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Escalofrío

Cultura y represiónMe gustaría saber por llegué a pasar miedo en una discusión, entre amigos, sobre la cultura y su supuesta disolución en un mundo postmoderno que no distinguiría entre un Velázquez y una tira manga, entre Wagner y Antony, entre Tolstoi y Dan Brown y que, para colmo, se vende como si fuera chicle en esas tiendas de chuches en que se han convertido los museos antaño templos de lo sublime. Quizá es que no entendí la discusión ya que pienso que eso que llamamos cultura y que consideramos más o menos sagrado, es, siempre y a la postre, una forma de dotar de sentido al mundo y ayudarnos a los seres humanos no solo a no sentirnos desvalidos, sino también a convivir en fraternidad.

Lo consigue en dos pasos no necesariamente secuenciales. En el primero elabora, en una especie de juego evolutivo, pautas sociales que nos ayudan a no matarnos, proporcionándonos así tiempo para pensar en lugar que tener que dedicarlo a defendernos de los demás. Pensar lleva tiempo y si elaboramos esas pautas sociales lo ahorramos en todo y especialmente en la toma de decisiones que, de otra forma, nos tendrían angustiados. En un segundo paso la cultura transforma esas pautas en términos lingüísticos y elabora un relato que nos contamos a nosotros mismos antes de conciliar el sueño y para poder conciliarlo sin miedo a mundos desconocidos.

Si hay algo de lo que no tengo duda es de que desde hace años carecemos de un relato convincente que nos arrulle. El relato viejo, materializado en la High Culture, se nos ha quedado inservible en todos los dominios en los que se manifiesta y la low culture no acaba de materializarse en un relato único confortable y acogedor.

Cada cual en su campo sabrá en qué medida precisa es esto cierto o solo lo es a medias o no lo es en absoluto. Pienso, al socaire del recuerdo de la discusión, en música, pintura, inteligencia artificial, literatura, filosofía (y también, más allá de la discusión concreta, en cualquier otra forma de sublimar con la que estemos más familiarizados por razones profesionales o de simple afición). En los campos en los que yo paseo a la búsqueda de sentido me da la nariz que, efectivamente, estamos sin relato. O, como decía el otro día, vivimos en un mundo sin heurística. En otra ocasión trataré de sugerir que esto es cierto en Economía, mi campo profesional, y que ello es en parte causa y en parte efecto de la crisis que sufrimos desde hace casi cinco años. Pero ahora no tengo más remedio que tratar de entender por qué me da miedo este fenómeno de falta de relato que, a mi juicio, se reflejaba en la propia discusión acalorada de una noche de sábado bien regada.

No me da miedo que se discrepe acaloradamente sobre si hoy es más culto alguien que se orienta bien en ciencias de la computación que alguien que disfruta íntimamente del Giotto, si el Google Art Project es solo información y es incapaz de transmitir la verdad de la obra original o si la experiencia de la música puede ser captada en toda su potencia en un cedé o si sería para ello mejor un vinilo. Creo que la experiencia de lo sublime no está mejor comunicada en la trucha de Schubert, un tema pastoril, que en otro lieder, el de canción para un un niño muerto, esta vez de Mahler y más bien trágico. Y, desde luego, no puedo ni dar prioridad a la erudición sobre la atención y el deseo de entender, ni a la experiencia sobre la intuición. En este trabajo de búsqueda de sentido estamos metidos muchos esforzados mineros que, además, contrastamos nuestras sensaciones con los hermanos a fin de elaborar un relato compartido que contar a nuestros hijos. Y no se sabe quién va a encontrar la buena veta y quién va a topar con el diamante. Por esa última razón, seguramente no compartida por quien no quiere creer que un pobre de un pueblo indio pueda rehacer él solo prácticamente toda la matemática, no cabe erigirse en juez de la adecuación de la búsqueda que atribuye inocencias y juega con eximentes, atenuantes o agravantes.

Esto es lo que me da miedo, casi me aterroriza, el autoritarismo en una materia como esta que nos concierne a todos en lo más íntimo, desde el experto que trabaja en los sótanos de los museos vaticanos, hasta el campesino que una vez hizo cola en el Museo del Prado atraído por la propaganda diseñada, no para él, no para distraerle de su opresión, sino para obtener fondos que permitan contratar a mejores expertos en un pintor determinado o quizá a un físico de partículas que sabe cómo examinar una vieja pintura bajo un haz controlado de neutrones.

Cualquier intento, consciente o inconsciente, de revestirse de la autoridad que da la toga de ese magistratura es una traición a los mineros del diamante, esos hermanos que quizá un día iluminaron con su pobre lamparita ese rincón escondido en donde el self-appointed juez inició el camino que le liberó de la angustia de la falta de sentido. Este ataque a la fraternidad ya no solo me da miedo, me produce escalofríos. Casi una tiritona enfermiza si pienso que muchas de las personas que, con toda su buena intención, pretenden orientar al pueblo con el resultado de sus investigaciones sin escuchar las opiniones de todos y cada uno de lo hermanos que forman ese pueblo, no son más que instrumentos de ese poder que cuando no sabemos en dónde habita solemos escribir con mayúscula. El Poder se dice de muchas maneras y actúa en todos los frentes. No podría estar ausente de la ceremonia en la que se cuece lo crudo de la experiencia hasta convertirlo en lo cocido de lo que nos alimentamos. Este Poder que nos rodea no puede dejar sin vigilancia la elaboración del relato y para ello se vale de emisarios involuntarios.

«Escalofrío» recibió 4 desde que se publicó el domingo 29 de abril de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  2. […] dos semanas y sobre lo de la cultura ya he dado mi opinión en al menos dos posts, el ya enlazado y este otro. Una opinión iluminada por la luz que me daña la vista y que me ha llegado […]

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  4. […] me produce el autoritarismo en materia cultural (y en toda otra actividad debo añadir) y sobre el escalofrío consiguiente cuando caigo en la cuenta que ese autoritarismo no es sino parte de un dispositivo de […]

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