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VI: Acto gratuito y Frontera

Camus ha muertoEl ambicioso post del sábado pasado no era independiente del intento de dar los pasos necesarios para esbozar un nuevo relato que genere una nueva heurística. Por eso querría ahora volver a ese post y desarrollar alguna de sus ideas como la del acto gratuito y la de la frontera como habitat natural del hombre que ya apunta en nuestros jóvenes en formas novedosas. Decía allí:

¿Cómo entender algo en este mundo extraño que solicita mi escepticismo ante mi necesidad de absoluto y ante esta última me impone un relativismo implacable? Las ideas de soledad y de incomunicación o de ser arrojado a este mundo extraño en el que me siento extranjero, propias ambas del existencialismo camusiano o sartriano se me han quedado cortas ante la necesidad que tengo de agarrarme a algo que no fluya sin parar, el compromiso con lo que sea resulta falso y meramente voluntarista, las mil caras que me atribuye la psicología trufada de neurología no acallan mi terror a la desaparición.

Dicho con más sencillez: hoy se necesita saciar la sed de absoluto de una forma distinta a la que solicitaba la heurística de ayer. Nuestra ausencia de relato no solo se refiere a la economía o la globalización o a la cultura en la época de las TIC.

Se refiere también a la ausencia de aquello que nos hace vibrar por su absolutismo, su falta de relativismo. Hoy todo es relativo y realmente lo es a la luz del relato de la modernidad. Y ahora cuando este relato se tambalea nos preguntamos si no habrá por ahí un punto fijo al que agarrarse. De manera natural volvemos la mirada a lo más diferente a la Razón, al acto gratuito, ese acto que depende solo de nuestra voluntad y en nada de lo que se nos dice que hay que hacer. Al ser este acto gratuito casi un sinónimo de la rebelión podríamos pensar que solo necesitamos hacer de la rebelión un absoluto para saciar nuestra sed. Pero esto parece imposible. Eso es lo que decía al final del post del sábado:

Y de la rebelión ¿qué? Pues el acto gratuito, esa entelequia tan propia de nuestros Roquentin o Mersault, se nos ha quedado anticuado como si fuera una retirada desordenada de una batalla que sabemos imposible de ganar.

Nada tan gratuito como matar a un desconocido porque sí, sin razón. Seguramente la pulsión de matar puede concebirse como la explicación de un acto gratuito que, por otro lado, puede escenificarse de otras maneras poco o nada punibles. Pensemos en la caza. Podríamos verla como una forma civilizada de ejercer la pulsión, de llevar a cabo un acto gratuito. Pero nuestra vieja y obsoleta heurística nos lleva a defenderla bien como una reminiscencia ritual de ese acto gratuito, como en los toros, o bien como un apoyo a la ecología ya que la naturaleza no se autorregula.

¿Es posible ver en esta ausencia de relato una manera de vivir que sacie nuestra sed de absoluto y que no pueda ser integrada en la cultura dominante ni siquiera cuando esa cultura parece periclitarse? Vuelvo pues a la pregunta de hace años sobre el gesto más radical. Este es hoy no tanto morder la mano que te da de comer sino pensar una forma alternativa de vida, algo que los jóvenes nos están enseñando a hacer. Se puede vivir de otra manera y de una forma que dote de sentido a la vida de un ser humano.

Pero conseguirlo lleva su tiempo. Tienes que encontrar un cierto compromiso entre la lealtad a la heurística heredada y la traición a alguno de sus aspectos para ser alguien en la vida y no un mero ser que respira. Por lo tanto estás viviendo en la frontera, el habitat natural del que es al tiempo exiliado (al que se le augura venganza por parte de la comunidad traicionada) y huérfano (al que se le hace sufrir el dolor de la ruptura). Y, sobre todo, esa frontera es el único sitio que se me ocurre desde el cual un ser humano puede no estar avergonzado de estarlo. Por lo tanto estar en la frontera tiene algo de absoluto porque toda frontera es un límite.

Termino citando a Manuel Ruíz Torres quien nos dice, hablando de la filosofía del límite de Eugenio Trías, que:

El hombre se encuentra, según Trías, ante dos cercas: la cerca hermética, detrás de la cual se encuentra lo misterioso, y la cerca del parecer, la del mundo concreto. Entre estas dos líneas o cercas, existe un espacio, el límite, donde se encuentra el hombre, al que define como un ser fronterizo, entre lo físico y lo metafísico. La filosofía del límite que Eugenio Trías desarrolla es un pensamiento en el que se recoge con igual importancia la necesidad de la razón y el lenguaje verbal para acceder al mundo manifestado, y la necesidad del símbolo para llegar a contactar con lo misterioso.

«VI: Acto gratuito y Frontera» recibió 2 desde que se publicó el Lunes 18 de Junio de 2012 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  2. […] por otro lado, el único pensar adecuado para un hombre de la fronera, alguien que trata de establecer un cierto compromiso entre la lealtad y la traición, un ser […]

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