Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

Guardar las distancias

Yo no abrazo a los amigos, ni beso a las señoras, ni comparto mi casa con mucha gente, ni impongo mi presencia a nadie, ni mantengo orgulloso mi cabeza erguida ante el ciudadano Juan Carlos, como llamaba la Pilar Rahola al Rey. Todas esas faltas de calor, como ese aprovecharme del cumplimiento frí­o del protocolo, tienen un mismo signifiado: guardar las distancias.

Y es que sin distancias no hay diferencias y sin diferencias no hay convivencia sino una masa informe que ni se reconoce ni puede pensarse. Sin diferencias no hay lenguaje y la gramática no es que sobre, es que no nace. No hay forma de decir nada si no sabemos distinguir, al menos el sujeto del objeto del que ese sujeto quiere predicar algo.

El triángulo formado por padre, madre e hijo parece como la naturalización de esa necesidad de la diferencia y el tabú del incesto parece como condición necesaria para el mantenimiento de las distancias. Freud no descansó hasta que cerró el triángulo con el añadido del superego a la pareja id-ego. Y ¿qué sentido tiene el Espí­ritu Santo en la teologí­a cristiana si no es el de mantener las diferencias entre el Padre y el Hijo que sin ese Espí­ritu Santo acabarí­an por desaparecer en una sola entelequia de la que no se podrí­a hablar?

Si mi intuición no me engaña lo que mantiene las cosas unidas es precisamente las distancias diferenciadoras. Las cosas son, por lo tanto, como un sistema de planetas que necesitan estar a distancias precisa unos de otros para organizar la atracción y las masas de forma que el conjunto mantenga al todo. Así­ es creo yo la sociedad, se mantiene porque los individuos mantienen las distancias y las mantienen porque hay diferencias.

Creo recordar que en Fí­sica habí­a algo llamado el Principio de Exclusión de Pauli que se puede interpretae, más allá de su funcionalidad concreta en quí­mica, como algo necesario para poder garantizar que el cosmos no colapase en una masa diminuta de materia indeferenciada y densí­sima. Se necesitaba un Principio porque no habrí­a manera de demostrar, en base a la propia deriva de la teorí­a fí­sica, que ese colapso era imposible.

Mantengamos las distancias mediante el canto de nuestras diferencias y no caigamos en la tentación de abrazarnos tan amorosamente que acabemos axfisiados.

«Guardar las distancias» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 22 de Noviembre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Berlin Smith dice:

    Sin embargo, nada como abrazar a ese amigo que sólo ves tres veces al año. Esas amistades que no se pueden corromper por, precisamente, la ausencia de roce y su mantenimiento por carta (el e-mail es una carta), la llamada telefónica ocasional o la puya por la derrota futbolera.

    Creo que mis mejores amigos lo son porque no viven en la ciudad que vivo y estamos obligados a guardar las distancias.

  2. iñ dice:

    Esto tiene miga, Juan.

    Semánticamente, las diferencias pueden recibir un montón de denotaciones, y supongo que a muchos tu intuición les caerá mal, porque podría llegar a legitimar las desigualdades.

    Epistemológicamente, la cosa es un clásico: “partes extra partes”. Otra cosa es el paso que tú das; deducir de un principio epistemológico una ley moral (convivencia).

    Varias de las escenas que describes son profundas, a poco que uno se pare a pensarlas. Dar un abrazo, besar a las señoras… Se trata de oportunidades en las que los cuerpos se funden. He ahí la diferencia fundamental, que soporta todas las restantes. Reformulando lo que tú dices: “la sociedad se mantiene porque los individuos mantienen las distancias y las mantienen porque son cuerpos”. Cuánto nos tiene que enseñar sobre ésto el imaginario religioso, plagado de cuerpos y de disputas sobre cuerpos.

    Keith Sweat ya lo cantaba: “my body, your body…”

  3. iñ dice:

    Otra cosa interesante: ¿cómo analizarse uno mismo sin desdoblarse físicamente? ¿basta con el clásico del espejito?

    Un gran sitio que nos recuerda la importancia trascendental del cuerpo es monstrous.com (especialmente la sección de “freaks” y de “monsters”). Justo uno de los monstruos clásico es el basilisco, que se caracterizaba por tener una mirada aniquiladora (el analista que guarda las distancias). Pero ¿sobreviviría él a su propia mirada?

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] Para generar energía o para descascarillar neutrones, que no es lo mismo, tenemos que perder el respeto a las distancias y romper esa distancia que nos mantiene pardójicamente juntos. […]

  2. […] Estas navidades se ha roto ese silencio, aunque solo por un instante. En estas fechas siempre exploro la biblioteca de mi juventud y allí esta rebosante de ácaros una vieja copia de Ortega y los Toros de la colección austral. Me bastó una ojeada más que rápida para entender que Ortega había captado la geometría del toreo, las figuras dibujadas en la arena por el baile de hombre y bestia unidos para siempre. Unidos pero distanciados, sin embarullamientos, cada uno a lo suyo. Guardando las distancias […]

  3. […] Pero de esto ya he hablado en otra ocasión. […]

  4. […] Me defiendo pensando en las virtudes de la confederación o de las distancias que el R.U. siempre ha mantenido en todo y especialmente con sus socios en la Commonweath. Sí, compartimos una riqueza común; pero no nos confundamos. Esa Commonwealth es algo muy distinto del Acervo Comunitario o acquis communautaire. Este conjunto de papeles de burocráta no guarda las ditancias.  […]

  5. […] Tenemos también el ejemplo de Siemens. Si la solución a algunas de las debilidades de la private equity era el gobierno dual con énfasis en el Consejo de Vigilancia resulta que este útimo el que falla en Siemens. Cuando eso falla no que da más que el activismo accionarial. Esta movilización de los fondos y otros accionistas significativos es un ejemplo maravilloso de guardar las distancias. […]

  6. […] temo que seguiré aferrado a guardar las distancias que permiten el sostenimiento de mis yoes y de mis lealtades sin que todo colapse. No puedo estar […]

  7. […] curioso es que un periódico sirva para mantener las distancias. Y sobre esa especie de paradoja merece la pena reflexionar. Otro […]

  8. […] con distancia”. Durante unos segundos pensé que la DGT se había convertido al canto de nuestras diferencias; pero en seguida caí en la cuenta que mezclaba en mi retina dos anuncios que en realidad […]

  9. […] firmar los artículos derivada de la Chatham House Rule, costumbre y regla que revelan un gusto por guardar las distancias que comparto […]

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.