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LXXVIII: Filantropía científica

La lucha contra el cáncer de un tipo u otro, la aceleración de partículas, la lucha contra las enfermedades raras o la exploración del espacio son algunos de los proyectos financiados por billonarios conocidos.

LEGO spaceEl suplemento New York Times del periódico El País correspondiente al 27 de marzo contenía un artículo largo con el título Los ricos se adueñan de la ciencia Hay que estar suscrito a Kiosko para leerlo on line pero eso no es óbice para reflexionar un poco sobre un título tan llamativo y sobre su contenido relacionándolo con otros posts antiguos y con ideas de hace ya bastantes años.

La excesiva contundencia del título queda un poco atemperada por el subtítulo: «Los magnates financian proyectos ante el recelo de los escépticos». El cuerpo del largo artículo está repleto de la descripción de algunos de los proyectos financiados por billonarios conocidos y mil veces citados y de otros menos ambiciosos apoyados por millonarios menos ricos pero no menos ambiciosos. Desde la lucha contra el cáncer de un tipo u otro a la aceleración de partículas pasando por la lucha contra las enfermedades raras o la exploración del espacio. Sin embargo, y sin despreciar la ayuda ni criticar las intenciones últimas de los filántropos no me queda más remedio que ser escéptico al respecto de esta generosidad. Mis razones son sencillas y todas pivotan alrededor de la difícil alineación de los intereses personales de los muy ricos, generalmente relacionados con su historia personal, y lo que sería la estrategia óptima para el desarrollo de la ciencia, estrategia ésta que debería tener mucho de diversidad y de rebeldía a fin de evitar la dependencia del recorrido de la que un sistema complejo puede adolecer si no se tiene cuidado por parte de quien deba velar por el sistema y que puede generar burbujas científicas.

Es muy curioso que la gran mayoría de los proyectos apoyados financieramente por los filántropos consisten en lo que podríamos llamar grandes instalaciones quizá como reflejo de la visibilidad que sus promotores persiguen. Y esta característica de la filantropía más reciente me trae a la memoria algunas disquisiciones sobre la propiedad de esas instalaciones. Si esta propiedad debiera ser pública o privada teniendo en cuenta que se trata de un bien que podríamos denominar público y que, como tal, tiende a estar infradotado. Y si esta distinción se refiere a quién es quien decide en las situaciones en las que las contingencias no se han podido tener en cuenta en el contrato fundacional: el Estado o un regulador independiente por un lado o el propietario privado por otro lado.

Como la dotación filantrópica acabará seguramente adoptando una forma más o menos cercana a la empresarial aunque se constituya como una fundación o como un consorcio o como lo que sea, se plantea quién es el propietario de la empresa en sentido genérico. Como se trata de un bien público la discusión se centra en si el contrato (o haz de contratos) que en el fondo es una empresa es completo o no. Como en los casos que estamos discutiendo no lo será, no está claro que el propietario deba ser el Estado o quién habría de serlo en su defecto. Tanto en El Capitalismo que Viene como en un trabajo nunca publicado (¿Hacia la privatización de la ciencia?) me hice eco de esta dificultad y traté de utilizar ideas en aquel entonces recientes para destacar las condiciones bajo las cuales el propietario debería ser un científico y, entre ellos, aquel de entre ellos más apasionado por la verdad.

Y es este resultado el que me turba en la situación actual de la ciencia hoy, financiada más que nunca por la colaboración oportuna de la filantropía precisamente cuando, a causa de la crisis, se ha visto muy reducida la financiación pública. Ya no hay que discutir quién decide en las circunstancias no previstas pues, pase lo que pase, los derechos residuales van a pertenecer, me atrevo a sospechar, a los filántropos. Ojalá me equivoque!

«LXXVIII: Filantropía científica» recibió 2 desde que se publicó el jueves 3 de abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. juan urrutia dice:

    El título es siempre importante y deberíamos notar la ambigüedad de la expresión “big ideas”

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