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L: Ideología y Economía

La diversidad ideológica es muy importante a efectos de mantener un pensamiento vivo y no esclerotizado… siempre que las opciones se puedan confrontar libremente y con igualdad de oportunidades de ser escuchadas. Si esto no es posible no podemos espera más que la «guerra» que, además de poder llegar a ser cruenta, es garantía de un pensamiento devaluado y manipulado.

economists-1En los últimos días he tenido ocasión de asistir a un par de debates en los que se ponía en juego, directa o indirectamente, el binomio Economía-Ideología sin distinguir muy bien si el éxito aparente de una forma de organizar el sistema económico podría condicionar el conjunto de valores de una sociedad o de parte de esta, o si, por el contrario, ese conjunto de valores adquirido de alguna manera, no estará condicionando la política económica y hasta la Teoría Económica. Ver aquí y aquí. Ahora que lo pienso me parece llamativo que en esta serie de posts que he denominado Hacia un nuevo Relato no haya aparecido hasta ahora esta posible influencia mutua entre ideología y «ciencia» bien sea en general o bien sea en el caso de la economía. Propongo que nos olvidemos de la postura que defendería que aun la ciencia más exacta es un constructo social y nos centremos en la economía cuyo status científico nunca ha estado demasiado claro.

Comencemos por el mal llamado mercado de trabajo y hagámoslo pensando en la devaluacion interna que está ocurriendo o se está orquestando por parte de las autoridades económicas europeas y ciertamente españolas. Los que se dedican a la “ciencia” económica como actividad principal comentan más o menos convencidos que no ven otra forma de asentar la economía (digamos que española) sobre bases firmes e independientes de suceos puntuales o de noticias superficiales que la reducción salarial que acabará ganado competitividad exterior (y tanto más cuanto los precios vayan también reduciéndose o mitigando su subida). Solo así reduciremos eventualmente el déficit público, la deuda privada y finalmente la pública. Cuando el proceso sea percibido fluirá el crédito y la economía crecerá recuperando empleo. Los que no hacen de la actividad investigadora su actividad principal contraatacan diciendo que la devaluación interna es asimétrica pues los precios no bajan como tampoco lo hacen los márgenes de beneficios y que todo el peso recae sobre los trabajadores que siguen pagando los mismos precios para comer pero ven rebajados sus salarios o las prestaciones por desempleo o eventualmente pensiones y que, en consecuencia, habría otra forma de hacer las reformas menos onerosa para la clase trabajadora y menos penalizadora de la igualdad de la renta. Los académicos murmuran por lo bajito que en Alemania ya se pusieron de acuerdo sindicatos y patrones para contener los salarios y para ganar en eficiencia productiva a fin de frenar tensiones al alza de los precios y hasta se mencionan los Pactos de la Moncloa. Los no académicos rezongan que ya les gustaría que eso fuera posible aquí pero que no hay forma pues las reformas laborales siempre están sesgadas a favor del capital eliminando obstáculos al despido y otros costes o «impuestos» a la racionalización de plantillas. El contrato único que eliminaría la temporalidad de la que se aprovechan los patronos y los sindicatos (que solo cuidan a los afiliados), sería un buen paliativo de las injusticias y del desempleo, gritan los académicos con el solo efecto de irritar a los no académicos que gritan igual de alto que son los patrones, como siempre, quienes ganan en esta batalla entre agentes sociales.

Es fácil imaginar que el tono sube rápido, que el guirigay está garantizado y que para tratar de rebajar los decibelios ya no sirven ni teoría ni datos pues tanto la una como los otros estarían a su vez sesgados por el poder mediante proceos que no se conocen muy bien. Y mientras tanto ni unos ni otros de los que discuten sufren sino que los más desgraciados son los que no pueden vivir dignamente y que, completamente ajenos a estas disquisiciones, contemplan asombrados el aumento de los índices de desigualdad.

En estas circunstancias no es de extrañar que la reforma fiscal salte a la palestra de la discusión. Romper la maraña incomprensible de fraude y utilización inteligente de las deducciones que solo benefician a los fiscalistas es objetivo común de los que aquí estoy llamando (a la ligera) académicos y no académicos. Pero a partir de ahí reaparecen las diferencias ideológicas tradicionales sin que se consiga llegar a un acuerdo entre la redistribución y la distorsión asignativa. Nadie se acuerda de lo que se ha llamado, en el mundo académico, la imposición óptima y académicos o no parecen ponerse de acuerdo en penalizar a esa clase inalcanzable, inimaginable y en cierto modo prescindible, de los supermillonarios sin que a nadie se le ocurra tratar de atraer su mecenazgo para tratar de paliar un poco el desmantelamiento del Estado del Bienestar.

Llegados a este punto a mí me parece que las diferencias ideológicas son genuinas y legítimas pero que no es fácil utilizarlas como explicación seria de los sesgos de la política económica deseable en un momento u otro ni como responsables de una u otra manera de ordenar las ideas. No veo necesario tratar de limar esas diferencias sino más bien afilar la política que es esa forma de interacción que permite tomar decisiones que a todos atañen de una manera civilizada tratando de aprender unos de otros. De hecho me parece que, si pensamos en la ideología como punto de partida para pensar seriamente, se nos hace inevitable concluir que la diversidad ideológica es muy importante a efectos de mantener un pensamiento vivo y no esclerotizado. Pero eso siempre que se puedan confrontar libremente y con igualdad de oportunidades de ser escuchadas. Si esto no es posible no podemos espera más que la «guerra» que, además de poder llegar a ser cruenta, es garantía de un pensamiento devaluado y manipulado.

«L: Ideología y Economía» recibió 3 desde que se publicó el martes 14 de mayo de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Enrique dice:

    Juan, no se podria decir mejor. Creo que existen caminos de conversacion en zonas alternativas, con dialogo y me permito, dejando al margen las ideologias establecidas por un tiempo. En mi opinión, hace falta creatividad, ausencia de prejuicios y practicismo, aprovechando el talento infinito de los jovenes y no tan jovenes, en un mundo de desbordante oportunidad (y retos) sobrevenido por la aceleracion tecnológica y la globalización

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