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Fogonazos XI: Hablar oscuro

Pienso que me voy acercando a entender algo a través justamente de mis oscuros esfuerzos por aclararme. Esfuerzos que no son oscuros por casualidad sino que lo son porque necesariamente han de serlo, en buena parte por la oblicuidad que muestran como forma de coger desprevenido a lo incomprensible y sonsacarle todo su secreto.

Pacman y el anochecer entre las nubesMi amigo Javier Zuloaga me alegra la mañana de no pocos días. Hoy, por ejemplo, su post me hace pensar sobre la claridad en el uso de la palabra, algo que no abunda, especialmente en el ámbito de la Economía, un asunto que parece monopolizar el murmullo ciudadano y del que es difícil hablar sin tecnicismos. Pero como él nos cuenta:

«La gente quiere saber lo que pasa, que alguien nos lo explique, me decía hace pocos días una comerciante del Vallés, después de insistir en que no vengan de nuevo con lo de la burbuja, ni le hablen de Grecia, ni del interés de los bonos, ni de una prima de riesgo.

Creo que se entiende bien lo que el comerciante del Vallés quiere saber. O »mejor dicho, se entiende que lo que quiere saber es algo que no se sabe y cuya exploración no es en absoluto fácil de llevar a cabo. Es tan difícil que los que lo intentan no son muy claros en sus explicaciones bien sea por incapacidad o por dificultad intrínseca de la materia objeto del deseo de comprender. Por una u otra razón me parece que mis últimos posts, especialmente este y este, son oscuros.

Y sin embargo no me siento mal y pienso que me voy acercando a entender algo a través justamente de mis oscuros esfuerzos por aclararme. Esfuerzos que no son oscuros por casualidad sino que lo son porque necesariamente han de serlo, en buena parte por la oblicuidad que muestran como forma de coger desprevenido a lo incomprensible y sonsacarle todo su secreto.

El balbuceo es el signo de la persecución honrada de la verdad. Y, en mi opinión, un paso previo para a la práctica de la Parresía. No se puede hablar franco o con contundencia a menos que se sepa de lo que se habla, pero esto, la adquisición de la sabiduría, exige el balbuceo previo.

Esta última y aparente paradoja debiera dejar de serlo por que ya Kant inició su Crítica de la Razón Pura de esta forma deslumbrante:

Die leichte Taube, indem sie im freien Fluge die Luft theilt, deren Widerstand sie fühlt, könnte die Vorstellung fassen, daß es ihr im luftleeren Raum noch viel besser gelingen werde.

Pues eso.

«Fogonazos XI: Hablar oscuro» recibió 4 desde que se publicó el martes 19 de junio de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela, esta frase atribuida a Einstein (que por cierto subestima bastante a las abuelas…) creo que es muy representativa de lo que escribes en el artículo. A mi me gusta aún más la de “no entiendes realmente algo hasta que eres capaz de dibujarlo”, y realmente que lo dibujes tampoco quieres decir que lo hayas entendido… es complicado. Pero gracias por compartir tu balbuceo!!! Es muy enriquecedor para los balbuceos de terceros.
    Un saludo

  2. Horacio dice:

    Yo veo otros problemas adicionales.
    Es razonable que en disciplinas que estudian fenómenos altamente complejos como los de la macroeconomía global haya necesidad de traducir esta complejidad en algo asequible para el común de los mortales.
    Lo mismo ocurre con la física avanzada, teorías de supercuerdas, y otras teorías del origen del universo. Son cosas simplemente demasiado complejas como para que una persona que se dedica a otros menesteres pueda dedicarle el tiempo suficiente de su vida como para comprender estas cosas cabalmente. Toma por lo menos unos diez años de estudios avanzados para llegar a una comprensión más o menos aproximada del campo de estudio. Como sucede en todos los casos que se explora un territorio del conocimiento que nadie ha pisado antes, generalmente lo que ocurre es que nos maravillamos de haber aprendido cuánto no sabemos aún.

    Lo último es mucho más intransferible que lo primero.
    Vivimos como parte de un público adiestrado a respuestas fáciles para problemas complejos, respuestas instantáneas para situaciones que sobrepasan con mucho los límites de la comprensión de una sola persona.
    Cada vez más la necesidad del estudio interdisciplinario -o mejor aún, la progresiva desaparición de arbitrarias disciplinas– y nuevas modalidades de generar, difundir y debatir sobre el conocimiento son necesarias.

    No es una simple crisis de relato porque nos hemos quedado sin historias para contar: tenemos demasiadas historias demasiado complejas de contar que casi se parecen a un caos fractal, tenemos dificultades para que los especialistas puedan comprender los propios límites de su comprensión, y aún después deberíamos preocuparnos de que exista un público que –aunque no especialista– pueda mínimamente aproximarse a las realidades que le son ajenas, aunque sólo sea por medio de la metáfora y la representación simplificada.

    Ninguna de estas tres cosas están alineadas en este momento, la crisis pseudomoderna no es una simple crisis cultural, crisis educativa o social.

    Es una crisis de conocimiento a todo nivel, y en todas las direcciones, desde el académico avanzado hasta el más pedestre ciudadano. Desde el científico hasta el artesano, desde el médico al piloto de aerolíneas.

    Sabemos leer apenas los titulares de la historia, pero no tenemos idea de cómo llegamos a estar al mando de un Boeing 747 o realmente por qué la variación de la presión del flujo sanguíneo puede ser representada por una función sinusoidal.

    Demasiados puntos en la gráfica que parecen casi ruido blanco, y demasiado poca gente tejiendo los enlaces entre los nodos.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] Dudo que el hilo sea un hilo fuerte, pero es la cadena de pensamientos que se me engarzan. Muchas veces, cuando uno tiene la información suficiente, eso indica algo de coherencia de fondo antes incluso de que se consiga enhebrar un discurso coherente. Me permitiré, como siempre he hecho, el balbuceo. […]

  2. […] observadores y se desesperan. Para desinchar el pesimismo y suavizar la ansiedad es bueno recordar la cita de Kant del otro día, esta vez traducida al castellano por Ricardo Pesado: “La ligera paloma, que en vuelo libre corta […]

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