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Food for thought

DT me provee con generosidad de libros y artí­culos que no tengo más remedio que leer y dar fe de su lectura para que este jóven amigo mí­o continúe con su generosa aportación al mantenimiento de mis neuronas.

Hace unas semanas me recomendó el libro del 2002 de John Doris Lack of Character sobre el que ya hablaré en otro momento.

Y solo hace dos dí­as me envió una recensión de Louis Menand ( sí­, el de The Metaphysics Club. A Story of Ideas in America ) sobre el reciente libro de P.E.Tetlock ( Expert political judgment: How good is it? How can we know?, Priceton University Press, 2006).

Esta recension me ha interesado lo suficiente como para pedir el libro; pero no puedo esperar a recibirlo y leerlo para llevar a cabo ciertos comentarios de urgencia. Parece ser que nos cuenta detalladamente lo que ya sabí­amos en parte, que los experimentos realizados con todo cuidado sobre capacidad de predicción de acontecimentos de naturaleza polí­tica, muestran que los expertos en la materia no predicen mejor, y a menudo lo hacen peor, que los legos en la materia.

La razón es, más o menos, que hay unos evidentes sesgos psicológicos que llevan a todo el mundo, sea experto o no , a no valorar correctamente la evidencia empí­rica contraria a sus creencias a priori y que ese sesgo es tanto mayor cuanto más experto se sea. Para un economista esto ya no es novedad pues disponemos, por citar solo lo que yo ya he citado sin ser un entendido serio en esta materia, del tabajo de Rabin sobre Psiconomics en el Journal of Economic Literature y con el de este mismo autor junto con Schrag (no me acuerdo donde) en el que aplican los sesgos cognitivos detectados en el primero al problema general de Agente/Principal.

Sobre esto ya he hablado en La Mirada del economista (Biblioteca Nueva, 2005, en donde encontrarán todas las referncias pertinentes). Allí­ recordaba algún ejemplo y subrayaba alguna consecuencia iluminadora. El ejemplo más impactante para mí­ era el de la imagen que se presenta primero muy difuminada y poco apoco, a medida que se van incorporando nuevos sujetos experimentales a su contemplación , se va perfilando más ní­tidamente con el resultado de que los últimos sujetos en incorporarse son los primros en identificar correctamente la imagen a pesar de que no han estado expuestos a su visión tanto tiempo como los otros. La clave está en no tener a prioris en ela cabeza que empañan la visión distanciada de las cosas. Cuando el Agente, en una relación Agente/Principal, sufre de este sesgo y el Principal lo sabe, nos encontramos con un contrato óptimo de segundo rango en el que ocurre cosas interesantes. Entre éstas tenemos, dada la polarización consiguiente y facilmente entendible, que si un principal desea acumular un cierto tamaño de evidencia debe dirigirse a no expertos y utilizar algo como la mayorí­a de las opiniones de estos legos.

A esta especie de repudio de la autoridad me referí­a yo el otro dí­a en el Artí­culo de EXPANSION ( Bla, Bla, Bla … de 5 de junio) aunque en ese caso no era una cuestión psicológica la que causaba el repudio de la autoridad sino la posible utilización torticera de la información por parte de los expertos pretendiendo hacernos creer que estaban tratando de coordinarse con los demás para colaborar en un objetivo común.

Ambas formas de mala utilización de la pretendida autoridad pueden darse simultáneamente. Y yo dirí­a que esto es lo que está pasando hoy en nuestro país. No solo sufrimos una polarización propia de el sesgo cognitivo que exigirí­a el arbitraje de alguien externo y sin a prioris, sino que en el intercambio de mensajes hemos llegado a una Babel insoportable.

¿Puedo añadir algo de mi cosecha? Veamos.

Primero, habrí­a que contrastar el contenido preciso del libro de Tetlock con el de ese otro libro que llamó la atención en su dí­a, The Wisdom of Crowds, ( James Surowiecki, Doubleday,2004)en el que se adelantaba la idea de que los legos simpre que fueran muchos, y yo dirí­a que independientes y no sujetos a efectos de gregarismo, aciertan más a menudo que los expertos.

Segundo, no nos confundamos. Si los expertos no son tramposos y realmente han estudiado la materia de que se trata con cuidado no son inútiles. Por ejemplo una crowd o multitud o masa será tanto más sabia cuanto más y mejor formados estén sus componentes individuales. Para empezar éstos serán tanto mas independientes potenciando así­ la sabidurí­a de esa masa.

Tercero, tampoco pensemos que estas historias interesantes reducen a papel mojado todos los esfuerzos estadí­sticos y econométricos que los economista llevan haciendo desde hace má de cincuenta ños. Por ejemplo el Boletin de Inflación y Análisis Macroeconómico (BIAM) producido en el Instituto Flores de Lemus de la Universiad Carlos III de Madrid, ofrece predicciones que surgen de un modelo econométrico en el que no interviene la opinión de ningún experto y que se autocorrige de acuerdo con los fallos de predicción que ocurren. Aquí­ no hay sitio para el sesgo cognitivo y tampoco para el bla bla, bla.

Es cierto que uno podrí­a contrargumentar que quizá hay espacio para la autoridad peligrosa en la programación de la autocorrección. Quizá, pero en ese caso no estamos cayendo en una de las crí­ticas de Menand en su recensión, no caemos en el fallo de no llevar la cuenta de los errores de los expertos.

Aquí­ acabo. No sé lo que les parecerán las ideas de Tetlock o los comentarios que he efectuado; pero no creo que puedan negarme de que ese libro que me recomienda DT es un buen alimento intelectual.

«Food for thought» recibió 2 desde que se publicó el Domingo 17 de Junio de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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