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Estaban allí

¿Cómo interpretarían ustedes lo de anoche, si no es como una estratagema por su parte?

Como ya dije acudí expectante al concierto con Potemkin como fondo. Se interrumpió dos veces por falta de coordinación entre entre la pantalla y el monitor según palabras textuales de un catalano-parlante que, no me cabe la menor duda, estaba infiltrado como violinista de esta Orquesta Sinfónica Nacional de Chequia.

La versión sonora de Shostakovich es tan conocida que no es posible que surjan problemas técnicos. A no ser, claro está, que se interfiera algún aparato electrónico. Y esto fue justamente lo que creo que ocurrió.

Aunque la proyección de la película dejaba en la oscuridad a los músicos, las luces que se encendieron para dar explicaciones técnicas al público me permitieron ver con detalle al último par de violinistas, justo detrás del infiltrado. Un varón de unos cicuenta años, alto y enjuto, y una no tan jóven belleza centroeuropea con una permanente rubia y un tipazo. Pero ellos también me vieron a mí.

Aunque las luces volvieron a apagarse cuando el púbico aceptó, a pesar de su disgusto y un amago de protesta, que la única forma de continuar era dejar que el rastro del aparato que medía el tiempo y el metraje de la cinta apareciera en pantalla, yo ya no pude apartar mi vista, en detrimento del famoso montaje de Eisenstéin, de esa pareja.

Lo extraordinario es que creo que no tocaban de verdad sino que simplemente simulaban que lo hacían mientras permanecían atentos a un micrófono que se distinguía en la oreja derecha de uno y otra. Acabó el llamémosle concierto y ya con las luces encendidas vi cómo hablaban brevemente el infiltrado y los dos violinistas falsos.

El infiltrado se acercó como una centella a mí, cosa no difícil dada la disposición de las localidades al mismo nivel qe la orquesta, y me deslizó una nota en la mano izquierda. No la abrí hasta que me encontré protegido dentro del coche. Me citaba para dentro de una semana en un establecimiento bancario de una isla del Canal.

He dormido mal soñando con el juego del prisionero que se insinúa al final de la película. Los amotinados del Potemkin, aun sabiendo que el resto de la armada zarista puede abrir fuego conta ellos y que ellos pueden adelantarse haciendo lo propio, prefieren darle una oportunidad a la fraternidad y no ser ellos los que comiencen la lucha. Me pregunto si el éxito que, en la película, tiene esta estrategia quizá irracional, no podría ser también mi salvación si les sigo el juego hasta el final sin acudir a la policía.

«Estaban allí» recibió 3 desde que se publicó el Domingo 16 de Agosto de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Eliminar al estado de la ecuación es el paso previo antes de que se insinúe cualquier posibilidad de fraternidad…

    …aunque algo me dice que al final de esta historia descubrirás que en realidad todos los skodas y todos los violinistas trabajan para ti…

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] decía que el falso músico de la orquesta me pasó una nota citándome en una isla del canal. Todo se aclarará pensaba yo. En la nota […]

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