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Hacia una nueva universidad

Habría que conseguir que los estudiantes, entre los que se encuentran los profesores de mañana, fueran conscientes del tipo de inteligencia que tienen y de la que se va a necesitar en la profesión que desearían ejercer.

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Hoy, y de manera totalmente casual, he tenido dos conversaciones sobre la penosa situación actual de la universidad y sobre formas posibles de ponerla al día. No se puede hablar de esto sin estar al tanto de la precaria situación económica de la Universidad, precariedad ésta que no le permite ponerse al día y tomar posición en la discusión que, quieras que no, los periódicos reflejan acerca de la naturaleza de sus enseñanzas.

Para quienes están en posición de ayudar con sus patrocinios, la universidad y la investigación que se desarrolla en su seno deberían estar orientadas es a reducir sus costes, es decir los costes de esas presuntas empresas patrocinadoras. Y esto lleva hoy a poner atención a la complejidad, los llamados big data, la robótica y las nuevas tecnologías en general. Sin embargo, aparecen algunas voces que señalan la importancia de mezclar estos conocimientos con otros de carácter más humanístico no exclusivamente porque no solo de técnica vive el hombre, sino también porque los costes de las empresas en general se reducen también con la colaboración del pensamiento crítico, reflexivo y filosófico sabiamente mezclados.

Si volvemos por un instante a las formas de inteligencia de las que hablaba en el último minipost nos encontramos con las siguientes formas que Howard Gardner, profesor de psicología en Harvard, premio prícipe de Asturias distingue, según acabo de leerle a Xavier Sala i Martín: 1. La lógico-matemática; 2. La lingüística; 3. La musical; 4. La visual-espacial; 5. La corporal y cinestética; 6. La interpersonal; y, 7. La intrapersonal. No es difícil imaginar las razones por las que diferentes empresas querrían personal con ventaja comparativa en unas u otras dependiendo del sector en el que se desenvolvieran y del tamaño del negocio; pero no son capaces de expresarlo con claridad de forma que la universidad no sabe muy bien cómo mezclar unas con otras.

Una forma de hacerlo podría consistir en exigir en cada grado un cierto número de créditos que provinieran de otras especialidades tratando de mezclar formas de inteligencia de manera tal que algunos estudiantes cumplirían tomando algunos cursos especializados bien en teatro, bien en literatura, bien en música y en pintura u otras artes pues son estas artes, o mejor dicho, su poso, lo que las empresas requieren junto a los conocimientos específicos de una determinada profesión. Pero ¿cómo se hace esto?

No es fácil pues esto exigiría al menos dos cosas nada fáciles de conseguir. La primera es que estas posibles clases extras no estuvieran integradas en la estructura general de la universidad pues si lo estuvieran aparecerían inmediatamente los conflictos propios de cualquier departamento relacionados con la promoción o con lo que hay que hacer para conseguirla. Debieran pues formar parte de una institución aneja conformada por profesionales de esas artes cuya financiación debería de venir de infinitud de instituciones de naturaleza cultural que, a su vez, cuentan con financiación propia o pueden conseguirla. La segunda cosa que habría que conseguir es que los estudiantes, entre los que se encuentran los profesores de mañana, fueran conscientes del tipo de inteligencia que tienen y de la que se va a necesitar en la profesión que desearían ejercer. La escuela secundaria debería interesarse por los datos de sus estudiantes que quieren acceder a la universidad y las empresas por los tipos de inteligencia de la que les gustaría dotarse. Y ninguna de estas dos cosas son fáciles de conseguir pues escuelas y empresas piensan que es la universidad la que tiene que encargarse de estas tareas.

Y, sin embargo, esto tendrá que llegar y cuando llegue yo tendré una envidia cochina de quienes en ese momento formen parte del profesorado y no solo porque todo funcionará mejor sino sobre todo porque los mismos profesores podrán disfrutar de las posibles enseñanzas de esa nueva institución asociada. Yo me apuntaría inmediatamente a los cursos elementales de dramaturgia pues es para mí evidente que una parte fundamental de la docencia de hoy en día es justamente el saber montar el teatro que capte la atención de los estudiantes y que, cuando los profesores sean meros tutores de las enseñanzas recibidas a través de YouTube, o similares, deberán brillar por otros tipos de inteligencia como la intrapersonal o incluso la musical o la pictórica.

Espero seguir elaborando estas ideas.

«Hacia una nueva universidad» recibió 1 desde que se publicó el Martes 12 de Julio de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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