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Fogonazos. XXXIV: Castaña

Estoy preparado, lo justo como para que parezca todo bastante espontáneo, pero por si acaso llevo, como casi siempre, una castaña en el bolsillo de la chaqueta.

Ria de BilbaoEstoy preparado, lo justo como para que parezca todo bastante espontáneo, pero por si acaso llevo, como casi siempre, una castaña en el bolsillo de la chaqueta. No es una castaña cualquiera. Es una que me cayó en la cabeza desde un árbol de mi calle. Me dio en toda la calva y me dolió bastante, pero la recogí y la guardé pues pensé que me traería suerte. Ya me ha sacado de varios marrones de esos en los que me meto sin pensar y hago el ridículo. Cuando eso ocurre rozo la castaña con los dedos y, si eso no basta, la saco del bolsillo y la miro mientras me digo: «¡menuda castaña!». Instantáneamente me tranquilizo y me río de mí mismo, de alguien que a esta su edad todavía cree que puede hacer algo fuera de lo corriente. Y, si el fracaso es espectacular, lo exorcizo musitando el nombre de aquel ministro de Franco, Castañón de Mena, y rompo a reir con alegre despreocupación.

Como el toque de la castaña nunca me ha fallado espero que hoy me ayude, una vez más, a, en este caso, entretener a los invitados a bordo del descendiente del Chimbito mientras navegamos por la ría hacia el Abra y yo recito algunas entradas del librito Faroladas, ya pronto en la Biblioteca de Las Indias. «Todavía tengo tiempo» pienso justo en ese punto de la Plaza de San José desde el que se ven simultáneamente la mitad de Puppy delante del Guggenheim y la casa donde me crié en Colón 45. Me quedo parado sin saber hacia donde ir pues veo que una grúa se eleva exactamente hasta el balcón del comedor del quinto izquierda y algo se desliza por el brazo de esa grúa. Algo con forma de ataúd. No sé si me están echando de mi casa de Bilbao o si estoy volviendo finalmente a casa después de tantas vueltas. Acaricio la castaña y continúo mi camino tratando de hacer sonar en mi cabeza el himno del Athletic a cuyo arco de San Mamés, que vi construir, ya no se pueden entonar canciones de orgullo pues desde ayer ya no está. Quizá baste y a la postre no necesite la castaña. Tomo unas notas breves en La Goulue y sigo mi camino. Ya contaré con más detalle todo lo que vino a continuación.

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