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Fogonazos IV: La ceguera

Informe sobre ciegos era una especie de encarte dentro de Sobre Héroes y Tumbas, magnífico libro de Ernesto Sábato y uno tal que resultaba fascinante. He pensado en él cuando hoy, después de treinta horas de la operación de mis cataratas del ojo izquierdo, me he dado cuenta que, a diferencia de lo que pasaba hace veinte cuando veía muy bien a lo lejos con ese ojo y nada veía de cerca, ya no veo casi nada ni de lejos ni de cerca.

Más allá de la parte literaria de esta experiencia también he sufrido el terror que le acompaña a pesar de que hace ya tiempo que me entreno a sentir el mundo a partir del sonido. Si se me cae al suelo una de las innumerables pastillas que tomo cada día no giro la cabeza para ver en donde está, sino que contengo la respiración, mantengo el cuello rígido y escucho para aproximar lo más posible la posición de la pastilla errante.

Pero así, como de pronto, me veo otra vez inmerso en la literatura por vía indirecta. Por una inversión infantil comprensible y bien conocida el no ver es hoy para mí como si nadie me viera y eso quizá explica mi gusto creciente por servir de negro (ghost writer) para otras personas que quieren firmar cosas que no se sienten capaces de escribir. Me escucho como el hombre invisible y esto me hace sentirme muy bien, extrañamente pleno, potente y poderoso.

Me pregunto si, a medida que pierda la vista, creceré y pasaré de creer que no me ve nadie y disfrutar de ello, a pensar que muchos querrían difuminarse detrás de mí y sacar de ello un placer desviado, el gusto por ser un falsario y firmar selectivamente los escritos de gente que quiere que se difunda su pensamiento pero no quiere que su posición en la sociedad se vea amenazada por tener ideas. Sonará mi nombre apoyado en las ideas ajenas y mi invisibilidad será sustituída por mi presencia ruidosa que extrae de la gente un murmullo bien sonoro cada vez que entro en un restaurante o acudo a la ópera: “ahí va ese loco”, “menuda productividad”, “es como si escribiera un tomazo al mes” o “¡que variedad en la temática!”

Pasaría así de ghost writer y del placer de la invisibilidad a ghost author y al placer de la suplantación. Y ya el sumun sería combinar ambos placeres. Sería como entrar en un eterno juego del escondite o de la gallinita ciega. Eso colmaría mis sueños para esos años de ceguera que se avecinan.

«Fogonazos IV: La ceguera» recibió 1 desde que se publicó el martes 6 de marzo de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. gretel dice:

    Oiga que este texto es super bonito.
    Ser negro es muy romántico.
    Sobre los artistas que no ven y ciegos son capaces de ser mejores le recomiendo lea Me llamo rojo de Pamuk.

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