Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

Fundación Transición Política Española

Quiero explicar porqué formo parte de esa fundación. Porque transición significa que nada es de una vez por todas, que el pensamiento, incluí­do el polí­tico, no descansa.

La transición, tan alabada por algunos estos dí­as, ha muerto o está muy malita. Bastantes de sus productos concretos están obsoletos. Lo que no ha muerto es precisamente su espí­ritu.

¿Es ese espí­rutu el de la concordia? Sin duda, pero fue claro que ésta no se logró del todo porque nada se logra del todo y siempre hay algún asunto que se enquista. Pero estoy seguro que esta incompletitud estaba prevista por los que realmente la hicieron, que quizá no fueran todos los que se la han atribuí­do y la privatizan pretendiendo, mira por dónde, que hicieron algo de una vez por todas. Ya veremos quienes fueron realmente los que la lograron imponer cuando se vaya haciendo el archivo de esa transición, tarea ésta a la que estoy dispuesto a contribuir.

El verdadero espí­ritu de ese momento no es por lo tanto la concordia con ser muy importante. O, en cualquier caso, no es solo la concordia la que conforma ese espí­ritu. El mensaje al que yo me adhiero es que la transición es un tránsito y que todo tránsito es transitorio. Ya lo dice Aute: “el pensamiento no puede tomar asiento. El pensamiento está siempre de paso”, y la transición es pensamiento.

Y es normal que así­ sea. Pensemos en el modelo económico. La economí­a social de mercado quizá fue todo lo que se pudo sacar en aquella época, pero no hay manera de disimular que es un bodrio que corresponde a una teorí­a económica sin sentido y desacreditada ya en aquella época, sobre el que ya me pronuncié en La Mirada del Economista enumerando y analizando sus “ocurrencias”.

Por eso pienso que quienes queremos preservar el espí­ritu de lo transitorio presente en la Transición Polí­tica Española debemos ponernos al frente de una Ley de la Memoria Histórica. Porque en aquella época en la que lo prioritario era el olvido, no se podí­a pretender recordar todo, cosa imposible en cualquier caso. Pero pasados todos estos años es normal y saludable que confrontemos el pasado por las mismas razones que se aducen cuando se quiere convencer a los nacionalistas vascos de que siempre han estado entroncados con Castilla. Si la historia tiene importancia es necesario hacerla con cuidado y para ello nada como recordarla pública y provisionalmente. Precisamente para poder enfriar la quemazón de lo nunca desvelado. Es esa una tarea permanente porque siempre queda algo por desvelar.

Cuando hace unos dí­as veí­a con asombro en la televisión la paciencia irritada con la que los familias de los merineros del Nueva Pepita, matriculado en Barbate, esperaban el rescate de los cadáveres de sus familiares, pensaba en la importancia, quizá atávica, que tiene para nosostros los cuerpos de nuestros seres queridos fallecidos, aunque luego los incineremos.

Pero si eto es así­, hemos de comprender que los que sufrieron las barbaridades de una guerra civil quieran recuperar los cuerpos de quienes amaron y fueron vejados. Los maltratados por la facción perdedora también quieren esos cuerpos y deberí­an tenerlos, pero concedamos que, al menos, estos han tenido un monumento en cada pueblo durante más de medio siglo.

Para curarse hay que hacer el luto, no censurar la memoria. Y no hay luto sin cuerpo como acabamos de ver en Barbate. La Fundación de la Transición tiene un enorme papel que jugar en este asunto así­ como en otros anejos.

«Fundación Transición Política Española» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 12 de Octubre de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] Juan Urrutia nos cuenta hoy por qué apoya a la Fundación Transición Española y a la Ley de Memoria Histórica. […]

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.