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Ideas desordenadas sobre el Brexit

Quizá en un mundo así podría hacerse realidad el equilibrio Kantiano en el que cada sujeto quiere para sí lo que desea para los demás.

independencia escocesa
Ayer me acosté creyendo que el triunfo del «remain» parecía seguro y hoy me he levantado con su fracaso y el éxito del «leave». Ni ayer ni hoy he pensado mucho sobre el porqué, o las consecuencias en distintos campos, de este resultado y apenas he tenido tiempo de escuchar o leer nada al respecto. Pero creo que quiero explicarme a mí mismo este sentimiento ambivalente que me produce la derrota de la iniciativa de Cameron. Por un lado me dan miedo los efectos económicos que se seguirán de la incertidumbre inevitable sobre esos mismos efectos; pero por otro lado me excitan positivamente las novedades de todo tipo que pueden surgir. O sea que dudo entre mi bolsillo y mi corazón.

Respecto a mi bolsillo no creo que vaya a alcanzar un grado de pesimismo mayor que el que ya tenía. Pensaba, en efecto, que las consecuencias de La Gran Recesión no se habían agotado y que había que repensar la situación global de la economía con la caída de las economías avanzadas en Occidente, que no parecen tener visos de rebotar inmediatamente, y el relativo frenazo de las economías emergentes. Como inversor abierto al mundo rebajé un poco mi exposición a la renta variable en euros y me incliné un poco por diversificar esa renta variable en euros mediante la compra de participaciones en fondos de inversiones no solo en euros, sino también el yenes o dolares y no solo en renta variable sino también en cierto tipo de renta fija empresarial tanto como inversión, poco rentable pero bastante segura, como para cobertura de posibles oscilaciones en los tipos de cambio.

Y el Brexit no me hace cambiar de opinión ni variar mi posición. Más allá de lo que pase en los próximos dos años en Europa mientras se pone en marcha el artículo 50 del Tratado de la Unión, el impacto global en el mundo será limitado en cuanto al crecimiento del PIB aunque sí es verdad que impacto ocurre sobre una tasa de crecimiento ya pequeña de por sí. Pero el impacto no está ahí, pienso, sino en los impactos diferenciales entre países, sectores, o empresas y las consecuencias sobre la estructuración de la sociedad.

En este sentido pienso que todos esos impactos diferenciales pueden repercutir dentro de un tiempo en quiénes vayan a sufrir una caída significativa en el grado de su riqueza o/y su renta. Puede tratarse de mineros de materias primas en Africa, de profesores de universidad y cintíficos españoles allí donde estén, de obreros trabajando en el Fracking en Canadá, de ejecutivos financieros de la City o de pequeños empresarios llorando por sus startups a lo largo y ancho del mundo. O puede tratarse de inversores arriesgados que hayan apostado en la «buena» dirección. Habrá sin duda variaciones en la distribución de la renta y, creo, que la esperanza de reducir la pobreza tendrá que enfriarse tanto a nivel global como nacional. Mi sentimiento respecto a estas cosas me recuera a mi juventud cuando escribí sobre las crisis del petróleo: nada fundamental estaba entonces, ni está ahora, en juego.

No es esta afirmación una expresión de cinismo, sino una creencia firme en que las cosas que están en juego son más profundas y no se reflejan en Bolsa alguna a la que podamos acudir en busca de información sobre las expectativas que arrastrarán la evolución.

O sea que pienso sobre todo en el impacto en la estructuracion de la sociedad, algo que depende de la política y de la forma en que esta tiene de ordenar la sociedad. Los grandes problemas sociales como son la migración y sus secuelas de muerte, miedo, pobreza y necesidad de protección y asilo, solo pueden arreglarse mediante la cooperación transversal y pienso, un poco a la contra, que esa cooperación se consigue no tanto por la unificación del poder sino por la cooperación fraternal entre ciudadanos de distintas «etnias», o de distintas costumbres sociales, siempre dispuestos a ponerlas en juego. Y eso es lo que el Reino Unido significaba para mí: la capacidad de poner en juego sus propias convicciones, tal como demuestra la forma que han tenido de tratar a la emigración. Y es aquí en donde me han fallado los ganadores del referéndum, esos señores mayores y de pueblo que prefieren guardar lo que creen son sus esencias.

Pero de una forma un poco enrevesada creo que también esto del Brexit me hace pensar que una vez más son ellos, los ciudadanos del Reino Unido, los que nos van a dar una lección. Ese será el caso si esta salida de la Unión acarrea la separación de Escocia, Irlanda del Norte y quizá Gales. Estas separaciones abrirían el camino hacia un mundo confederal, una especie de Suiza global, en el que cada grupo está dispuesto a discutir su planteamiento de la forma de vida con los miembros de cualquier otro grupo y en el que la dimensión es lo suficientemente pequeña como para hacer dificil la corrupción y hacer posible la disipación de rentas.

Quizá en un mundo así podría hacerse realidad el equilibrio Kantiano en el que cada sujeto quiere para sí lo que desea para los demás. Hace un par de años escribí sobre ello y ahora que JRC me ha mandado aquel paper de Roemer ya publicado, me permito recordar aquel post perteneciente a la serie «Hacia un Nuevo Relato». Se puede ver en él con toda claridad que en un mundo de pequeñas comunidades ciertas externalidades (como las existentes en los bienes comunales por ejemplo) pueden dejar de ser un obstáculo para el óptimo paretiano.

«Ideas desordenadas sobre el Brexit» recibió 2 desde que se publicó el viernes 24 de junio de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. @juan la verdad es que lo único que parece ocurrírseles a los bienpensantes británicos es saltarse las consecuencias del referendum haciendo nuevos apaños con Bruselas y no volviendo a votar nada https://mainlymacro.blogspot.com.es/2016/06/just-how-bad-will-brexit-be-and-can-it.html o simplemente, como insinuaba ya desde el primer momento The Guardian https://lamatriz.org/url/201574 ignorar el resultado.

    Es en ese entorno de izquierda «europeista» de Oxford y Cambridge, pero también de la City que expresa The Guardian, más aun en el UKIP en el que se ve hasta qué punto la descomposición es galopante, porque lo único que se les ocurre es pura y simplemente dar un golpe de estado.

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