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Fogonazos. XXVIII: Los girasoles enhiestos

El sol, sigue ahí tan contento creyendo que todos nos inclinamos ante él, pero nosotros ya sabemos ahora que ese sol ya no es el amo de verdad, sino solamente el que ilumina a quienes nos permiten entre todos ellos mantenernos erguidos.

HeliosSiempre es luna llena en el Baix Empordà. Debe de ser que siempre venimos a Foixà por vacaciones y estas vacaciones nuestras tienen un origen religioso y, por lo tanto, relacionado con antiguas ceremonias que se corresponden con constantes astronómicas. Esta sería una explicación racional de algo raro, pero no todos los fenómenos que aquí observo tienen una explicación tan racional y tan convincente. Hoy mismo, además de extasiarme una vez más con la visión de las islas Medas, me he topado con la magia del lugar quizá también relacionada indirectamente con lo astronómico ya que antes unas vacaciones tan tempranas explicarían una historia extraordinaria que me ha ocurrido hoy, día de sábado de pasión.

Si bien dentro de unos pocos días, cuando y ya me haya ido, se harán adultos, florecerán, millones de girasoles programados para desnucarse, hoy, uno de los primeros días de primavera, todos los girasoles de esta generación todavía joven, están tiesos como lanzas y no rinden pleitesía al sol. Como paseo todos los días para, yo también, librarme de inclinar la cabeza ante cualquiera aunque ese cualquiera sea el médico que me lo recomienda, no es raro que hoy, de buena mañana y con el sol despuntando por el este, me haya encontrado sin planearlo con una superficie de girasoles adolescentes brotando enhiestos de una tierra húmeda y en medio de una hierba de un verde jugoso al borde mismo de la carretera tan secundaria que ni siquiera tiene número. Sin detenerme he pensado en alta voz: «estos girasoles que traicionan su nombre han de ser míos».

Termino el paseo y voy directamente a google maps, localizo la parcela y noto que es más grande de lo que yo pensaba. Tomo los datos topográficos y me voy al Ayuntamiento para ver a quien pertenece. Está cerrado por incomprensibles razones locales, pero dejan un número de teléfono para urgencias. Como mi idea es realmente urgente llamo inmediatamente. Quien me contesta resulta ser, descubro después de un breve preámbulo, además de edil del pueblo, el propietario del terreno y que sí, que lo vendería siempre que lleguemos a un acuerdo sobre el precio, sobre el diezmo sobre el aceite producido cada año a partir de la pepitas y sobre las ganancias posibles de un trato con el ladrón de cobre que lo devuelve a cambio de una propina generosa. Esta última condición aparece cuando le cuento el experimento que quiero realizar.

Quedamos para mañana pues ya no importa la fiesta local y, por lo tanto, me da tiempo a ponerme en contacto con un miembro de mi extensa familia que se dedica a las placas solares. Ya he calculado la superficie que necesito para mi experimento y le pregunto el coste de los distintos modelos preocupado por el mantenimiento y, naturalmente por los robos. Pero no le cuento mi idea. Lo que quiero es realmente algo loco. Quiero, en primer lugar, estudiar la forma del terreno para colocar las placas solares, no allí donde más sol vayan a captar a lo largo del día, sino allí donde su reflejos engañen a los jóvenes girasoles y crean éstos estar siempre mirando al sol cuando en realidad estarán continuamente en la misma postura, con las cervicales en posición de firmes, mirando no al sol que describe un arco, sino al reflejo de su luz sobre uno u otro panel, todos ellos a la misma altura. Así construiré el primer campo de girasoles erectos jamás contemplado. Y el precio de semejante proeza me parece asequible aun contando los diezmos y los sobornos.

Mañana comenzaré los tratos necesarios después de firmar todos los papeles, pero ahora puedo disfrutar de mis ensoñaciones. Llegarán de todas las partes del mundo para ver mi campo de girasoles y se asombrarán de un efecto surrealista más del Empordá a añadir a los de Dalí y Gala en Pubol. Yo mismo oficiaré de introductor de la magia del campo y así podré ir perfilando mi idea, la que desde el principio me cautivó en el paseo matinal. Proclamaré que el campo nos dice a gritos que ya no hay necesidad de claudicar, de dar la razón a quien manda, de arrodillarse humildemente; que ya todos podemos, como estos girasoles de mi plantación, mirar siempre al amo sin inclinar la cabeza. Solo yo sabré que el amo, el sol, sigue ahí tan contento creyendo que todos nos inclinamos ante él, pero nosotros ya sabemos ahora que ese sol ya no es el amo de verdad, sino solamente el que ilumina a quienes nos permiten entre todos ellos mantenernos erguidos.

«Fogonazos. XXVIII: Los girasoles enhiestos» recibió 1 desde que se publicó el martes 26 de marzo de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. “[…]que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda lluvia sobre justos e injustos”

    “Things are tough all over, cupcake, an’ it rains on the just an’ the unjust alike…except in California.”

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