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Híper y Crucifijo

Aparte de las discusiones acaloradas sobre la pertinencia del nombre ( Economía Sostenible) y sobre el contenido de sus diversos ejes temáticos, el larguísimo y recientemente presentado proyecto de ley brilla por la ausencia de dos asuntos que tienen mucho que ver con la sostenibilidad aunque sea argüible que deberían ser abordados en textos separados tanto entre sí como del que ahora se discute con ardor. Sin duda esto es cierto de la educación, aunque la ley vigente es muy reciente, pues nada es sostenible si la población no alcanza un nivel educativo alto en todos los sentidos. Pero también es cierto de la distribución comercial pues, dependiendo de su regulación, hay formas de vida y costumbres que se pueden ver alentadas o devenir insostenibles.

Esta segunda ausencia es especialmente llamativa pues la Ley de Economía Sostenible verá la luz, si la ve, en un momento en el que el paro alcanza cotas preocupantes aun contando con la picaresca nacional, la magnitud de la economía sumergida y la ayuda de la red familiar que palían la crudeza de las correspondientes cifras en estos lares. Es por lo tanto al menos curioso que la CEOE no haya dejado oir su voz antes y después de la presentación del actual proyecto de ley sobre la problemática genérica de la regulación de las grandes superficies. Y digo que es curioso porque mayor o menor amplitud de los horarios comerciales, el listado más o menos largo de días festivos con actividad permitida así como la mayor o menor agilidad y heterogeneidad autonómica para la tramitación de la apertura de nuevas centros comerciales, pueden tener un impacto significativo en la creación de empleo. En la medida en que en este momento la inflación no es la preocupación principal, a pesar del último repunte debido , más que a la recuperación de la actividad, a la subida del petróleo espoleada por las expectativas generales de recuperación, parecería que la liberalización de la regulación de las grandes supericies como centros de distribución comercial, debería aparecer en un lugar preminente en las recomendaciones patronales.

Tanto mayor es esta sorpresa cuanto resulta ser un hecho que sabemos mucho al respecto debido a un magnífico estudio realizado por Aitor Ciarreta, María Paz Espinosa y Maite Martínez-Granado para la asociación de las grandes superficies comerciales y para el cual tuve el honor de escribir un prólogo. De un estudio como éste que está realizado con todas las garantías de calidad exigibles, se desprenden con toda claridad algunas conclusiones contundentes. La primera es que la eliminación o suavización de las restricciones sobre horarios y días de apertura tiene una influencia positiva y claramente significativa sobre el empleo en el sector de la distribución comercial. Y la segunda y complementaria es que, a la luz de los datos existentes, no puede argüirse que esta creación de empleo en los suburbios o nuevas zonas residenciales sea la causa de la perceptible desaparición de no pocas tiendas de barrio en el centro de las grandes urbes.

En relación con este asunto, sin embargo, hay que hacerse eco de un hecho acaecido recientemente en Alemania en donde, a pesar de años de gobiernos socialdemócratas, la liberalización en materia de horarios y de apertura de los comercios al por menor había ido ganando terreno. Pues bien, que esta tendencia se rompe parece ser el comentario obvio a la reciente sentencia del Tribunal Constitucional alemán que, según noticia del FT del miércoles 2 de diciembre, ha declarado inconstitucional la regulación de la ciudad libre de Berlín en lo que respecta a la apertura de los comercios los cuatro domingos de adviento anteriores a la Navidad, además de otros seis domingos a lo largo del año. Parece ser, según el FT, que se trata de un triunfo de la extraña coalición formada por los sindicatos y el clero que, por distintas razones, coinciden en su deseo de que se ponga coto a la libertad de horarios y de fechas de apertura: “Esta es una clara señal en contra de la subordinación total de la sociedad a la economía” cita el FT al Comité Central de los Católicos alemanes que parece resonar con la extensión de un cierto sentimiento en esa línea que se extiende desde el comienzo esta la recesión a la que todavía no vemos una salida franca.

Y aquí surge el punto de unión con la cuestión del crucifijo en las aulas. En efecto, pensemos en primer lugar que para muchas personas la paulatina desaparición de las tiendas de barrio es una cuestión muy seria que atañe a la forma de vida y a la cohesión de una comunidad conformada por unas instituciones que, sin embargo no son estáticas sino que están siempre sujetas a fuerzas que por un lado las sostienen pero por otro las rompen en favor de otras que, por razones a explorar, se presentan como aventajados arreglos sustitutivos. En segundo lugar parace obvio que esto mismo cabe preguntarse sobre el crucifijo, si su presencia en las aulas no sería la muestra de una institución tradicional que nace de nuestra tradición más ancestral que la dota de estabilidad o si, por el contrario, no violará la aconfesionalidad o la laicidad del Estado. Tampoco me me extrañaría observar aquí también una cierta coalición del clero y de algún sindicato de enseñanza a fin de evitar novedades, como podrían ser la exigencia simultánea de diversos signos pertenecientes a diferentes confesiones o la eliminación de cualquiera de ellos

Termino con una cita del prólogo al que me he referido y que va dirigida a presentar mi solución al problema de la batalla entre el híper y la tienda de barrio, pero que muy bien puede el lector ajustar al problema entre el centro de enseñanza moderno y aséptico y el colegio de la esquina de toda la viada y que ya forma parte del paisaje. Decía: “.. a mí, como a muchas de las personas con las que me trato, nos gustaría contar con ambos tipos de establecimientos, los que se ubican en, y contribuyen a, crear los nuevos espacios de relación ciudadana y aquellos tradicionales que están más personalizados y cercanos a nuestra vivienda de forma que permiten un trato cotidiano con los dueños…. Me atrevería a pronosticar que esa diversidad iluminará el paisaje comercial en un futuro no muy lejano por la misma fuerza de las cosas….. No me extrañaría además que sean las grandes cadenas multinacionales las que, finalmente, se lancen a rehacer el sector que hasta ahora estaba en manos de familias que no encuentran fácilmente continuidad en su propio seno. Los problemas de horarios y de dificultad para hacer efectivas las economías en las compras del género se verían de esta manera solucionados.. ”.

«Híper y Crucifijo» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 9 de Diciembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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