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Escapada

Dentro de unos días me pasearé bien acompañado por París y me parece que quiero visitar algunas exposiciones a ver si soy capaz de deshilachar lo conocido y sumergirme en lo incomprensible.

El restaurante del PompidouNo soy muy aficionado a los museos, pero de vez en cuando, en un momento dado, disfruto mucho de ellos. Cuando llega ese momento no me conformo con uno y los voy enlazando tratando de encontrar un nexo de unión y encontrándolo, solo a veces en lo que veo, y muy a menudo meramente en mi cabeza, que siempre se las arregla para encontrar hilos con los que tejer algo. Eso me pasó en Madrid no hace mucho tiempo cuando de una tacada visité un par de exposiciones sobre el surrealismo (en sus orígenes, avant la lèttre o en su relación con los sueños) y otra sobre japonismos. No era muy difícil trazar unas líneas de relación entre Magritte y, sobre todo Delvaux, el diseño de telas sutiles y el noucentisme catalán. Pensemos en Fortuny y ya tenemos de donde tirar para desenredar el ovillo.

GravityEse hilo es desde luego la domesticidad propia de estas fechas, tan calentita, tan al socaire de sustos que no sean provocados por nosotros mismos. Una domesticidad que recuerda a la sensación que evoca el final de Gravity cuando la Bullock llega sana y salva de vuelta a la Tierra y nosotros los espectadores dejamos de verle flotar y sentimos su sufrimiento por tener que esforzarse por vencer la gravedad. Ese toque de leve sufrimiento, como el de sentir el agua un poco demasiado caliente, es lo que define la domesticidad de los Arts and Crafts de los que hablaba María hace días y de la que yo me hacía eco indirectamente en este post relacionado con otra visita a París hace un año.

Llevo unos días en mi ciudad y todavía no he visitado ninguno de los dos museos que frecuento. Guggenheim y Bellas Artes. Ya tengo bastante domesticidad. Pero dentro de unos días me pasearé bien acompañado por París y me parece que quiero visitar algunas exposiciones a ver si soy capaz de deshilachar lo conocido y sumergirme en lo incomprensible. Son solo unos días pero me tienen que servir para hacerme a la idea de que existen cosas, situaciones y sensibilidades que nada tienen que ver con el tedio de la repetición.

BraqueYa sé que quiero ver la exposición de Braque en el Grand Palais a ver si me entero del mérito del cubismo como victoria de la geometría sobre la vida sin forma y me hablan de que no me puedo perder la exposición de Phillip Parreno en el Palacio de Tokio. Siempre visitaré el centro Pompidou, entre otras cosas porque desde su restaurante, asequible a turistas como yo, la vista de París es preciosa y ya tengo ganas de ver una ciudad grande que se vea que es grande. Además siempre hay algo interesante que ver en esa joya de la arquitectura. Además visitaré como a ciegas esos pequeños museítos casi desconocidos en los que he visto a menudo verdaderas sorpresas.

Y si bien renuncio de antemano a restaurantes como L´Ambroisie, me gustaría confirmar que mi sentido del gusto no se ha desaparecido para siempre. Quizá la Tour D´argent y quizá, si me las arreglo para venderlo bien a mi compañera de viaje, el Jules Verne en la Torre Eifell. No he estado allí desde hace muchos años cuando asistí a un congreso en el que recibí, siendo muy joven, el reconocimiento de Milton Friedman. Bueno, quizá no debiera regodearme en este tipo de memoria. Me hace viejo.

«Escapada» recibió 0 desde que se publicó el jueves 26 de diciembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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