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LXXVII: Garicano en la Fundación del Pino

Indagar qué se esconde bajo esa denominación tan socorrida de «institución», se me antoja interesante y urgente especialmente para aquellos que coincidimos con Garicano en la importancia de la reforma institucional que puede incluir casi todo lo que se nos ocurra desde la educación, desde luego, hasta la Justicia pasando por otros poderes del Estado que tampoco andan muy finos, y no eludiendo la cuestión de la organización descentralizada del poder.

Bruno Mallart, collageEl lunes pasado Luis Garicano Gabilondo presentó su libro El dilema de España en la Fundación Rafael del Pino en una especie de coloquio con Javier Díaz Jiménez quien elegantemente supo mantenerse en segundo plano y dar pie al autor para que presentara las principales ideas del libro ante una audiencia de edad demasiado alta, a la que yo contribuía, me temo, de manera significativa.

Ni que decir tiene que compré el libro porque me interesa mucho poder enterarme de cómo Garicano pone juntas muchas de esas sus ideas que llevan tiempo enriqueciéndonos desde distintos medios, que van desde Journals prestigiosos (que conforman un C.V. envidiable) a distintos medios de difusión. No creo que defraudara a la audiencia pues tiene una rara capacidad de síntesis y una enorme claridad expositiva.

Si el dilema que enfrenta España es el de elegir su identidad económica entre la que define a Venezuela y la que lo hace con Dinamarca, la respuesta que se nos ofrece es que para que seamos como este último país hay que repensar dos pilares fundamentales: la educación y las instituciones. A mi juicio esto es como decir que todo depende de las instituciones pues el sistema educativo es una institución más. Y esa afirmación me parece acertada pues desde hace muchos años sabemos que las instituciones son la clave que explica no solo el subdesarrollo sino también muchos aspectos que identifican a distintos países desarrollados.

Es hora de que alguien con autoridad reivindique el análisis de esas cosas llamadas instituciones y se haga eco de las principales ideas de la Economía Institucional, de enorme tradición precisamente en una de las universidades en las que trabaja, según el C.V., simultáneamente con la LSE, Luis Garicano, la de Chicago.

Con orígenes en el siglo XIX (con Veblen entre otros) y una vida tan brillante como recoleta pues no se clasifica así oficialmente a investigadores geniales como North, Coase, o el mismo colega de Luis en la ciudad del viento, Gary Becker. Por eso eché en falta que solo apareciera el nombre de Douglas North por muy importante y cercano que me parezca, que me lo parece.

Solo he ojeado el libro y no lo puedo asegurar pero creo que la idea de institución se toma como dada sin tratar de entender que se esconde bajo esa denominación tan socorrida. Una indagación en esa dirección se me antoja interesante y urgente especialmente para aquellos que coincidimos con Garicano en que el quid para «ser más productivos para vivir mejor», subtítulo del libro, es justamente la reforma institucional que puede incluir casi todo lo que se nos ocurra desde la educación, desde luego, hasta la Justicia pasando por otros poderes del Estado que tampoco andan muy finos, y no eludiendo la cuestión de la organización descentralizada del poder.

No es fácil sin embargo enredarse en los fundamentos del análisis institucional. Muchos economistas piensan que a ellos no les toca esa tarea, más propia de sociólogos pero me atrevo a decir que alguna de las herramientas usadas por los economistas serían muy útiles. Pensemos en los juegos evolutivos, que aplicados en general y de manera abstracta nos harían ver cómo las instituciones son constructos sociales de una comunidad formada por agentes que se relacionan libremente y alcanzan equilibrios más o menos duraderos que solo a veces son a prueba de entrada de mutantes. Me parece interesante reconocer que, en este sentido, puede no ser fácil modificar las instituciones en la dirección que deseamos y que la apertura puede presionar sobre el funcionamiento de aquellas que nos gustaría preservar.

Esta reflexión sirve, creo, para tratar de complicar un poco más algunas cuestiones. Nada se comentó en la presentación sobre la distribución de la riqueza y la renta ni sobre la posibilidad de que la evolución de esas distribuciones acabe con la llamada clase media. Esta no es una mera descripción estadística, sino una institución que sospechamos juega un papel crucial, no solo en asuntos de estallidos sociales o su prevención, sino también como algo que puede influir en otras variables, como la innovación, que pueden ser vitales para la productividad.

Y tampoco se mencionó críticamente el significado de los rankings del funcionamiento de diferentes instituciones, o de las mismas sobre países distintos, aun cuando no se pueda ignorar los efectos del conocimiento común de esos rankings en el propio funcionamiento de la institución o instituciones de que se trate, tal como yo argüiría que ocurre en el caso de los rankings de investigadores, que condicionan el desarrollo del conocimiento.

En este último sentido y hablando de una institución importante para la productividad como es el sistema investigador cabría preguntarse si esa relación se debe principalmente a la capacidad individual de cada investigador reflejada en el indice H o W de su C.V., o se debe también, o sobre todo, al ambiente intelectual creado en un centro determinado. Esta es una pregunta que ya ha saltado a la prensa en el caso de Izpisúa quien ha conseguido, trabajando simultáneamente en La Jolla y Barcelona, acumular un C.V.admirable, pero no ha sido capaz de elevar el centro en el que trabajaba en Barcelona al nivel que se esperaba.

Y no puedo cerrar este post sin mencionar, aunque con la boca pequeña pues yo estaba ya saliendo de la sala y no pude escuchar pausadamente la respuesta de Garicano, una última pregunta que parecía inquirir por la posibilidad de que alguien como él bajara al ruedo y se metiera en faena. Creo haber entendido en su respuesta que la división del trabajo es buena y que lo suyo era el trabajo intelectual así como algo relacionado con Ortega al que, añado yo, le preocupaba España pero no se sentía llamado a entrar en política directamente. Creo que, si eso es lo que dijo, tiene razón. Pero entonces no se entiende bien una de las soluciones que apuntó para mejorar el funcionamiento de algunas instituciones y que consistía en introducir en su gestión a gente con buenos curricula. ¿En qué quedamos?

«LXXVII: Garicano en la Fundación del Pino» recibió 2 desde que se publicó el jueves 23 de enero de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. On the road dice:

    […] En Burgos hace un día glorioso, fresco y luminoso. Solo veinte minutos de parada. Me zampo mi primer sándwich y con toda la boca llena tengo que responder a un hombre joven que me interroga sobre mi origen y mi destino antes de ilustrarme sobre su habilidad para herrar caballos heredada para de su hermano con el que no se trata ya porque ese hermano envidia su capacidad para entender cuando un caballo está sufriendo por falta de esos zapatos que le protegen. Miro al anciano sentado a mi lado en un banquito de la estación de autobuses de Burgos y le oigo decir sonriente: “estos no son peligrosos”. Me pregunto porqué ese caballero pudo sospechar que yo me podría haber sentido amenazado, pero no me da tiempo a contestarme pues ya estamos de vuelta en el bus ahora sin mi compañero de asiento y, por lo tanto, con mucha más comodidad para estirarme un poco y comenzar mi lectura, desde el principio, del libro de Garicano del que di cuenta en el último post. […]

  2. […] creo que claramente esta es una tarea en la que buscamos institucionalizar nuestro trabajo. Pues qué es una institución sino un conjunto de hábitos, rituales, historias, normas, procedures, etc que se usan para que no […]

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