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¿Es Natascha dueña de sí misma?

Imaginen que encuentro debajo de la tierra del amplio jardí­n que rodea mi casa del Baix Empordí unas restos arqueológicos griegos como los de Empuries. No puedo hacerlos mí­os del todo en contraste con lo que ocurrí­a, en el derecho romano, con aquella institución, la del Tesoro, que me tocó en el examen final y cuya definición en latí­n creo que todaví­a recuerdo (“est vetus quodam dispositio pecuniae cuius non estat memoria ut iam dominum non habeat”).

Mi descubrimiento tiene que pasar al dominio público porque a todos nos interesa lo que mi tesoro nos dice de nuestra común ascendencia. Quizá yo pueda ser el propietrio de esos restos; pero no puedo embellecerlos, ocultarlos, subastarlos en Christies o venderlos a un coleccionista loco sin que los hayan estudiado los arqueólogos, antopólogos o acaso lingí¼istas.

Natascha es como un tesoro desde otra perspectiva; pero tampoco es dueña de sí­ misma. Tiene que entrar en el dominio público. Su experiencia es un experimento natural que no puede desvirtuarse en exclusivas, seriales televisivos o en la edición de memorias. Primero tiene que ser curada hasta donde sea posible por los expertos psicólogos como mis imaginarios restos griegos son cuidados por los arqueólogos. Luego tiene que estar a disposición de lingí¼istas para saber en qué medida el instinto básico del lenguaje puede desvirtuarse por una lengua hablada con una sola persona o una común pero siempre distante; de sexólogos por razones obvias y variadas relativas a ella y a su secuestrador; por los psicólogos adecuados, además de los que le proporciona el Estado austí­aco; por sociólogos que exploren el proceso de socialización; por filósofos que destapen el asunto Hegeliano del amo y el exclavo y hasta por militares que aprendan técnicas de resistencia a la tortura.

Y seguramente hay otras muchas cosas más que aprender de este experimento que nadie hubiera querido , pero que es natural e incontaminado como lo es una mosca dentro de una gota de ámbar y que está ahí­ disponible para ser examinado con ojos curiosos y no exclusivamente codiciosos o terapeúticos. Tratemos de estudiarlas concienzudamente. Seguramente es lo que más debemos a Natascha.

Pero Natascha puede hacer lo que quiera con su tesoro como si estuviéramos en el derecho romano. Parece ser que es mayor de edad, pero ¿lo es realmente? Esa es otra cosa que habrí­a que dilucidar junto a todas las demás que he mencinado o que vayan surgirendo.

Una de las más inmediata es si no tendrí­amos que modificar nuestras ideas acerca de las limitaciones económicas a la innovación o a la ciencia. Mi reacción inmediata es que en un caso así­ el Estado deberí­a tener como un derecho de tanteo para salvarla de la codicia de quienes le prometen hacerle rica mientras ellos se hacen todaví­a más ricos y ponerla a disposición de ella misma pagándole un euro más que la mejor oferta que reciba a cambio de su disponibilidad para colaborar, en condiciones pactadas, con los cientí­ficos.

«¿Es Natascha dueña de sí misma?» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 13 de Septiembre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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