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Fin de la aventura

Una vez más Jaume va a mejorar el mundo conectando a dos personas por el expeditivo camino de convocarles a una cenita al aire libre en una noche apacible y ojalá libre de mosquitos, aunque en esta ocasión Jaume parece no conocer a la persona con la que quiere que nos veamos…

mysterymanMe llamó Jaume, el dueño de Can Quel, hijo supongo de un tal Miquel que en diminutivo da nombre a este restaurante que tanto me gusta. Me dice que alguien le ha preguntado por mí. Confío totalmente en él pues le conozco hace años y en el pasado sirvió de enlace con Txema Montero (que aquel verano estaba por estas tierras) y con otra persona que no creo que disfrutara al ver su nombre en este post con el que, dios sea loado, termina justo a tiempo mi aventura de este verano. Una vez más Jaume va a mejorar el mundo conectando a dos personas por el expeditivo camino de convocarles a una cenita al aire libre en una noche apacible y ojalá libre de mosquitos.

En esta ocasión Jaume parece no conocer a la persona con la que quiere que nos veamos pero es amigo de la persona que le ha sugerido el encuentro entre esa persona misteriosa. Me dice que el encuentro podría tener lugar esa noche, ayer, en su su restaurante. En principio no podíamos acudir pues era la última noche de Rafa aquí y habíamos cocinado una cena exquisita para tomar en casa porque, a pesar del reforzamiento de la defensa del castillo que Rafa representa, yo sigo sin deseo alguno de exponerme y prefiero no salir de casa. Pero me pica la curiosidad y digo a Jaume que pasaré por allí a la hora que él me ha mencionado.

Así lo hice y pasé a la terraza directamente. No reconocí a nadie y volvía ya a la salida a través de la zona del bar cuando Jaume me tomó por el brazo y me obligó a seguirle para rehacer el camino y volver a la terraza. Allí estaba él delante de un vermut rojo probablemente frío. Solo le he saludado una vez, a la salida del teatro madrileño donde se ponía su obra El Crítico, el Marquina creo. Sí, allí estaba Mayorga, el mismísimo Juan Mayorga, en opinión de muchos el mejor dramaturgo español contemporáneo, algo que no me parece improbable a la vista de El Crítico, Himmelweg, El chico de la última fila (que se transformó en el guión de Dans la Maison, una película de interés indudable) o La Lengua en Pedazos, una obra que por sí sola, y en mi opinión poco informada, justificaría el premio Ceres que acababa de recibir en Mérida.

Esto es lo primero que me sorprendió, la aparente velocidad con la que había cruzado la península y llegado a esta parte oriental de la misma desde una de las más occidentales. Eso es lo que le dije en primer lugar después de la presentación de Jaume que inmediatamente se retiró a atender a su negocio. En segundo lugar no tuve más remedio que decirle que tendría que retirarme en seguida pues me esperaban en casa. A pesar de que las presentaciones y estas primeras palabras fueron efectuadas de pie, tomé asiento frente a él y escuché. Se disculpó por abordarme de esta manera pero es que tenía que contactar conmigo con rapidez y no le había sido fácil. En la reposición de La Lengua en Pedazos se había topado con un programa de mano en el que se hacía referencia a este post mío elaborado hace meses cuando la obra fue estrenada y que escribí enfervorecido por la impresión que me había causado. A él le había encantado esa crítica y, continuaba él diciendo, me necesitaba para abordar su siguiente obra en la que, afirmaba, estaba atrancado pero que tenía que entregar para finales de septiembre.

Murmuré unas palabras de agradecimiento simulando que no me impresionaba mucho la necesidad que tenía de mí y le pregunté que cómo había dado conmigo. En realidad mi mente estaba en otro lado recordando que tenía que volver a casa e imaginándome simultáneamente el orgullo que sentiría cuando mis amigos supieran que yo era colaborador de Juan Mayorga. No me contestó y continuó su discurso como si también él tuviera prisa. Me contó que no le fue difícil dar con mi nombre en Internet y posteriormente encontrar un conocido común, compañero del CSIC, que le dijo que estaba por aquí pero que no sabía dónde exactamente. Y sin embargo tenía que dar conmigo para que le asesorara en el tema del terrorismo pues ese amigo común le había remitido a mi artículo de Isegoría en el que se hacía uso de muchas de mis ideas sobre ese fenómeno tan cercano. Yo hice amago de levantarme en parte por obligación y en parte por el desencanto que me producía su limitada oferta de colaboración. Pero no lo hice pues me lo prohibió con un gesto leve sobre mis bazos cruzados sobre la mesa. Se reubicó en su silla y comenzó a contarme algo totalmente sorprendente.

No me lo iba a creer, pero había pedido a su amigo Coetzee, visitante habitual de estas tierras, que tratara de localizarme en el Baix Empordà. El novelista se había puesto en contacto con su club ciclista de la zona y éste con una hermandad de tractoristas. Ambas organizaciones habían diseñado un plan conjunto que peinaba la zona todas las mañanas, pero con aparente poco éxito pues no fue hasta hace dos días que finalmente me habían localizado. Justo anteayer por la mañana supo que podría encontrarme en Foixá y pensó con buen criterio que Can Quel era el lugar apropiado para citarme.

Era mi momento y sin embargo lo desaproveché totalmente. Todas mis ansiedades y miedos estaban justificados pues efectivamente había sido perseguido sistemáticamente. Podía respirar por fin pues lo había sido con un buen, excelente, propósito, pero lo mejor del verano había sido dedicado a una protección que ahora me parecía ridícula y me hacía sentir como el verdadero paranoico que en realidad soy. Pero debo ser algo peor que paranoico pues en el mismo momento que entendí el terror de este verano, me deshice de la presión de su mano y me retiré silencioso perdiendo quizá la oportunidad de mi vida.

«Fin de la aventura» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 31 de Agosto de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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