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Fisiognómica y música

Ya he contado muchas veces que después de una operación de vesícula desarrollé un gusto voraz por la mezcla de salado y dulce y que posiblemente esa combinación hizo de mí un fisonomista excepecional. El último ejemplo de este don es el parecido asombroso que he detactado entre Robert de Niro y el comisario jefe de Madrid en Amar en Tiempos revueltos.

Es un asunto rarísmo, pero el hecho es que me saltan las neuronas adecuads en cuanto veo el más mínimo rasgo común entre dos personas. Empieza a ser una tortura por lo que es de agradecer un nuevo milagro que esta vez no sé a qué atribuir. Quizá a la dieta a la que estoy sometido. Pero el tormento del fisonomista está últimamente mitigado por una vía indirecta consistente en la afloración repentina de otro don. Resulta que soy capaz de asociar inmediatamente una cara, o la mención de un nombre, con una canción y de, he aquí lo sombroso, reproducir la canción. Ejemplo tonto: mencionaron Gilda y comencé a cantar, y bastante bien, Put the Blame on Mame boy.

Eso es hasta fácil; pero tengo ejemplos más extraños. En el concurso Jugar y Ganar les propusieron durante varios días el reconocimiento de una pequeña pieza musical. Es normal que me sonara; pero lo asombroso es que empecé a cantarla en inglés:Three coins in a Fountain mientras visulizaba a Gregory Peck y Audrey Hepburn en una vespa en sus Vacaciones en Roma. Quizá me armo un lío aquí, pero yo diría que no.

Más dificiles son las tres últimas asociaciones. Alguien mencinó estas navidades el Caserío, zarzuela de Guridi y no comencé a tararear, como hubiera sido normal, “Txikito de Arrigorri, bravo Joshe Miguel”; sino “Yo no sé que veo en Ana Mari“.

Esa es la primera asociación. La segunda es un poco más rara. Cuando me hablaron de la Marcha Radeski del concierto de año nuevo en la Musikverein de Viena, apareció ante mi vista el concurso hípico de Fadura en los veranos de mi niñez y el desfile por equipos del último día al son de la dicha Marcha Radeski. Pero no solo eso sino los rostros de Goyoaga, Pierre Joqueur D´Oriola o el coronel o comandante Ordovás que montaba a Amado mío, un caballo que ganó el único concurso de salto de longitud que yo he visto y que, como habrán observado, tenía el mismo nombre que otra canción de Rita en Gilda.

Pero la más extraña es la tercera y última asociación. Nada más ver a Kathrine Hepburn en Suddenly Last Summer, entoné Mi dulce Amanada, a canción que el vecino dedica a Katherine en la Costilla de Adán para horror de Spencer Tracy.

Espero que toda esta locura sea solo pasajera.

«Fisiognómica y música» recibió 1 desde que se publicó el Martes 12 de Enero de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Juan Urrutia dice:

    Caramba, lo voy a pensar. ¡Mira que si me convierto en un caso clínico!

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