Desde mi sillón

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Grupo de Cooperativas de las Indias

Se retira uno de su puesto en una institución académica y recibe el correspondiente homenaje de los colegas.

Pero no se retira del todo pues, sin obligaciones, ha de imponerse deberes para no sentirse tan viejo como es y esos deberes normalmente tendrán que ver con su profesión académica a la que ha dedicado su vida.

El homenaje es muy ambiguo pues si es organizado por colegas jóvenes siempre habrá algo de esa alegría encubierta que acompaña a la emergencia de una plaza libre para uno de esos jóvenes discípulos. Si se involucran los de su edad o bien están ya homenajeados o no han recibido ese honor. En el primer caso lo hacen con entusiasmo malsano y en el segundo con una envidia que tampoco tiene nada de sano.

En cualquier caso si el homenaje incluye la publicación de los trabajos presentados en el acto del homenaje estos trabajos no son un genuino homenaje pues se trata de una publicación más para alimantar el terrible ego de los intelectuales jóvenes o viejos.

Son pocos los que aproechan la ocasión para, de una forma u otra, hacer balance silencioso de su propia vida a la luz de la vida ajena y a esos se procura no prestarles mucha atención pues no hay nadie que no quiera evitar el enfrentamiento con lo inevitable.

La única unanimidad está en la alabanza de la comida que siempre acompaña a estos actos y que es devorada con ansia pues parece justificado saltarse la dieta en una ocasión como esta.

La vida misma.

«Homenajes académicos» recibió 1 desde que se publicó el viernes 11 de diciembre de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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