Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

Hans Werner Sinn y otros economistas (no) del montón

Una prueba de que esto de la economía pierde energías y credibilidad mucho más rápidamente que otras ramas del saber, se encuentra precisamente en que no hay manera de que los economistas se abstraigan de los intereses nacionales en cuestiones como las que ahora nos aquejan.

Hans Werner SinnNo es difícil augurar que, más allá de la cantidad y condiciones del rescate del sistema bancario español, cuestiones estas muy importantes para este país, lo que está en juego es la situación económica de la eurozona, de toda la UE y, si me apuran, de la economía mundial. No es de extrañar por lo tanto que haya economistas de prestigio indudable que opinen sobre la mejor manera de sacar a Europa de un escenario que mestra una exigua tasa de crecimiento, un desempleo una pérdida de competitividad notable aunque desigualmente distribuida.

Dejando a un lado Krugman, que tiene la valentía de ser fiel a su conciencia liberal y opinar a menudo y con una consistencia tal que parece repetición y permite la crítica de cualquier alevín de economista que lucha con le revisión de su primer «paper», calificándolo de economista del montón, nos encontramos con gente como Rogof o Stiglitz que nunca han rehusado el cuerpo a cuerpo, incluso entre ellos, y llevan siendo consistentes en sus diagnosis y recetas al menos cinco años.

En este asunto Rogof es mi favorito y ya me he hecho eco de su receta de hace años: Inflación y Eurobonos. Para llegar a eso hace falta más Europa y creo que esto va a llegar rápidamente aunque a velocidad ralentizada justamente por la falta de Europa. Nunca en mi vida de economista había visto o sentido yo tanta incertidumbre, falta de coordinación y sensación de estar todos fuera de juego. Nadie sabe, aventuro, lo que piensa de verdad por que no sabe ni lo que los demás creen que piensa ni lo que los otros piensan.

Para lidiar con estas situaciones se inventó la Economía de la Información, pero yo diría que ha quedado fuera de juego a efectos de esta necesaria coordinación en la política económica e institucional europea. Uno de sus creadores fue J. Stiglitz, pero en sus artículos periodísticos solo comenta la necesidad de recelar de la austeridad mediante un argumento archiconocido: la imperiosa necesidad de relanzar la demanda agregada al menos a corto plazo.

A largo plazo habría otras cosas que hacer desde el punto de vista de la oferta agregada. Alguien como Prescott nos diría que lo crucial es eliminar barreras al crecimiento como si éste fuera el estado normal de un sistema económico. No se molestaría este otro Premio Nobel en fomentar el emprendimiento pues esta es como la aversión al riesgo, una característica personal que no se improvisa o se modifica sustancialmente mediante terapias de autoayuda. El espíritu emprendedor está ahí, cuando está y en quien está y quizá lo único que hay que hacer es liberarlo de ataduras que para algunos son signos de civilización, como serían no pocas medidas propias de un Estado del Bienestar, y para otros simples ataduras ridículas y paternalistas de bienintencionados con una idea del Hombre poco adecuada.

Ninguno de los economistas citados hasta ahora son europeos y esto no debía hacer pensar que esto se debe a que estos están más cerca del epicentro del tsunami que estamos sufriendo y por lo tanto se ocupan de detalles institucionales que no son fáciles de caricaturizar o de explicar al gran público. Nadie debería dudar de que hay magníficos economistas en Europa, desde Gran Bretaña a Grecia pasando por Francia o España y, naturalmente, en Alemania. Los hay pero una prueba de que esto de la economía pierde energías y credibilidad mucho más rápidamente que otras ramas del saber, se encuentra precisamente en que no hay manera de abstraerse de los intereses nacionales en cuestiones como las que ahora nos aquejan.

Tratemos de echar un vistazo a el artículo de Hans Werner Sinn en Expansión del martes 19 de junio sobre la discutida Unidad Bancaria Europea que debía acompañar, se dice, a la unidad fiscal, un tema de la máxima urgencia para España. Nos dice el director del instituto que produce el famoso termómetro IFO que refleja el sentimiento económico en Alemania que en su opinión socializar la deuda bancaria (y esto es la Unión Bancaria Europea) no es una buena idea pues distorsiona la asignación de recursos. Más en concreto proporciona a los bancos de los países menos ricos la posibilidad de dar créditos más baratos de lo que lo harían sin Unidad Bancaria distorsionando así la dirección de los flujos de capitales. Propone en su lugar convertir a los acreedores de un cierto banco, el que sea, en accionista de ese mismo banco a un cierto precio de manera que los acreedores no pierden todo, el banco continúa siendo viable y los accionistas también pagan un precio, reflejado en su dilución , por haber apostado mal. Seguramente piensa que esta forma de hacer las cosas no es muy mala para la banca alemana y sí lo suficiente para la banca española digamos.

En esta caso nuestro H.W.S. tiene un buen argumento económico de forma que no podemos decir que se deje llevar del todo y únicamente por los intereses de su país; pero en otras ocasiones el asunto no es así sino que sus argumentos son espúreos y sesgados patrióticamente. Estoy pensando en el uso que hace, tal como mostré hace ya algún tiempo, del sistema de pagos Target2 para intentar sugerir que Alemania se está sacrificando por Europa por el hecho de que tiene contablemente un exceso de derechos de giro sobre el output español digamos. Se olvidaba de que si Alemania puede exportar a los USA -digamos- es en buena parte porque el déficit comercial español mantiene el euro bajo con relación al dólar.

No es cuestión de volver sobre esta cuestión sino de sacar alguna lección de todo esto. Necesitamos economistas como H.W.S., pero también necesitamos que sus ideas sean puestas en contraste con las de otros economistas de otras nacionalidades. Esto es especialmente cierto en relación a la construcción de esa Europa que no hay más remedio que construir para salir de la llamada crisis del Euro.

«Hans Werner Sinn y otros economistas (no) del montón» recibió 1 desde que se publicó el jueves 21 de junio de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] entonces versiones intelectualmente un poco más sofisticadas (recordarán a HW Sinn y las interpretaciones sobre el Target2) e insospechados aliados en los think-tanks que asumen el […]

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.