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Famélicos gatos de posguerra

Untarles la cola de un combustible cualquiera y pegarles fuego era una diversión de niños de posguerra en vacaciones prepetrada sobre gatos famélicos recién escapados de la cazuela de sus dueños. A pesar de estar ya medio muertos de la misma hambre que nos envilecí­a a nosotros o a sus dueños, se resistí­an a morir del todo y todaví­a recuerdo aterrado sus maullidos de agoní­a.
Luego, m ás tarde y mejor alimentado, entendí­ que que los gatos tienen un sistema nervioso central que les otorga el privilegio de sufrir. También aprendí­ que lo único prohibido es la crueldad.

La indigente del cajero de Barcelona tení­a un sistema nervioso central y sufrió la crueldad de jóvenes ahitos. Ellos hicieron lo único que no est á permitido y, aunque no lo dicen los periódicos, no lo reseñan los noticieros ni lo reflejan las c ámaras en circuito cerrado, los gritos de dolor y miedo de la mendiga perseguir án a estos tres jóvenes, penalmente responsables o no,todos los años de su vida.

O no. Quiz á los indigentes de hoy, como los habitantes de Africa, o como los dueños de la carne acumulada en Abu Graib en montones preparados para rellenar un Kebab, son prescindibles, sobran. Como los gatos de posguerra o los meninos da rua. Como tú y como yo.

«Famélicos gatos de posguerra» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 30 de Diciembre de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Intempest dice:

    Como joven que soy, habiendo estado hace poco en un instituto viendo la generación que está surgiendo, creo que aquellos chicos que quemaron a la mendiga no sentirán por ahora nada hacia ella, lo hacían para divertirse, y la diversión (el placer) sólo busca la destrucción de lo divertido para acabar con la dependencia (y volver a empezar para llenar el vacio).

    La mendiga no era más que un objeto, un mediador de cierta fuerza que tiene que ser expulsada para salir de un sistema que ya ha absorbido dentro de él la misma violencia en forma de “guerra preventiva” (¿no lo recuerdan? ¡Somos jóvenes!).

    Veo bastante relación entre la quema de coches de parís y lo de la mendiga (¿no resulta poético el uso del fuego?), la diversión está tomando cada vez una forma más destructiva ¿estará relacionado esto con el uso abusivo de drogas que se da hoy?.

    Lo más curioso de todo es eso, los chicos estallaron a lágrimas sólo cuando la policía les detuvo, no antes. Sólo en ese momento sintieron responsabilidad por el acto, ¡no por lo que significaba, sino por las consecuencias que tenía! ¿Habrían llorado si no les hubieran pillado?.

  2. ramon botas dice:

    Gracias por citar mi comentario,Juan.La verdad es que Carlos Rodríguez Braun estuvo brillante y la idea del ciclo “Literatura y Economia” es muy buena.lamento no haber podido oir a mi profesor Pedro Schwartz ayer disertar sobre Dickens.

    La verdad es que “el mercado”,a pesar de resultar algo odioso para mucha gente de buena voluntad,es un mecanismo de movilización de recursos y voluntades bastante prodigioso.Somos muchos los que intercambiamos nuestro tiempo o nuestros bienes, con perfectos desconocidos, e incluso a menudo con gente que no nos gusta nada.Pero lo hacemos porque es la mejor alternativa que tenemos de interactuar y financiar nuestras actividades económicas.Este es el inframundo del despreciado Shylock, que presta con interés de mercado, incluso a los que le escupen e injurian.A “desconocidos”.
    Pero también existe un mecanismo sutil de movilización de recursos y voluntades, que es el que se practica en el mundo del mercader Antonio.Allí se presta graciosamente sin interés.Pero sólo a amigos,futuros amigos o en general a “gente bien”.Hacemos red.Y si queremos dar un salto al presente, recordemos las andanzas de otro Antonio – Antonio Fazio, hasta hace unas semanas Gobernador del Banco de Italia.¿Acaso no “prestaba sin interés” a sus banqueros italianos?Y aquí viene lo mediocre del asunto.Todo por un jersey de cashemere y una edicion antigua de Tomás de Aquino.¿Es que el sueldo de Gobernador no le daba para hacer sus compras él solito?

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