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¿Es un fraude el posmodernismo?

Leer los periódicos en verano, deberí­a decir con más propiedad en las vacaciones de verano, es una tarea dificil porque cambian de naturaleza, pasan a ser escritos por becarios y hablan de cosas que no parecen noticiables. Esto es lo que hace de ese ejercicio una aventura peligrosa.

Una entrevista en la Vanguardia al ensayista argentino Juan José Sebreli me ha puesto en funcionamiento despertándome por un momento de la somnolencia que me proporciona la belleza de lo que Pla llamaba el Empurdanet y me ha conducido por caminos llenos de minas.

Dicen que Sabeli dice: ” El Posmdernismo es un gan fraude”. Muy apropiado para echar la siesta; pero a mí­ me ha disparado y me ha irritado. Como se trata de una entrevista destacaré solo lo que el que ha compuesto el texto destaca. Además de criticar la oscuridad de los pensadores posmodernos franceses como Derrida, Barthes, Deleuze o Lacan y olvidarse del terible Foucault añadiendo al pobre Althuser, les acusa de antirracionales ( cuando lo que son es precisamente hiperracionales) aunque admite que “es positivo criticar los excesos del racionalismo, pero para eso se recurre a argumentos racionales” . Su leitmotive es muy sencillo: ” Lo que se llama posmodernidad es en realidad antimodernidad: estar en contra del mundo moderno”, algo que debe de ser muy grave porque la modernidad es lo único que tenemos de respetable como herencia de la Ilustración, ese proyecto que no deja de ser liberador a pesar de todos sus defectos, dice Sebreli.

Tendrí­a que darse cuenta, sin embargo, de que no hay irracionalismo posible, que no tenemos más remedio que ser racionales; pero que el racionalismo se dice de muchas maneras, algunas de las cuales parecen tan raras que las mentes cientí­ficas se irritan hasta extremos csi ridí­culos como les ocurrió a Brickmont y a Sokal. Pero no es eso lo que quiero defender del posmodernismo o para lo que quiero utilizar la entrevista veraniega con Sabeli.

Lo que quiero es ponerla en relación con otras dos lecturas veraniegas de esas que parecen que resbalan pero que acaban perfilando tu sensibilidad. The Black Swan es una demostración de que la literatura de aeropuerto mjora sensiblemente. Su autor, N. N. Taleb ya saltó a la fama como autor de otro best seller, Fooled by Randomness, y en esta ocasión quiere llamar nuestra atención sobre las implicaciones de todo tipo del problema de la inducción yendo más allá de las obvias.

Una de estas implicaciones que me ha llamdo la atención y que, como ahora veremos, tiene relación con el posmodernismo es lo que llama a Narrative Fallacy, es decir esa creencia extraña de que para que algo tenga sentido, es decir se entienda y vaya a algún lado, debe formar parte de una historia o de un cuento con todas sus formas tradicionales. Según Taleb es que estamos hechos así­ neurológicamente para comprimir la información y hacer más fácil su recuerdo. Yo me atreverí­a a interpretarlo como diciendo que la teorí­a es solo una regla nemotécnica que a menudo nos engaña y nos vela visiones alternativas.

Pero no creo que sea solo un problema neurológico, sino también una manera de acumular conocimiento socialmente compartible. Sin la narración no somos nada, esto justamente es lo que están diciendo los posmodernos quienes lo aprenden de los hermeneuticos como Gadamer quienes a su vez parecen haberlo entendido de esos dos monstruos con los que soñamos en nuestras más cobardes pesadillas como son Nietsche o Heidegger.

Y sin embargo su apogeo coincide con la muerte de la gran narración, abriendo la puerta a las interprtetaciones neurológicas. He aquí­ justamente lo crucial de la distinción. La gran narración de la aventura humana como un camino lineal de liberación parecido a la gran emigración hacia el oeste americano, es un cuento que ya no nos lo tragamos sobre todo porque no hay aventura común y porque cada grupo tiene su mito fundador que le refleja y sostiene, algo de lo que se ha ocupado el gran Levy Strauss a quien Sabeli parece respetar. La gran narración se desmiga en pequeñas e irreductibles narrativas a las que presta toda su atención esa corriente que los americanos han dado en llamar la French Theory y que a mí­ me parece tan liberadora como para permitir que me sienta al mismo tiempo totalmente prescindible y parte imprescindible de un grupo humano especí­fico y diferente.

Por lo tanto a mí­ no me parece el posmodernismo un fraude sino más bien la consecuencia paradójica de la honestidad intelectual y de un saludable escepticismo. Exactamente lo mismo que me parece la citada hermenútica de Gadamer y Ricoeur que entendieron y me hicieron entender la distinción de Dilthey entre Verstehen y Erklí¤rung, entre comprender y explicar, algo sobre lo que he vuelto a leer en ese libro antiguo y raro que se llama Economics and Hermeneutics y que fue editado por el difunto Don Lavoie.

Quizá con estas dos nociones que enseguida trataré de explicar, podamos entender, como un subproducto interesante, algunas extrañas maneras de hacer economí­a que llevan ya tres décadas perfilándose como el paso de la Ciencia Económica desde una afición intelectual a una verdadera ciencia.

Comprender es hacer tuya una idea propia o de otros ubicándola en la tradición de las que formas parte, mientras que explicar es dar razones para que creamos como plausible un conjunto de factores interconectados que darí­an cuenta de una realidad aunque esa explicación sea un sinsentido para la tradición en la que comprendemos.

El posmodernismo es afirmar que la explicación suele estar tintada de tradición y que mejor harí­amos en saberlo y tenerlo en cuenta, sin creernos que los datos son puras reliquias arqueológicas que no mienten a quien sabe leerlas. La cuestión es que hay muchas maneras de leer todas ellas dependientes de quien nos enseñó a leer.

¿Nos dice algo todo esto sobre el sutil o no tan sutil cambio que se está operando en el quehacer de los economistas? Yo creo que nos dice algo que no se entiende muy bien todaví­a.Parecerí­a que la dsponbilidad de datos y la facilidad de su manipulaciñon esté haciendo de la teorí­a económica una ciencia como las naturales que no tiene trasfondo cultural, sino solo hechos que han de ayudar a perregeñar una explicación libre de supesticiones. Y sin embargo yo creo detectar en los viejos rockeros, con excepciones, una nostalgia por la historia que da cuenta de esos y otros datos de acuerdo con un cierto a priori dificil de justificar.

Es como si uno echara de menos la sociedad intertemporal de los economistas de todos los tiempos y se encontrara en un territorio desconocido que debe volver a cartografiar cuando ya a penas le quedan fuerzas. Pero el caso generacional y la sensación de inconsecuencia que acompaña a la vejez no debe ser obstáculo par entonar un cántico de alegrí­a por las novedades que las generaciones nuevas nos traen consigo.

«¿Es un fraude el posmodernismo?» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 17 de Agosto de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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