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Ideas concatenadas

Es curioso que la más profunda idea de la Teoría Económica -que en un mundo de infinitos agentes la interacción entre ellos lleva a un mundo relativamente satisfactorio- esté relacionada con ideas de dos de los más extraños personajes filosóficos, ninguno de los cuales expresa ideas obvias y ambos se mueven en un mundo conceptual que parecería no tener sentido.

retrato beckettHace poco Vila-Matas comentaba en El País la publicación en París del primer volumen en francés de las cartas de Samuel Beckett que presentan «las dudas de un artista incipiente que se va desembarazando de los dogmas más manoseados, y lo hace con su atracción por el silencio, pero también con su tendencia a ir hacia la palabra aun a sabiendas de que «no hay narración, todo es falso, no hay nadie, no hay nada»».

Rafa cita a Joyce y el Retrato del Artista Adolescente como un precedente del despojamiento beckettiano, e Itziar parece degustar la idea de llegar al límite de la no pertenencia: ni a una familia ni a una patria, ni a una lengua ni a nada de nada. A Marisa eso le ha recordado a su marido, al que llama un «dimisionario en cadena», lo que tiene algo de cierto y, en cuanto a mí, me limito a recordar a la individuación por la pertenencia, el articulo publicado en Energeia hace relativamente poco tiempo a pesar de haber sido escrito hace bastantes años y que trataba de poner de manifiesto que no hay manera de ser un individuo auténtico sin poder renunciar sucesivamente a distintas formas de pertenencia.

Es difícil no traer a colación al gran Nietzsche, su amor fatti así como su grito del SÍ a la vida como si fuera justamente la imagen en el espejo de la desesperada resignación de Beckett, tal como se menciona aquí en referencia a «Esperando a Godot»:

The dynamic of the Eternal Recurrence is present but rather than being affirmed it is a source of crushing boredom, tediousness and existential angst. The characters are unable to embrace the Eternal Recurrence and are in a continual state of mental flight from its implications. They suffer from a vague recollection of the past while projecting their hopes into the future in order to diminish the unbearable suffering of the existing present, or state of perpetual becoming. Beckett can thus be said to be offering a satirical critique of the concept of salvation, both in its traditional religious sense as well as in the sense implied by Nietzsche’s concept of the Eternal Recurrence. However, Beckett does offer a sense
of hope by suggesting, paradoxically, that the abandonment of hope of salvation may
lead to a sort of salvation of resignation.

Y es esta última paradoja la que por vericuetos indescriptibles me lleva a confrontar una idea de Álvarez Junco que aparece tanto en su último artículo de hace un par de días en El País bajo el título de Nacionalismo y Dinero, como en la entrevista que le hizo Juan Cruz unos días antes en el mismo periódico. Ambas piezas tienen que ver con lo que podríamos llamar el caso catalán, y en ambos lugares afirma este insigne historiador, explícita o implícitamente que el nacionalismo es simplista y poco adecuado para lidiar con la complejidad de nuestro mundo global.

Y aquí entro yo otra vez con la idea (no filosófica o literaria sino económica-política) de que la mejor manera de enfrentarse a la incertidumbre de sistemas complejos que generan resultados inesperados es justamente la proliferación de comunidades identitarias que continúan en su tendencia a la proliferación. Es este acercamiento al infinito del número de comunidades decisorias cada vez más pequeñas el causante de que cada una de ellas se sienta insignificante y, por lo tanto, el sistema como conjunto de todas ellas pueda ser predicho y entendido precisamente porque ninguna de ellas puede alterar el curso de los acontecimientos. Algo esto muy similar a lo que afirma el texto citado modificado para aplicarlo a nuestro caso de economía-política: el abandono de la esperanza de poder tener poder monopólico es lo que puede llevar a esa especie de esperanza de que la resignación pueda subsistir.

Es curioso que la más profunda idea de la Teoría Económica -que en un mundo de infinitos agentes la interacción entre ellos lleva a un mundo relativamente satisfactorio- esté relacionada con ideas de dos de los más extraños personajes filosóficos, ninguno de los cuales expresa ideas obvias y ambos se mueven en un mundo conceptual que parecería no tener sentido.

¿Nos atreveríamos a decir que las ideas simplistas de estas dos figuras filosófico-artísticas no son adecuadas para lidiar con el malestar de nuestro mundo actual que no parece tener esperanza alguna de salvación? Yo me contesto que no, y que el reflejo de uno en el otro es una forma de conseguir una síntesis siempre inestable pero que siempre se puede recomponer. De la misma forma, me atrevo a sugerir que la mejor iniciativa para no colapsar en medio del vendaval de la globalización es tratar de llegar a un mundo interrrelacionado de pequeñas comunidades. Veamos pues el mundo no como un gran EE.UU. o como una gran China; sino como una pequeña Confederación Helvética. Al fin y al cabo, el alemán era casi helvético por adopción del pueblo de Sils María e, igual, el de los suburbios de Dublín se resignó a ser irlandés.

«Ideas concatenadas» recibió 0 desde que se publicó el domingo 7 de septiembre de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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