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XLIV: La independencia de los Bancos Centrales

Como parece que Europa necesitaría algunas medidas relanzadoras y no poca ingeniería institucional para salir de los efectos del desapalancamiento, ha llegado el momento de volver a pensar no solo sobre la independencia del BCE sino también sobre la posible centralización de la política fiscal.

abenomicsAprovechando la puesta en práctica en Japón de la llamada Abenomics– por el nombre del nuevo primer ministro que ha anunciado la lucha contra la deflación- vuelve a los foros de discusión la problemática de la independencia de los bancos centrales pues parecería que el BoJ no ha puesto ningún inconveniente a la política monetaria laxa que desea el gobierno para comprar bonos a largo retirándolos del mercado, bajando así los tipos y, finalmente, devaluando el valor de mercado del yen con los correspondientes efectos estimuladores de las exportaciones y de la demanda agregada.

Ya tenemos pues dos Bancos Centrales, la FED y el BoJ, que aparentemente se olvidan del objetivo antiinflacionario con el que nacieron y ponen en entredicho su independencia. Como el BoE parece que, bajo las órdenes de su nuevo gobernador canadiense, parece estar sopesando medidas monetarias nuevas supuestamente relanzadoras de la actividad, resulta que solo el BCE se mantiene más o menos firme en su objetivo antiinflacionario. Como al mismo tiempo parece que Europa necesitaría algunas medidas relanzadoras y no poca ingeniería institucional para salir de los efectos del desapalancamiento, ha llegado el momento de volver a pensar no solo sobre la independencia del BCE sino también sobre la posible centralización de la política fiscal. Y en general sobre la posible precariedad de algunas instituciones siguiendo este viejo trabajo al que reenvío a aquellos interesados en cuestiones técnicas.

En ese trabajo pretendía

elaborar algunas ideas relativas a la fragilidad de aquellas instituciones en las que interviene algún agente que, al estar relacionado con el Estado, no puede comprometerse irrevocablemente. Se arguye que esas instituciones son, en general, inestables a no ser que estén enraizadas en convenciones sociales que se expresen en un lenguaje inequívoco.

Cuando nos encontramos con el Estado se plantea un problema serio pues este agente es el único que no puede autoobligarse. Si bien esta característica no es muy limitadora en el ámbito micro ( como sería, por ejemplo, el diseño de mecanismos de revelación de preferencias que permitan la implementación del óptimo de Lindahl en una economía con bienes públicos) lo es y mucho en el funcionamiento de las instituciones macroeconómicas como, por ejemplo, un Banco Central independiente. Veámoslo.

El punto de partida es el sesgo inflacionario que se produce indefectiblemente en un juego entre el gobierno-que quiere inflar la economía para reducir los salarios reales- y un sindicato que querría aumentar estos últimos. Ante este sesgo y teniendo en cuenta que cualquier juramento gubernamental de que no jugará la estrategia inflacionaria no es creíble pues no constituye un equilibrio del juego, no quedaría otra que sustituir al gobierno por un banquero central furibundamente antinflcionista y dotarle de independencia frente a ese gobierno que ahora no podría hacer trampas pues no tiene autoridad sobre el Banco Central. El juego entre ese banquero central y el sindicato sí que ahora tiene un equilibrio en el que la inflación está ausente. El problema ha sido estudiado en otros escenarios con juegos repetidos, con distintas nociones de equilibrio, con diferentes supuestos sobre el conocimiento de la racionalidad ajena y con lenguajes más o menos ricos a la hora de expresar las estrategias. La moraleja es que hay condiciones relativas a esos nuevos esxcenarios bajo las cuales se alcanza el resultado óptimo que alcanzaría un banquero central no amenazado de remoción por parte del Estado o del gobierno como su agente. Nótese que, por lo tanto, la independencia del Banco central no es estrictamente necesaria.

Además, como esas condiciones tienen que ver con la complejidad del lenguaje que se permite y con la naturaleza epistémica de la racionalidad, resulta que se abre la puerta a plantear problemas relevantes para otras cosas especialmente en Europa, una zona con evidentes problemas de diseño institucional. Pensemos en la aparente necesidad de crear una unión fiscal o en el anuncio que se ha hecho en España de montar una agencia Fiscal Independiente. En otro artículo incluido en este libro mostré que por un lado la descentralización de la política fiscal estabilizadora podría ser buena para alcanzar la reputación suficiente deseada del Banco Central y que, por otro lado, el juego entre la Agencia Fiscal Independiente y el Banco Central puede ser de una naturaleza tal que el equilibrio sea el óptimo. Esto ocurrirá bajo condiciones, como el tiempo real, la repetición y un lenguaje complejo, que no tienen porqué ser aceptables para todos los miembros de una zona económica como Europa.

Como vemos, ideas ya antiguas todavía nos sirven para seguir construyendo un nuevo relato en el que las instituciones son cruciales, pero no siempre se diseñan de manera adecuada y consistente con lo culturalmente aceptable por todos los Estados de la Unión. Por ejemplo, algunas formas de alcanzar el óptimo pueden exigir que culturalmente sea aceptable el actuar como si no conociéramos la racionalidad ajena, algo que pudiera ser incompatible con la cultura alemana y perfectamente compatible con la cultura inglesa (es un decir)

Para concluir me permito ahora citar selectivamente las conclusiones del trabajo de Isegoría enlazado.

La aportación de este trabajo, si es que existe, puede resumirse muy fácilmente. Es posible que la introducción de estas instituciones macroeconómicas sea algo precario y hasta peligroso a no ser que estén sostenidas por convenciones sociales, en cuyo caso quizá no sostengan un óptimo y, desde luego, no tienen por qué ser comunes a todas las sociedades, ya que las convenciones sociales, en cuanto representan equilibrios relativos a una dinámica determinada y a unas condiciones iniciales dadas, pueden no corresponder a un óptimo que no tuviera en cuenta estas restricciones y difícilmente serán comunes a todas las sociedades…

…Esta opinión queda reforzada si además nos percatamos de que, en abstracto, un Banco Central, aun siendo independiente, quizá no pueda alcanzar la reputación necesaria, quizá la pierda de repente si llega a alcanzarla y quizá imponga a la economía unos costes muy grandes en su intento por alcanzarla. Sin embargo es posible que todo esto no ocurra si el Banco Central de un país concreto está enraizado en las costumbres de dicho país. En ese caso, y bajo ciertas condiciones, el Banco Central puede ganarse una reputación mediante unas actuaciones que correspondan a unos anuncios emitidos en un lenguaje propio.

A lo largo de la exposición ha sido posible examinar algunos temas de raigambre filosófica y enfocarlos con óptica de economista. Asimismo hemos sido capaces de perfilar una sugerencia que permite a un economista tratar de entender la comunicación entre dos éticas distintas, correspondientes a sociedades distintas, como un problema simultáneo de creación de lenguaje y de determinación de la acción en el contexto de un juego dinámico jugado por las poblaciones correspondientes.

Finalmente hay que referirse a un tema subyacente a todo el ensayo… Se trata de la tensión entre la universalidad exigida por la racionalidad y la potencialidad de un «toque de irracionalidad» que redunda, sin embargo, en diversidad. La racionalidad total, que presumiblemente nos llevaría a un óptimo, implica sin embargo la fragilidad de algunas instituciones, las que hemos llamado macroeconómicas. Para que éstas fueran menos precarias deberían estar entroncadas en las costumbres del país y desarrolladas a través de un proceso en el que la racionalidad es limitada. Pero en ese caso podría pensarse que cada sociedad, con condiciones iniciales dadas y con cultura diferenciada, tendría sus instituciones propias ninguna de las cuales tiene en principio ninguna presunción de optimalidad. El contraste entre dos pares, homogeneidad/optimalidad por un lado y diversidad/suboptimalídad por otro, puede ser muy rico en implicaciones.

Pero estas implicaciones deberán esperar a otra entrada sobre el elogio de la imperfección que se seguiría de ellas.

«XLIV: La independencia de los Bancos Centrales» recibió 1 desde que se publicó el Viernes 19 de Abril de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Rafa Rodriguez dice:

    Si le dejas la maquinola de generar “capacidad de compra” a los “extractores de renta”, la llevamos claro.

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