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¿Es Parmalat el Enron Europeo?

Publicado en Actualidad Económica el 26 de febrero de 2004

Con todas las cautelas procesales que sean necesarias no parece muy aventurado el sospechar que algunos ejecutivos de Enron y de Parmalat, con el apoyo ocasional de algún cónyuge, utilizaron su creatividad contable para defraudar a sus respectivos accionistas. Como el presunto fraude es común a ambos escándalos parecería que son iguales. Sin embargo existen diferencias significativas cuya contemplación podría ilustrarnos sobre algunos asuntos de enjundia.

Dejando aparte las conocidas diferencias entre los EEUU y Europa respecto a las prácticas contables relativas a la consolidación de filiales off-shore, al adelantamiento de beneficios futuros o a la consideración de las stock options, diferencias que se irán limando con la aprobación de las nuevas reglas contables internacionales, merece la pena llamar la atención sobre algunas diferencias que existen entre uno y otro escándalo en los ámbitos culturales, políticos y económicos aparcando, en este último ámbito económico y de momento, el espinoso tema de las auditorías y del control de los auditores. Sostenidos por la reputación y tentados por los clientes-capturadores, los auditores sólo pueden ser controlados por la competencia; pero una segunda opinión sobre toda esta problemática tendrá que esperar a otra ocasión.

Comenzaré por las diferencias culturales y por las correspondientes a dos sistemas judiciales muy diferentes. Mr. Fastow, antiguo chief financial officer (CFO) de Enron se ha declarado culpable a cambio de que no imputen a su esposa, que parecía estar involucrada en alguna de las empresas fantasmas que recibían fondos desviados. Estas transacciones no son posibles en el sistema judicial italiano, en el que se dirime el caso Parmalat, y en el que la esposa de Tonna (CFO) ha retirado fondos de alguna empresa instrumental ataviada con un abrigo de cuero con cuello levantado sobre la nuca y protegida detrás de unas gafas negras. En EEUU la esposa es sagrada y sin ella el hogar no se sostendría. En la cultura italiana ese papel se reserva para la madre mientras que la esposa es, además de santa, una socia y una colega.

Cabe llamar la atención, en segundo lugar, sobre la diferencia en los reflejos de una y otra administración. La italiana pretendió de primeras tapar el agujero con dinero público; la americana ha practicado política de hands off, al menos aparentemente y a pesar de la cercanía entre el presidente de Enron, Keneth Lay, y las más altas instancias de esa administración.

Pero la principal diferencia entre Enron y Parmalat es económica y relacionada con la diferente aportación que una y otra empresa han hecho a la creatividad y a la innovación institucional. Parmalat trató de diversificarse; pero lo hizo hacia sectores cuya naturaleza desconocía. Enron se diversificó inteligentemente entre generación y operaciones relacionadas con el intercambio (trading) de electricidad. Puede discutirse si la diversificación crea o no valor social en general; pero los argumentos a favor son sólidos siempre que se centren en la posible potenciación de mercados adicionales que sirvan para mitigar el riesgo.

Y es precisamente en esta función de gestión del riesgo en la que Enron hizo algo realmente creativo e innovador. Creó y mantuvo un mercado sobre el clima -así como suena- que permitía operaciones de cobertura de riesgos mediante apuestas sobre el estado futuro, en diferentes fechas, del tiempo atmosférico; una variable que condiciona seriamente el coste del kilowatio, porque el clima influye tanto en la demanda, con mayor o menor necesidad de calefacción o refrigeración, como en la oferta al afectar a la fuente de energía que estará disponible -hidráulica si llueve-. Parmalat podría haber hecho algo similar. Dicho sea en tono jocoso, el rendimiento lácteo de una vaca depende de los jugosos que sean los pastos y esa cualidad depende del clima. Enron defraudó e innovó. Parmalat, que sepamos, sólo defraudó. Es como una metáfora de las diferencias entre dos formas de entender el capitalismo: la americana y la europea, o quizá sólo la italiana.

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