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IV: Europa

La opción por el confederalismo asimétrico al no tener un exterior, no puede explicarse mediante alguna versión de la trascendencia, sino como la evolución ciega, o quizá autorganizada, de la vida en común.

Baraja de cantones suizosLlevamos unos días en los que Europa está en el centro de la conversación global. Se dice que o bien se refuerza centralizándose o bien se deshace en sus partes constituyentes o en partes aun más pequeñas como resultado de la inercia descentralizadora que se observa, por ejemplo, en la renacionalización de la Banca.

Si «los mercados» son un barómetro, estaríamos aparentemente en nuestro derecho de pensar que hemos de caminar hacia una mayor centralización con una regulación y supervisión bancaria única y con nuevas instituciones fiscales de ámbito europeo, so pena de convertirnos en irrelevantes.

Sin embargo, me parece que si bien esa tendencia centralizadora actual, incluso suplementada con un mayor papel para la democracia directa, parece razonable, no se trata propiamente del límite al que el tiempo nos va a llevar arrastrado por otros vientos menos raros o por otros mares más de fondo. Este límite, del que se habla mucho en el Correo de las Indias, incluído este blog, es más bien el confederalismo asimétrico del que hablé en Nuevos Territorios.

Una de las cosas más interesantes de ese límite posible es que borra la idea de Estado en cuanto nos damos cuenta de que es global y no solo europeo. No se trata de un gobierno mundial que se organiza internamente como una confederación asimétrica. Se trata más bien de un conjunto abierto que no contiene sus puntos límite que parecerían localizarse en ese Estado mundial único. Este posible Estado sería demasiado grande para preservar lo que queramos preservar a no ser que se organice como un conjunto coordinado de comunidades identitarias.

La organización social del mundo comenzaría a parecerse a la autoorganización de la vida propuesta por la hipóteis Gaia de la que ya comenté algo hace unos días. Añado ahora que, al no tener un exterior, no puede explicarse mediante alguna versión de la trascendencia, sino como la evolución ciega, o quizá autorganizada, de la vida en común.

Ojalá comencemos a hablar en estos términos cuanto antes en lugar de dejarnos llevar por la inercia de un pensamiento lineal y sin gracia. El problema intelectual profundo es, como ya se dijo aquí y aquí hace tiempo, la forma en que el caparazón se convierte en esqueleto.

«IV: Europa» recibió 2 desde que se publicó el miércoles 6 de junio de 2012 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] mil maravillas! Mientras paseaba de cantón en cantón, apunté mentalmente volver a leer lo que Juan y David han estado escribiendo hace solo unos […]

  2. […] trata de volver de la idea ‘teleológica’ del estado a una más orgánica, buscando un cierre no trascendente basado en la auto-organización y la evolución ciega. En esta línea, está también la catolicidad política de la que hablamos hace un tiempo o el […]

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