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Fogonazos XII: Espionaje en la red

El espionaje cibernético hace imposible lo que era un sueño de difícil realización. Y sin embargo… hay salida a este infierno si somos capaces de utilizar las mismas herramientas del espionaje en la búsqueda infatigable de todas mis personalidades sin empeñarse en amalgamarlas en una sola.

ghost writerDesde hace días (y hoy extensamente en El País) los periódicos nos informan sobre el espionaje, especialmente digital, por parte de agentes especializados que venden sus resultados a personas o empresas interesadas en conocer datos no públicos por las razones que sean. Los espiados se sienten violados y esgrimen la invasión de su privacidad como denuncia de una situación intolerable. A mí me parece que lo más grave no es la violación de la intimidad sino la imposibilidad de desaparecer cuando desaparecer es, hoy en día, la única forma posible de evitar ser etiquetado o encasillado, es decir mutilado en lo más hondo.

Ignoro si se han escrito ensayos, se han perfilado ideas filosóficas o se ha escrito ficción sobre la experiencia de la desaparición aunque supongo que habrá sido un tema muy manejado pues, en efecto, desaparecer es, entre otras cosas, rechazar toda responsabilidad al precio de renunciar a cualquier reconocimiento. Es negarse a jugar el juego que se nos propone y, sobre todo, es rechazar la idea de la posesión de un yo trascendente como ovillo de extraños hilos definitorios de lo indefinible. Desaparecer es el equivalente a ser enterrado a la antigua, con el sonido de la tierra sobre el ataúd dominando el silencio de lo indecible. Sería incomprensible que nadie en el Olimpo del pensamiento no haya cantado un lamento, cruzado de himno, a la desaparición.

¿Quién, en efecto, no ha querido desaparecer o desembarazarse del insoportable peso de la mochila de valores y prácticas que le han sido legados con independencia de su utilidad? Todos hemos tenido la pulsión de invisibilizarnos y/o de retirarnos a un lugar desconocido y fuera de cualquier ruta. Por debajo de semejante impulso subyace quizá la estúpida esperanza de sorprenderte a ti mismo con unos rasgos que te han sido ocultados. Todos estamos dentro de algún armario y no sabemos si queremos salir porque no sabemos cómo es lo que saldría de ese armario.

El espionaje cibernético hace imposible lo que era un sueño de difícil realización. Y sin embargo… hay salida a este infierno si somos capaces de utilizar las mismas herramientas del espionaje en la búsqueda infatigable de todas mis personalidades sin empeñarme en amalgamarlas en una sola. Ya escribí sobre esto en el capítulo 2 de «El Capitalismo que Viene» sobre la base de un artículo de Expansión de hace 10 años recogido en Economía en Porciones, pero creo que no era a la sazón consciente de la mosca que me picaba. Pensaba simplemente en las ventajas para la producción que la pluriespecialidad podría acarrear en un mundo nuevo en el que las TIC eran ya imprescindibles para la sociedad de la información en un mundo globalizado.

Lo que ahora quisiera añadir es que el oxímoron de la pluriespecialización puede realizarse por parte de cualquier trabajador autónomo a través de la figura de un ghostwriter con varias personalidades cada una de ellas identificada por un seudónimo distinto, que escribe en la red a demanda de un desconocido imposible de identificar. Se puede vivir así sin que nadie nunca te identifique siempre que sepas codificar tus nombres de forma imposible de decodificar. Quizá sea imposible hacerlo con facilidad, pero hay formas de mimetizarse con el paisaje que te permiten pasar desapercibido al tiempo que no abandonas ninguna faceta de tu personalidad.

«Fogonazos XII: Espionaje en la red» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 14 de Julio de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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