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Fogonazos XIII: Procastinación y serendipidad

Solo hoy, empiezo a ver que igual debería caer en la procastinación y dejar para mañana el ejercicio de mi presunto genio en la esperanza de que ese abandono que mi educación me prohíba esa condición quien sabe si suficiente para que la serendipidad me ilumine y me sea entregada gratis la idea feliz que se me niega por mi terquedad (…)

Educado por los jesuitas tengo a la procastinación como el peor de los vicios. Hasta el punto de que el epitafio de mi tumba será un «ya está» rotundo que refleja la aversión a dejar alguna tarea sin hacer o, más en general, a deber algo a alguien. Y sin embargo…

No ser completamente dueño de tu destino y esperar a ver si las cosas se arreglan solas proporciona sorpresas a menudo extraordinarias pues lo que se llama procastinación te conduce hasta bifurcaciones intelectuales o vitales insospechadas que te permiten descubrir ideas insólitas y no buscadas o facetas desconocidas de tu personalidad como producto de la serendipidad o serendipia.

Esta mañana me ha proporcionado un ejemplo claro. Las veo desde mi ventana ir rompiendo su cáscara verde desde dentro para en un par de días caerse y quizá dañar a un transeúnte. Ya me pasó una vez a mí y realmente duele si te dan en la cabeza. Pienso sin querer que, como castaña que soy y tan irrelevante como cualquiera de ellas, me gustaría acabar así, desnucando a alguien por mi propio peso, inocentemente sin duda pero llamando, dejando mi nombre grabado para la posteridad. Ser el ejecutor incidental de un transeúnte anónimo es como ser un Autor, conseguir la inmortalidad en la memoria de los otros. Pero llegados a este punto renace el jesuita que hay en mí y me pregunto si no estoy pecando llevado por mi romanticismo y si no debiera ser más estoico y asumir mi irrelevancia, parecida a la de esa castaña que es lo primero que veo de buena mañana al abrir la persiana.

Pero para eso necesito romper las cadenas de la autoría, esas cadenas que no me permiten ser estoico, saberme de sobra, y me retienen atado a este banco desde el que cada día persigo el párrafo perfecto, como antes perseguí el teorema más bello o la idea más rompedora. Solo hoy, empiezo a ver que igual debería caer en la procastinación y dejar para mañana el ejercicio de mi presunto genio en la esperanza de que ese abandono que mi educación me prohíba esa condición quien sabe si suficiente para que la serendipidad me ilumine y me sea entregada gratis la idea feliz que se me niega por mi terquedad en el pensar en frente al dejarme llevar por el pensamiento oblicuo.

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  1. […] só tal vez, nunha nova historia ou idea que non agardamos. Neste sentido, Juan Urrutia escribiu unha entrada na que explica esta idea de xeito algo máis literario. Share this:TwitterFacebookMe gusta:Me […]

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