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XXVII: La función de las cajas

La obra social de las cajas podría multiplicar su impacto amplicando nociones de economía financiera, si son capaces de conseguir que el mecenazgo sea un a señal de orgullo ciudadano y consigan organizar bien el espíritu solidario de la gente.

Esto es lo que entiendo de cómo quedan las cajas después de que se han convertido en bancos. Quedan como fundaciones, sean bancarias o generales dependiendo de su participación accionarial en un nuevo banco. Sea como sea, lo importante es que esas fundaciones tendrán que continuar con la labor que hacían las antiguas cajas a partir de unos fondos que habrán de provenir de lo que puedan sacar de los correspondientes bancos. No sé si su acción se verá geográficamente limitada, pero aunque lo estuviera me parece que aquí tienen las viejas cajas una posibilidad de innovar en su manera de actuar. Como supongo que seguirán confederadas en la CECA, lo que le toca a esta confederación es aplicar nociones de economía financiera para practicar eficientemente su labor de mecenazgo tal como sugiere Shiller en su último libro ya enlazado en el último post.

Supongamos que la CECA decide que su labor se va a concentrar en la Ciencia, o en ésta y en la cultura al 50%. Se trataría de que esa confederación continúe también como servicio de estudios y pueda hacer estimaciones de los ingresos que puede recibir de cada caja y, en consecuencia, de los fondos de los que dispondrá en un futuro de unos dos o tres años. A partir de aquí puede calcular cuánto puede ofrecer en los próximos años a la ciencia o/y la cultura. Esa cantidad podría muy bien exceder lo que recibe de sus confederadas si son capaces de conseguir que el mecenazgo sea un a señal de orgullo ciudadano y consigan organizar bien el espíritu solidario de la gente. ¿Cómo?

Pues llamando a Shiller y encargándole que ponga en práctica su idea de emitir acciones especiales de esa corporación que conforma la obra social de las fundaciones confederadas. Quien entrega dinero a esta obra social se hace con un monto determinado de títulos valores que le convierten en un mecenas certificado y reconocido como tal y con un cierto control sobre el uso del dinero que ha aportado que no sería difícil de instrumentar. Esos títulos son negociables de forma que cualquier persona que quiere pertenecer al club de los generosos puede comprar esos títulos mientras que quien los vende ha de dejar una cierta cantidad en la corporación que los ha emitido, cantidad que puede variar según las circunstancias.

Con un cierto manejo cuidadoso y supervisado de esa corporación no sería difícil hacerse una idea de lo que ciencia y cultura pueden recibir independientemente de de los presupuestos públicos de forma que esas dos actividades centrales para una vida digna en una sociedad sostenible puedan programarse de una manera menos dependiente del ciclo o de los shocks inesperados

«XXVII: La función de las cajas» recibió 2 desde que se publicó el domingo 2 de diciembre de 2012 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Javier Jiménez dice:

    Es muy interesante ver como se dibuja una línea que puede conectar a las actuales Cajas con las Community Foundations a la americana; dándole continuidad a la Obra Social a través de una mayor participación de la sociedad civil (el club de los generosos).

    ¡Es una idea tremendamente estimulante!

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