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Esperando a Godot

Estoy en la oficina organizándola para recibir a amigos y amigas a fin de seguir en directo a través de diferentes canales de transmisión de noticias la retransmisión del fin del mundo, como en Melancholia, de Von Triar, o el fin de un cierto mundo, como en «Gone with the Wind» que ayer visioné por enésima vez. Bebamos y comamos más allá de toda medida a ver si hoy sí que aparece Godot, la última esperanza contra toda esperanza. Las noticias y artículos de reflexión de los últimos días nos acercan a la gran desconexión extendida ahora. Ayer se trataba de la falta de sintonía entre las dos formas de teorizar que mi amigo APA llama la teoría fría (que solo se refiere a sí misma) y la teoría caliente (que se refiere a la realidad de ahí fuera). Hoy ya se trata de la desconexión entre distintas soberanías en base a la teoría caliente.

En el paseo vespertino de ayer mi mujer me habló de Libertad de Franzen la novela que lee estos días y creí entender que un progre americano de nuestra generación ridiculizaba las formas de mantener la progresía sesentayochisya más allá de la reacción liberal de los finales setenta y los ochenta. Quizá porque no supimos cómo reaccionar a la frustración de los sueños de libertad cada uno escogimos nuestra cabaña en el desierto, sea esta el ecologismo, refugio de la Universidad, la anomia de las oeneges, el bufete laboral progre o ….la lucha armada que tampoco ha servido para nada. Parece como si algo volviera con el quincemismo pero ya es tarde. No nos queda más que la teoría fría pues esta no nos frustra ya que hablamos de algo que conocemos pues lo hemos construído nosotros. Pero no deja de tener un toque de melancolía por no ser capaces de cambiar el mundo. Lo que ocurre es que la socialdemocracia que mantuvo el pulso con el neoliberalismo ha perdido los papeles a partir de la crisis financiera que sigue su curso como un tsunami imposible de parar o de predecir.

Esa conversación y las noticias de la noche me llevaron a preparar la reunión de hoy en la oficina que ya está perfectamente cableada para poder ver en la pantalla grande las noticias que captemos en Internet con los víveres ya encargados para, en el peor de los casos, pasar toda la noche o varios días en esta especie de bunker a la espera del Godot que nunca llega, pero que al mantener la espera viva acaba tratando de dibujar con su ausencia una nueva vida. Como en la película de O. Selznik con Victor Fleming de aparente director, el mundo de mañana nos da miedo pues ya habíamos elaborado nuestra coartada de progresistas por otro lado bien acomodados y ahora, ya un poco mayores, nos percatamos de que quizá esa coartada ya no sirva.

La vuelta a la teoría fría esta ahí como último refugio. Y esa tentación se vislumbra nítidamente en el artículo de Ramón Marimón en la cuarta de El País de hoy. En el día oportuno habla de las posibilidades de acuerdo en el Consejo Europeo, pero curiosamente dedica una parte sustancial del poco espacio que deja la prensa a hablarnos del discurso Nobel de Sargent que casi simultáneamente con el comienzo de la reunión previa del PPE Marsella tenía lugar en la plácida Suecia, esa especie de último refugio de los progresitas desorientados. Ramón se refería ese discurso pues quiere decirnos que el orden de las decisiones importa y que nuestra historia europea no tiene nada que ver con la de los EE.UU de América que empezaron por la centralización fiscal para luego alcanzar la monetaria. En realidad este recordatorio al que se alude para quien quiera verlo en Gone with the Wind, no es necesario ni viene demasiado a cuento porque los Estados del sur que, como nosotros los perdidos exprogres, no habían alcanzado una identidad nacional profunda sino una superficial identidad de clase ridículamente provinciana. Solo los listillos y dueños de sí mismos, como Rett Butler, sobrevivirá y harán fortuna en el nuevo mundo que depués de lidiar con los problemas de deuda sabrá imponer las reglas de juego del capitalismo.

Pero la teoría fría no ha sabido llevarnos a ninguna conclusión ni ha podido prever o pronosticar nada. Esto no quiere decir que no esté en el buen camino, pero sí quiere decir que todavía no sabemos si lo está. Algunos como John Kay cree saber que no lo está y, a mi juicio no es fácil decantarse si lo que esperamos es la capacidad predictiva. En situaciones como la actual confrontamos incertidumbre knightiana o, lo que es lo mismo, incertidumbre sobre el modelo aplicable aunque cualquiera pueda calibrarse y replicar los datos del pasado. Pero el “qué hacer” depende realmente del modelo que coincida con el mundo real de ahí fuera y no lo sabemos.

Por todas estas razones nos jugamos esta noche el futuro de un mundo en el que ya nos habíamos acomodado. Justamente por eso es como si esta noche fuéramos a ganar de cualquier forma, bien porque nos dejan como estamos, bien porque nos mandan a un mundo sin crecimiento y sin esperanza inmediata de recobrarlo, un mundo pobre en el que quizá pudiéramos recordar los tres, y no solo uno, de los lemas de la Revolución Francesa.

Y todo dependerá del pulso entre el tecnócrata BCE y los políticos que componente el Consejo Europeo. El tecnócrata ya ha anunciado su cínica jugada en el game of chicken en el que nos encontramos. No comprará deuda, tal como ha venido haciendo hasta ahora, pues los tratados tal como están no lo permiten. La estrategia de los políticos tiene que esperar a esta noche o mañana por la mañana. Ante la jugada de Draggi, creo que no tienen más remedio que modificar los tratados, diga lo que diga el R.U., y anunciar una especie de tesoro único además de dejar expedita la vía de los eurobonos. Si su jugada es menos valiente que esto el BCE se quedará al borde del precipicio, pero el euro se caerá al abismo.

Pero ya he caído otra vez en la teoría fría. En el calor de la noche que nos espera cualquier cosa puede pasar, incluso que se aparezca inesperadamente Godot o que, como siempre, nos cuenten sus emisarios que quizá llegue mañana.Mientras tanto comamos y bebamos.

«Esperando a Godot» recibió 3 desde que se publicó el Viernes 9 de Diciembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. David dice:

    Juan cómo me recuerda a la crisis eclesial del siglo XIII, no habiendo conseguido cambiar el mundo -esto es llevar al pueblo a su destino en la ciudad de Dios- abrumados por los excesos de insurrección milenarista, los grandes teóricos católicos abandonan la «teoría caliente» (política) y se dedican a la «teoría fría», osea la Teología. Aunque por ahí ven un enganche con los inanes y antimercantiles franciscanos y el quincemista mundo de las órdenes mendicantes… 😛

  2. Imagen de perfil de Juan Urrutia Juan Urrutia dice:

    Buen comentario aunque tengo que confesar de un cierto desconocimiento de la historia de la iglesia. Algún día tendremos una buena conversación sobre el quincemismo; pero no meparece descabellado relacionarlo con la teoría fría. orar mientras otros tarbajan no me gusta, pero reconozco mi admiración por algunos teólogos fríos.

  3. David dice:

    mmm la verdad es que te estaba comparando con Guillermo de Ockham 😉

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