaza totalmente comprensible pero que debí haber evitado pues perdí la clientela potencial. Es lo que tiene la venganza que es totalmente desmesurada, que no se para en medir las consecuencias de nada. Muy buena parte de lo que se llama enseñanza moral es nada más que el esfuerzo socialmente mediado de encontrar o construir las normas de la venganza, normas importantes pues preservan la cohesión social aunque ésta esté construida sobre una represión inacepatable para muchos de nosotros.

Pero más dificil de entender es el uso por mi parte de negros tanto para mi (es un decir) obra, tanto la académica como la divulgadora o la semiliteraria que ahora empiezo …,a un precio. Podría utilizar los servicios que se ofrecen publicamente en el anuncio descarado que me envía Quim. Quizá lo haga pues las tasas parecen razonables y la discreción garantizada, aunque esto nunca se sabe…Pero, de hacerlo, no lo voy a hacer por estas razones prácticas sino por una especie de venganza más refinada que la mera denuncia, propia del capataz resentido, de aquellos a quienes serví en algún momento.

Utilizar abiertamente negro o negros para elaborar mis publicaciones me permitiría aparecer como alguien por encima de la sacralidad del acto creativo. Podría mirar hacia abajo a aquellos que hacen de su escritura la esencia de su personalidad. Son estos autores revestidos de su capacidad divina los que nos somenten a una humillación diaria y particularmente punzante. Nos tienen sometidos y aherrojados con unas cadenas realmente férreas e imposibles de romper por medios naturales. La emancipación exige medios artificiosos y sorprendentes para ese enemigo al que no nos permitimos encarar ante el temor de la ira de un dios poderoso, el de los creadores, quizá dioses ellos mismos.

Finalmente encuentro la ocasión para actuar con total desmesura. La ocasión , de hecho, de romper gratuitamente el último código del honor. Me sentiré totalmente libre cuando aparezca la próxima publicación con mi nombre de autor y la cita en la introducción de la empresa negrera o del nombre propio de los negros que realamente hayan escrito mi obra. Por fin un acto realmente poético y radical. No solo estoy orgulloso de ser un negro, estoy radiante y como coronado con una rama de laurel por ser un negrero que tanto negrea como es negreado. Como todos.

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