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Grisura escurialense

¿Cómo sonreir? Pues caminando con la mochila empedrada en la espalda y adelantando la alegría de quizá comer con un hijo y animarle a disfrutar de la vida, de su vida, de la alegría de vivir

Quelle-joie-de-vivre-afficheHace bastantes días que nos perseguía lo azul y yo no podía eviter las gafas de sol. Han sido tres semanas llenas de luz. la luz continúa en Madrid después de Foixà, París y Bilbao, pero el alma se entristece ante los tiempos muertos de la vida diaria de un señor mayor necesitado de una mochila llena de piedras de granito para mantenerse erguido y hacerse la ilusión que cada mañana va a trabajar, pactando con la gota, junto a los muchos jóvenes con quienes se cruza y no parecen muy preocupados o tristes, al menos comparados con sus colegas parisinos.

Ya no necesito gafas de sol, sino más bien un casco de minero para ser capaz de leer en lo hondo de una cueva ciega. Leer los signos cada vez más amenazadores de un mundo que se derrumba. En la clase media las familias se desintegran a través de la emigración de los menores de cuarenta años que no ven gracia alguna en el horizonte y que, sin embargo, sí que la ven saltando sobre cualquier mar por ancho que sea. Como los emigrantes de antaño volverán por nostalgia para recuperar las señas de identidad de un nombre que poco a poco dejará de brillar. Los mayores de cuarenta y hasta los de cincuenta son los únicos que todavía sonríen pues los sesentones se resignan al aburrimiento consecuencia de las modificaciones en el entretenimiento, con los cines de autor en vías de clausura, con los clubs de golf públicos en manos de los que se cuelan en las listas de espera, con la poquedad de las nuevas aventuras culturales de todo tipo que, a pesar de la valentía, no consiguen levantarnos el ánimo y, desde luego con una prensa que se ha empequeñecido como resultado de la necesaria adaptación del empleo.

Y no hablo de la enfermedad y los arreglos físicos, sin duda precarios, o de la muerte de los contemporáneos. ¿Cómo sonreir? Pues caminando con la mochila empedrada en la espalda y adelantando la alegría de quizá comer con un hijo y animarle a disfrutar de la vida, de su vida, de la alegría de vivir.

«Grisura escurialense» recibió 1 desde que se publicó el jueves 18 de abril de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. ¿Y ahora? dice:

    […] Y más, muchas más cosas. Las cosas que pasan a importar poco cuando uno de la manada está en peligro, pero que hacen el camino de una vida no solo intensa, sino sobre todo interesante. Gracias a todos los que habéis estado con nosotros hasta ahora. Solo queda un empujón más. Pronto, ya casi, antes de un parpadeo, romperán en flor los brezos y las jaras y las tabaibas contagiadas por la voz de nuestra Malka y con ellas el mundo volverá a oler a mar y el futuro será de nuevo una casa abierta y llena de alegría. […]

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