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Ibermaticquestion

En cada jornada del Instituto Ibermática para la Innovación quedan preguntas por responder que cada ponente debe contestar con posterioridad. Este año, en el que ejercício de moderador de una mesa redonda, tengo que responder, entre otras, la siguiente pregunta:

En la catualidad a todos nos preocupa la crisis inmobiliaria porque se han llegado a influir variables económicas muy importantes como el euribor o se ha reflejado en fluctuaciones en la hBolsa. ¿Crees que esta situción desembocará en una crisis bancaria por la subida de las hipotecas? ¿Cuanto tiempo opinas que durará esta situación?

Crisis inmobiliaria la hay debido al pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Una burbuja existe cuando el valor de un activo es mayor que el valor descontado presente de sus rendimientos debido a que incorpora una prima relacionada con la expectativa de revalorización. Si existía o no una burbuja inmobiliaria fue, durante tiempo, incluso años, un tema de debate tanto entre políticos, que la negaban, como entre acedémicos que trataban de medirla. Es dificil afirmar taxativamente que la hay porque uno nunca está seguro de su existencia hasta que explota. Ahora ya sabemos que la había pues ha explotado justamente allí en donde la expectativa de revalorización había sido más grande.

Todavía la explosión no ha generado un desinfle total aunque nadie espera ningún repunte en el precio delas viviendas sino más bien rezan para que el deslizamiento a la baja sea lento para que dé tiempo a las inmobiliarias de ir deshaciéndose de sus existencias poco a poco y sin incurrir en demasiadas pérdidas de forma que sus balances puedan resistir sin problemas de pagos o de solvencia.

Como esto se veía venir hace años, los generadores de hipotecas han tratado de colocarlas como fuera, de acuerdo (implícito) con los promotores y constructores para que no ocurriera la debacle. Lo han conseguido durante años pero en unas condiciones difíciles de justificar financieramente y, finalmente, el mercado saturado no ha tragado más. Esto ha tenido dos efectos. Primero que la demanda de crédito ha aumentado presionando al alza los tipos de interés ( tendencia que se añadía a la presión que ejercían los Bancos Centrales ante unas tensiones inflacionarias semiocultas por no tener en cunta la inflación de activos sino únicamente el IPC) y segundo que, ante estas subidas, las hipotecas fallidas aumentaron considerablemente al tiempo que no se generaban nuevas pues el ahorro se retraería ante las incertidumbres que gravitaban sobre tipos de interés que lo mismo podrían subir por la política antinflacionaria del banco central que podrían bajar si estas instituciones se salían de su papel e intentaban evitar algunos de los efectos colaterales del estallido de la burbuja.

Estos efectos colaterales desembocan en una crisis de liquidez, exacerbada estos días por las tensiones de fin de año, y más tarde en una crisis de confianza, ambas originadas por la titulización desbocada de las instituciones financieras. La titulización es una innovación financiera ya antigua que consiste en la financiación de un banco mediante el actico, traspasando sus crédito al público quien finalmente sufre el riesgo que sale del balance del banco de que se trate. Nada criticable en esta práctica si se hace bien y se valora correctamente el paquete de activos que se mezclan con estas hippotecas titulizadas para ser vendidos a los ahorradores finales. Esto no ha ocurrido, las hipotecas se generaban sin cuidado alguno en chiringuitos sin reputación que perder y, sin embargo, eran empaquetadas con otros activos de forma tal que el paquete recibía una buena calificación crediticia por parte de las agencias de rating más reputadas.

En esta situación, tanto real como financiera, cuando los tipos empiezan a subir por política antinflacionaria de los bancos centrales, el edificio se desmorona. Es decir los bancos, que ven que la pirámide ya no se sostiene y se dan cuenta de que no saben bien lo que deben a los tenedores de los activos construidos sintéticamente, dejan de prestar a aquellos otros agentes (bancos incluídos) que lo necesitarían para hacer frente a los primeros síntomas del fenómeno que estoy tratando de explicar. Esto explica ya la subida del euribor y la correspondiente subida de las hipotecas de tipo variable que son practicamente todas.

Los bancos centrales sintiéndose culpable pretenden jugar a otra cosa e inyectan liquidez, pero en unas condiciones que no son las adecuadas para que los bancos acudan a sus ventenillas. No lo hacen porque ya la crisis ha mutado. Ya no es una cuestión de liquidez solamente. Ahora lo que pasa es que los bancos se han mirado a sí mismos y se han dado cuenta de que no sabían su riesgo pues no sabían valorar los activos sintéticos que habían puesto en circulación en cantidades desmesuradas. Automáticamente han pensado que esta era la situación de sus colegas a los que, naturalmente, no deberían prestar dadas las malas condiciones en las que plausiblemente se encuentran.

Esta es la curiosa sensación en la que nos encontramos ahora: una crisis de confianza en la que cada banco recela de su colega. Para disipar ese recelo debería ser posible valorar los riesgos; pero no se puede porque no hay mercado para ellos y no lo hay justament porque nadie está dispuesto a hacer ninguna operación. La diseminación de información que realiza el mercado no tiene lugar porque no hay mercado y sin información no hay manera de que se elimine el recelo y funcione el mercado.

Esto es ya una crisis bancaria y se menifiesta de menera nítida en las dificultades que han tenido ya varios bancos de inversión de primera línea. No se fondean al por menor y sus fuentes de fondeo al por mayor están secas. El resultado ha sido que han reconociso pérdidas o menores ganancias y han dado entrada en su capital en fondos soberanos de países en cuyas prácticas financieras no se puede tener mucha confianza. ¿ Cabe una cisis mayor? Pues sí, claro está. Ocurrirá en cuanto otros bancos sigan el ejemplo de su mayores y reconozcan el valor de sus inversiones tontas y no hayan fondos soberanos para todos.

¿Cómo de probable es esa eventualidad? A mi juicio todo depende de la manera en que se vayan desnudando las entidades. Si lo hacen vergonzantemente la situación resultaría curiosa. Por un lado la información se iría generando también poco a poco y algunos bancos sabrían que su situación no es mala y encontrarían forma de reflejarlo. Pero, por otro lado, la falta de la información necesaria podría forzar a algunas entidades a “cantar la gallina” y ensuciar aun más el mercado que no acabaría de rearmarse.

Esa sería una situación peligrosa que nadie desea pero que puede ocurrir y que tien alguna reminiscencia de la lógica del dilema del prisionero. Todos desaerían cooperar para conocer el valor real de su balance; pero nadie quiere ser el que lo solicita pues daría pistas a los demás en su propia contra. La mejor salida de la situación en la que nos encontramos, y una vez reconocido que el mercado no funciona porque no existe, es jugar una especie de streap poker en el que todos e desnudan a la vez. Ya no valen reuniones entre los banqueros centrales ni almuerzos de los presidentes de los bancos más impotantes. Ya no cabe más que una especie de flash mob o ciberturba bancaria en la que, al sonar de un timbre, cada banco expone públicamente su situación. El verdadero problema es quién organiza o inicia esta flash mob. Si se hace pronto la crisis de confianza pará pronto. Si no puede durar todo el 2008.

Esto es todo lo que razonablemente se puede decir hoy.

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