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¿Es la Universidad mi isla?

Terminaba ayer preguntándome a dónde ir y D.de U. me comentaba que a cualquier sitio donde se pueda hablar franco y sin miedo a nada tal como querría Foucalt. ¿No será la Universidad un sitio así? Me lo preguntaba de hecho el otro día con ocasión del doctorado Honoris Causa que la Carlos III otorgó a Nicolás Sánchez Albornoz y a Maria Emilia Casas.

Creo que hace mucho tiempo que no había oído cinco discursos tan brillantes a cargo de los dos doctorandos, sus respectivos padrinos y del Rector. No solo las comas estaban en su sitio sino que además en todos los casos esas personas se enfrentaban con entusiasmo ante problemas que sabían de antemano que, al no tener solución, no hay más remedio que atacar oblicuamente y de la forma más inteligente posible sin dejarse llevar por la dependencia del recorrido del conocimiento.

Aprendí mucho sobre dónde están hoy la historia económica y el derecho y el sistema de relaciones laborales mucho más amplio este último que el (mal)llamado mercado del trabajo. Recordé maravillosas anécdotas de la vida de Nicolás, una vida llana de verdad y anécdotas que me recordaron aquel dictum de Aristóteles sobre lo malos que son un discípulo y su maestro si aquel no sobrepasa a éste.

Había en este acto y en los discursos mucho de posmoderno desde un discurso moderno, pero en la ceremonia se injerta todo ello con tradiciones medievales que mezclan la pureza de los guantes blancos con el anillo que te hace responsable de dar fe como si fueras un notario de la verdad, con la superioridad del birrete y la humildad que debes profesar por respeto a tus maestros. No estoy seguro que me guste este aspecto medieval por lo que tiene de conservador, pero creo que sí me gustaría el aspecto fraternal de la recepción en el claustro si la salmodia fuera cierta, pero desgraciadamente no lo es.

Luego tuvimos comida y me senté al lado de uno de los otros discurseadores con el que entablé una amable conversación sobre las rencillas internas dentro de un institución como la Universidad. Yo les llamaba “mezquindades”, pero él me iluminó al contarme que su maestro afirma que esas actitudes reflejan “poquedad de alma”. Una expresión que me gustó mucho y que pienso usar sin citar la fuente en defensa de la libertad de copia aunque con el mayor de los respetos y sin apropiármela.

Pensé que la Universidad tampoco es el sitio donde uno puede refugiarse de las acechanzas de un mundo que incita a la doblez.

«¿Es la Universidad mi isla?» recibió 0 desde que se publicó el lunes 30 de enero de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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