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I: América vs. Europa

Mi intuición es que ideas que a menudo se desprecian por utópicas o meramente teóricas van a ser escuchadas en Europa en estos días de tribulación. Esas ideas tienen un enorme potencial epístémico.

«Vivimos en ausencia de relato». En algún lado he escrito esto, pero no recuerdo dónde. Tampoco tiene importancia. Lo que sí la tiene es estar convencidos de, como consecuencia de la crisis general, no hay más remedio que construir un relato nuevo y alternativo en multitud de campos y no solo en el económico en el que la ausencia de relato toma muy a menudo la forma de una logorrea que quizá no sea evidente por la existencia de una verborrea pasmosa. por esta razón creo que voy a intentar abrir otra especie de serial titulado «Hacia un nuevo relato» y cuyo primer capítulo esa el post de hoy. Allá voy.

La presunta ruptura o fisura del vínculo atlántico asociada a las distintas formas de lidiar con la crisis que comenzó a mediados del 2007, ha desvelado un descubrimiento notable. Resulta que América (así llamaré a los EEUU) no es lo mismo que esa amalgama heterogénea de pueblos, estados e idiomas que llamamos Europa. Nos pasamos la vida haciendo chistes de gabachos, cabezas cuadradas o cow-boys (ya saben esos chistes rancios de había una vez un francés y un español) y luego nos asustamos cuando caemos en la cuenta de que, de verdad, no somos iguales.

América no es igual que Europa y haríamos bien en pensar las diferencias. Restringiéndome al campo de la Economía, y en términos muy generales, lo obvio es distinguir entre dos tipos de capitalismo. El capitalista americano estaría sometido a mayores riesgos y desigualdades (mitigadas por la movilidad social) a cambio de una renta disponible media relativamente alta. Por contra el capitalista de la supuesta Europa (el que vive en el antaño llamado capitalismo renano) preferiría una menor renta disponible con menos desigualdad y riesgos menores (quizá por la falta de movilidad impuesta por la heterogeneidad lingüística).

En España hoy se pone mucho énfasis en esta distinción y el gobierno del PP y una buena parte de la sociedad, especialmente la asociada a la derecha empresarial, apuesta por el capitalismo americano.Sin embargo no es obligatorio tomar esa apuesta porque no es obvio que el capitalismo americano es mejor que el europeo en cualquier circunstancia. Por ejemplo, en épocas buenas el americano da menos miedo y cuanto mayor es uno más le gusta el europeo.

A pesar de la contingencia de la diferencia, la discusión entre ambas formas de organizar la producción y la distribución de la renta y de la riqueza está a punto de zanjarse, sin haberse agotado, por el anuncio acrítico de la victoria del americano a partir de la segunda mitad de los años 90. Yo creo, sin embargo, que hay que reabrir la discusión, o no cerrarla todavía, y propongo un debate, esencial en la sociedad del conocimiento, sobre el sistema económico como aparato epistémico que diría Hayek, es decir, sobre las diferentes formas de generar información.

Para ordenar esta discusión parafrasearé un artículo de Sah y Stiglitz de hace veinte años (The Architecture of Economic Systems: Hierarchies and Polyarchies, American Economic Review, 76, 4, 1986, pp 716-727) en el que se preguntan por las diferencias entre una jerarquía y una poliarquía a la hora de seleccionar lo que, a nuestros efectos, podríamos considerar piezas de información o, más simplemente, ideas. América sería una poliarquía en la que los filtros de ideas están instalados en paralelo de forma que una idea rechazada por un filtro puede ser aceptada por otro. Europa, por el contrario, estaría mejor representada por una jerarquía en la que los filtros son instalados en batería de suerte que cualquiera de ellos puede vetar una idea. Esta descripción está de acuerdo con los prejuicios generales sobre América y Europa y responde a mi experiencia personal en materia de educación en uno y otro continente.

¿Qué nos enseñan Sah y Stiglitz? Si los filtros son imperfectos (y lo son) la poliarquía americana admite más ideas (buenas y malas) que la jerarquía europea, cosa fácil de comprender a partir de la diferente instalación de los filtros. Lo que no es tan inmediato es que la poliarquía americana se decanta por evitar el error de tipo I (es decir por evitar el veto a las ideas buenas) mientras que la jerarquía europea se decanta por evitar el error del tipo II (es decir por evitar que se admitan ideas malas).

Como se ve la elitista Europa se preocuparía de evitar la basura intelectual y la populista América preferiría no correr el riesgo de matar una idea prometedora. Necesitaríamos saber qué es mejor en términos de la información útil que obtenemos finalmente, es decir, tenemos que utilizar como criterio el beneficio epistémico esperado. Hayek estaría orgulloso de este criterio, pero su aplicación genera casuística cuando tenemos que movernos en el ámbito del óptimo subsidiario ya que el first best no es alcanzable por falta de información o por límites en la capacidad de cálculo. A grandes rasgos podríamos decir que los autores citados son capaces de mostrar que en los buenos tiempos (cuando las ideas en el aire son de buena calidad) o la proporción de éstas es alta, América (es decir, la poliarquía) proporciona un mayor beneficio epistémico esperado. Sin embargo, en los malos tiempos (en los que existe una proporción alta de ideas tentativas de baja calidad) Europa funcionará mejor en término de beneficio epistémico esperado. Todo bastante intuitivo; pero para hacernos con una moraleja última útil para estos momentos de falta de relato todavía tendríamos que saber si los tiempos son buenos o malos.

Mi intuición me dice que para la biotecnología los tiempos son buenos, mientras que para la Economía o las telecomunicaciones los tiempos son malos. Yo sabría sacar las consecuencias si tuviera que decidir dónde aprender biología, economía o telecos. Pero ¿cómo están los tiempos para la politología a la que nos volvemos con frecuencia inusitada a la búsqueda de ideas para el nuevo relato? A mi juicio, y aunque estuviéramos dispuestos a prestar atención a las ideas de los neoconservadores republicanos en los EEUU, no hay hoy en día grandes ideas en ciernes y las que se manejan no son ni siquiera novedosas.

Si mi juicio es correcto deberíamos escuchar a la vieja Europa. Lo que aquí se está cociendo y de lo que somos espectadores de primera línea debe ser escuchado con atención suma. No nos arredremos ante locuras como el confederalismo asimétrico, la economía de la abundancia, la producción P2P o la necesidad de disipar rentas. Mi intuición es que ideas que, como esas, a menudo se desprecian por utópicas o meramente teóricas van a ser escuchadas en Europa en estos días de tribulación. Esas ideas tienen un enorme potencial epístémico.

«I: América vs. Europa» recibió 10 desde que se publicó el miércoles 30 de mayo de 2012 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Horacio dice:

    Lo de la ausencia de relato puede haber sido a raiz del articulo sobre Pseudomodernismo de Alan Kirby, que hemos comentado con David hace algunas semanas.

    http://www.philosophynow.org/issues/58/The_Death_of_Postmodernism_And_Beyond

    David se refirió a este asunto aqui:
    “Pseudomodernidad y ausencia de relato”

    http://david.lasindias.com/pseudomodernidad-y-ausencia-de-relato/

    Muy buen articulo, estaría bueno enlazarlo con el precedente de David para hilvanar el relato sobre la ausencia del relato 🙂

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] La posibilidad de elevar alternativas, siguiendo el modelo Laszlo, vendría en tres «puntos de crisis» en los que es clave la aparición de un nuevo relato. […]

  2. […] The possibility of raising alternatives, following the Laszlo model, comes at three “crisis points,” and the key to these is the appearance of a new narrative. […]

  3. […] The possibility of raising alternatives, following the Laszlo model, comes at three “crisis points,” and the key to these is the appearance of a new narrative. […]

  4. JP - Como… dice:

    […] Es que estas identidades son muy, muy potentes aún, chicos. Pero confío en la emergencia de un nuevo relato, mejor y, a ser posible, también fuerte. ¿Puede elaborarse el discurso de las comunidades […]

  5. […] from the original (in Spanish) by Steve Herrick of […]

  6. […] Boldrin, un serio escalador, que encaja perfectamente en el marco de la falta de heurísica y de la necesidad de un nuevo relato, cosas de las que me ocupado en los últimos meses. Las necesidades ideéticas más evidentes […]

  7. […] Es que estas identidades son muy, muy potentes aún, chicos. Pero confío en la emergencia de un nuevo relato, mejor y, a ser posible, también fuerte. ¿Puede elaborarse el discurso de las comunidades […]

  8. […] posts que algún día de estos verán la luz de una forma ordenada, me referí nada más comenzar a una idea de Economía de la información que me parece muy aplicable a las discusiones de estos días sobre la tercera hola de crecimiento […]

  9. […] y Eurobonos. Desde el principio parecía lo obvio por lo que Hacia un Nuevo Relato se inició aquí como una serie de más de ochenta posts tratando de focalizar la forma nueva de pensar y no […]

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