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España 2005

Juan Urrutia hace balance de la situación de España ante la entrada del año y analiza las que habrían de ser prioridades políticas, económicas y sociales para que este país dejara de una vez por todas de ser un país seguidista para convertirse en un verdadero líder.

Nada muy importante va a ocurrir en España en materia macroeconómica en el 2005. Los pequeños desequilibrios que se airean no parecen preocupantes. La predicción del crecimiento varía sólo en unas pocas décimas arriba o abajo dependiendo del precio del petróleo y del tipo de cambio del euro. En consecuencia no parece que el equilibrio presupuestario esté en peligro ni que la formación bruta de capital vaya a ralentizarse por un problema de crowding-out o por una mayor prima de riesgo-país (más bien al contrario).

Como la izquierda moderada ha hecho suyas algunas buenas reglas de gestión macroeconómica, lo que hemos de esperar es que la fuerza de las cosas nos obligará a trabajar más y mejor de forma que podemos lograr un aumento de productividad que permita una moderada subida de salarios. La creación de empleo continuará a un ritmo apenas menor que el actual y el diferencial de inflación con la zona euro se mantendrá constante. Y aunque continuarán los globos sonda sobre una posible reforma fiscal, la introducción del IRPF de tipo único no se hará efectiva el próximo año. En un ambiente macroeconómico así, la confrontación partidista y la política en general transitarán por caminos que hace tiempo no se visitaban y que son mucho más propicios para la bronca acalorada que los mucho más técnicos y fríos que suelen recorrer las cuestiones económicas.

Y este retorno a la política será bronco porque, además, la atención no tendrá el aliviadero de cuestiones geopolíticas que este año en el que entramos se tomarán un respiro. China y Japón seguirán financiando el exceso de consumo estadounidense y su déficit público producido por una defectuosa política fiscal de la administración Bush. Esto acabará siendo insostenible, pero nada ocurrirá durante el 2005 más allá de conversaciones de tanteo sobre la realineación de monedas. El euro seguirá fuerte dificultando la reactivación en Europa; pero el BCE no bajará tipos mientras el PEC siga estando en un limbo en el que permanecerá de momento.

Ante este panorama internacional cabe predecir que en el 2005 España sufrirá una confrontación política seria dado el juego de mayorías y minorías que surgió del 14 de Marzo. Zapatero tiene que afianzarse aún más en su partido (lo que es más fácil desde el poder), procurará sembrar la discordia en las filas del PP, cultivará la amistad de partidos periféricos más o menos nacionalistas, cerrará algunos frentes innecesariamente abiertos y evitará políticas alocadas que intranquilicen al mundo del dinero.

El PP por su parte no se puede permitir cejar en su empeño de relativizar el resultado electoral del 2004 e insistirá en que su vuelta al poder puede estar cercana a fin de mantener el entusiasmo de su base electoral. Los intereses de ambos partidos mayoritarios les llevan a una confrontación crispada y montaraz que se centrará sobretodo en asuntos que, al ser de una naturaleza poco cuantificable, llegan antes al corazón que a la cabeza, dejando de lado, por lo tanto, aquellos otros que, como la deslocalización, la supervisión financiera o el medio ambiente, aunque importantes no son utilizables para la confrontación partidista.

Los temas que coparán las portadas de los periódicos españoles en el 2005, los que están subrayados en rojo en las agendas de los contendientes políticos son otros muy distintos a los que me voy a referir ahora distinguiendo los que requieren retoques constitucionales de otros que no los exigen.

Entre aquellos asuntos de importancia que nada tienen que ver con la reforma constitucional destacan los relacionados con asuntos exteriores y con el bloque general de libertades civiles. Quizá por exigencias de la más importante de sus promesas electorales, la relativa a la retirada de las tropas de Irak, Zapatero es el primer presidente de Gobierno que comienza por preocuparse por la política internacional en lugar de dejarse atrapar por ella al final de su carrera. Además de la retirada fulminante de las tropas, durante los tres primeros trimestres de su mandato ha retomado la relación tradicional con Francia y Alemania, ha enfriado las relaciones con Marruecos, ha cambiado el paso en el problema de Gibraltar y está procurando recomponer el contacto fluido con EEUU averiado por algunas ingenuidades no necesariamente inocentes. El atrevimiento de su iniciativa sobre la Alianza de Civilizaciones descubre un político cuyo interés por los asuntos internacionales no es sólo cuyuntural y que posee una ambición personal de la que habría que tomar nota.

En el bloque general de libertades civiles, y dejando aparte el inevitable problema de la inmigración respecto al cual parece existir por primera vez una política clara, lo más llamativo es una serie de proyectos que van desde la simplificación del divorcio a la facilitación del aborto, pasando por el matrimonio homosexual con posibilidad de adopción y por la ley ya vigente sobre violencia de género. Creo entender que en estos temas no hay marcha atrás porque cuentan con el apoyo de los partidos minoritarios y porque fidelizan una parte importante del electorado, mientras que se olvidan fácilmente de la otra parte que se escandaliza genéricamente pero luego no siente que se desploma el cielo.

Y no hay marcha atrás a pesar de la oposición frontal de la Iglesia Católica que se siente perseguida; pero con la que hay espacio para la negociación en base a materias como la educación, la financiación y la eutanasia, un tema éste que, al no formar parte del programa del PSOE, parecería que ha sido introducido por la propia Iglesia no solo de manera preventiva, sino también para ampliar la capacidad de negociación.

No son estos asuntos triviales ni mucho menos; pero donde el temporal político va encontrar su tormenta perfecta va a ser en las propuestas de reforma constitucional que tienen que ver con la organización territorial del Estado. Dejo pues de lado la eliminación de la discriminación en la sucesión a la Corona, asunto éste que quizá no debería mezclarse con los demás, y me concentro en la plasmación constitucional de la renovación estatutaria que está ya en marcha en Cataluña y Euskaki, en la correspondiente reforma del Senado y en la mención expresa de las CC.AA existentes denominándolas de una manera que realce o difumine su naturaleza de comunidades nacionales.

En este asunto el PSOE que ya fijó posición en Santillana hace dos años, no puede defraudar a sus apoyos nacionalistas y el PP no puede ceder so pena de ver socavada su base electoral. Es difícil vislumbrar quién puede ser hoy la pareja Guerra-Abril que hace un cuarto de siglo disciplinó la redacción de la Constitución; pero tendrá que emerger. Y mientras tal cosa ocurre el Gobierno no va a tener más remedio que tomarse muy en serio sus relaciones con las CC.AA y especialmente con las gobernadas por partidos nacionalistas. El inicio ritual (aunque no vacío) de los contactos periódicos con los presidentes autonómicos permite concebir esperanzas para la solución de conflictos latentes (como la financiación sanitaria por ejemplo) y esto, junto con la posibilidad ya inaugurada de que esos presidentes acudan a determinadas reuniones de la UE, constituyen dos gestos significativos que apuntan en una dirección específica. Pero si estos amagos se abortan, el culatazo durante el 2005 puede ser importante.

Y es justamente aquí donde yo ubico el centro de esa tormenta perfecta que vamos que tener que capear. No se trata de que la cuestión territorial vaya a distraernos de grandes asuntos macroeconómicos inexistentes, sino de que posiblemente dicha cuestión territorial vaya a desviar la atención general del problema de la productividad a largo plazo, una cuestión serísima que no puede dejar de pasar por la educación en todos sus niveles y por la investigación científica y tecnológica. El Ministerio de Educación y Ciencia tiene ideas, dialoga sectorialmente, se presenta a la opinión pública poco a poco y sin alharacas y va adquiriendo un tono de seriedad apreciable.

Lo que hace falta es que el Gobierno como tal internalice la seriedad del envite y llegue a darse cuenta de que aquí hay espacio para un nuevo pacto de Estado, una vez que han saltado por los aires el de justicia y el antiterrorista. Un pacto sobre material tal es posible porque no tiene grandes implicaciones electorales, porque el encontronazo con la Iglesia puede suavizarse a través de él y porque al ser sus efectos a medio y largo plazo no excita los ánimos de los posibles negociadores. Y España lo necesita. Necesita que se reconforme una comunidad de docentes e investigadores que vuelvan a sentirse parte de un proyecto común. Nada mejor a hacer, en este año 2005 de atonía económica, que poner las bases de una comunidad así que incluya también a aquellas empresas con visión de largo plazo.

Termino diciendo que nada más patriótico hoy que poner en red a toda esta gente del mundo de la inteligencia, trabajen donde trabajen, y pedirles que sean los mejores en el mundo. Son ellos los que a largo plazo van a transformar a España de un país seguidista en un verdadero líder.

«España 2005» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 13 de Enero de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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