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Et Paris encore

tiroteo_francia_paris_10_efeSe acabó por este año, piensa. Mañana volverán a Bilbao, pero hoy todavía queda un poco de tiempo para deambular por donde siempre y grabar la retina con, por ejemplo, la imagen de esa niña que, dispuesta a comer con su madre en una brasserie, muestra un semblante tan tranquilo y sonriente que se le antoja la imagen de la felicidad, totalmente inconsciente de sí misma y no como dentro de unos años cuando la pobre ya no pueda dejar de mirarse de reojo en todos los escaparates.

Esta mañana ha vuelto a pasar de la Sainte-Chapelle ya harto de intentarlo y encontrarse siempre con una enorme cola de turistas extrañamente dispuestos a entrar dentro del Palacio de Justicia para contemplar un edificio en el que la justicia no pinta nada pues en una capilla santa ha de primar la misericordia. Este fracaso reiterado le baja de las nubes a la tierra y le recuerda que si se afana un poco podría entrar en un sitio cerrado como es la Academia XXXX. Pero su espíritu, tal como revela su actitud de esta mañana, le lleva a no entrar en un lugar en el que se reserva el derecho de admisión como, por ejemplo, un club privado y, desde luego, una Academia. Si no quieren abrirlo al púbico él no va a entrar.

Hace mucho frío pero, hechas ya las cuentas y pagado el hotel, piensan que pueden permitirse un paseíto en taxi. Primero al Trocadero con la estúpida esperanza de ver a Sarkozy alrededor de la casa que habita con Carla Bruni, su mujer actual. No lo consiguen naturalmente y continúan el dispendio dirigiéndose hacia el cafe L´Avenue justamente en la Avenue Motaigne donde Polanski y Seigner tienen su casa, pero tampoco coinciden con ninguno de ellos y, después de un cafecito, se deciden a caminar hasta el Elíseo. Camina él cabizbajo por delante de los escaparates de grandes casas de costura y piensa: «ahí estoy yo, entre un Sarkozy que desaprovechó su oportunidad y un Polanski que ya ha sido suficientemente ignorado». Sarkozy y Polanski, uno quiere renacer y el otro simplemente que le dejen en paz.

Hollande va a salir y hay una multitud de gente que no deja pasar por delante del Elíseo. Considera él la posibilidad de pedir asilo político (?) en la embajada de Colombia casi aneja al Palacio presidencial; pero siguen andando y acaban en Costes, un restaurante superpijo en el que las camareras parecen modelos. La que les toca es uruguaya y le desanima para retirarse allí. Ni Colombia, ni Uruguay. Es como si no controlara su destino y como si se dejara hacer por gente a la que no respeta.

Empieza a hacerse tarde y vuelven al hotel a recoger los trastos y en otro taxi ir hacia el aeropuerto de Charles de Gaulle. Da rabia irse cuando mañana, dice el periódico, el último libro de Houelebecq estará mañana en las librerías haciendo cosquillas a sus poco amados conciudadanos, jugando con la amenaza de un futuro próximo en el que ese Elíseo esté habitado por un político de religión musulmana. El taxi nos lleva por la Avenue de la Chapelle pasando muy cerca del lugar en que mañana unos soldados de Alá van a dar lo que ellos creen su merecido a los caricaturistas del Profeta.

Sus preocupaciones se le antojan ridículas y sin embargo totalmente absorbentes. Desde mañana mismo, piensa, deberá aclararse y dejar de mentirse. No es tarde para entrar en un mundo nuevo lleno de verdades.

«Et Paris encore» recibió 0 desde que se publicó el viernes 9 de enero de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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