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XXXV: Qué hacer? Bietan jarrai. Comentarios finales

Para salir de nuestro impasse económico necesitamos el poder de la fuerza (democrática y, por lo tanto, pobremente simbolizada por el hacha) y la astucia e inteligencia de la serpiente. De ahí que una de las mayores preocupaciones que debieran atormentarnos en estas fechas de tribulación y más allá de los argumentos discutidos en el cuerpo de este escrito es la fuertemente y rápidamente creciente desigualdad en muchos sitios, entre otros en España.

Comentarios finales: la desigualdad, la fuerza, la astucia

    cuelebre

  1. Las ideas manejadas en esta breve exposición, sean sobre hechos o sobre análisis, no son en su mayoría novedosas por lo que no parece que merezca la pena resumirlas. Es preferible dedicar un comentario final a ideas más generales. Para empezar quiero afirmar que poco lograremos con la tan deseada y alabada estabilidad institucional (territorial, regulatoria o investigadora) si no somos capaces de internalizar la idea de «competencia fraternal» (que no tiene nada de frailuno) así como la de una «vida decente» que juntamente exigen una involucración política de las buenas gentes y la sensibilidad social respecto a las líneas que no estamos dispuestos a traspasar en nuestra convivencia. En este último punto tendríamos que incluir esa pregunta sobre lo que sería suficiente para llevar una «vida decente», algo que deviene actualidad a la luz del último libro de Skidelski y Skidelski en el que vuelven a las ideas de Keynes sobre las posibilidades económicas de nuestros nietos.
  2. Y, en conexión con ello, tomar postura en el problema de la desigualdad que, sin duda, también influye en lo que algunos pensamos es la «buena vida». El movimiento Occupy Wall Street tiene como grito de guerra la declaración de un hecho: «somos el 99%». El hecho que se pretende denunciar es que, a pesar de que desde el principio de los años ochenta, cuando comenzó la desregulación, el mundo ha crecido mucho y la desigualdad en la distribución de la renta entre todos los seres humanos ha descendido debido singularmente al crecimiento llamativo de la superpoblada China, la desigualdad ha crecido escandalosamente en algunos países desarrollados. En los EEUU, por ejemplo, la renta per cápita del 1% más rico ha crecido en los últimos 30 años cuarenta veces más que las rentas medias. Estas cifras nos interpelan a todos, pero especialmente a los economistas, pocos de los cuales se ocupan de la integración de la desigualdad en el análisis del funcionamiento de un sistema económico. Con la excepción de la idea del multiplicador keynesiano (calculado en base a un modelo macro keynesiano sencillo y estático), que presuntamente aumenta cuando se redistribuye renta hacia los pobres de forma que cualquier estímulo de demanda es más efectivo mediante una redistribución progresiva, ni la macroeconomía ni la microeconomía parecen haber tenidos tratos serios con el problema de la desigualdad o de la distribución en general. Como desde hace unos cincuenta años el corazón de la Economía es el modelo de equilibrio general, nos encontramos cómodos con la separación entre la asignación de recursos que lleva a cabo una economía de mercado como la representada por ese modelo y la distribución personal de la renta. Sabemos, en efecto, que sea cual sea la distribución de las dotaciones de recursos, el mercado libre nos llevaría, bajo las condiciones generalmente aceptadas para la discusión, a una asignación eficiente en la que no se puede mejorar a nadie sin empeorar a algún otro.
  3. Sin duda es hoy conveniente que la ciencia económica se preocupe de integrar la desigualdad. Y el camino prometedor a mi juicio pasa por la Economía Política que nos avisa de que en el «mundo real» la regulación y las instituciones existen para tratar de evitar las consecuencias no queridas de la economía de mercado en un mundo democrático. Las elecciones americanas nos han proporcionado un ejemplo de por qué la desigualdad puede ser una consecuencia no querida que lleva a torpedear el buen funcionamiento de la democracia. Cuando, como es el caso, el 1% de la población ingresa un porcentaje escandaloso de la renta total, es muy difícil que las elecciones no estén sesgadas hacia aquel o aquellos partidos que más protegen a los detentadores de esas rentas y que, en contraprestación, apoyan financieramente las campañas de esos partidos. A pesar de eso ha ganado Obama consolándonos un poco a los que no queremos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos vivan en un mundo dual y desestructurado.
  4. Quizá tenga algún interés insistir, para finalizar, en la idea del subtítulo. Para salir de nuestro impasse económico necesitamos el poder de la fuerza (democrática y, por lo tanto, pobremente simbolizada por el hacha) y la astucia e inteligencia de la serpiente. Este es un equilibrio difícil de conseguir en general y especialmente en momentos de conflictos sociales. De ahí que una de las mayores preocupaciones que debieran atormentarnos en estas fechas de tribulación y más allá de los argumentos discutidos en el cuerpo de este escrito es la fuertemente y rápidamente creciente desigualdad en muchos sitios, entre otros en España.

«XXXV: Qué hacer? Bietan jarrai. Comentarios finales» recibió 2 desde que se publicó el sábado 29 de diciembre de 2012 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] Y entonces la pregunta surge es ¿realmente tiene sentido plantear cambios de reglas en esos entornos? ¿Es posible hackearlos? Evidentemente si no pensáramos así, no venderíamos consultoría en el mercado, pero si creyéramos que con eso basta no estaríamos empeñados en construir alternativas por nosotros mismos e invitar a los demás a hacer lo propio. Y creo que Julen o Jorge participan sin duda de este «bietan jarrai». […]

  2. […] their own. And I think that Julen or Jorge wouldn’t hesitate to participate in this “bietan jarrai” (onward with […]

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