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En realidad de verdad

El tí­tulo de este post corresponde a una expresión que utilizaba mi madre cuando querí­a comunicar que ya bastaba de especulaciones y que la verdad era la que ella se aprestaba a enunciar. Para ella la verdad tení­a que ver con esa realidad que ella podí­a discernir y que podí­a contárnosla si, de una vez, dejáramos de especular.

La frase que tantas veces oí­, me he vuelto a las mentes al seguir la polémica en EXPANSION entre Roberto Centeno y Juanjo Dolado en relación a los efectos de la inmigración en España y, secundariamente, sobre la capacidad como economista del candidato a alcalde de Madrid Miguel Sebastián.

Dijo Centeno que el informe con el que la Oficina Económica del Presidente conmemoraba el cambio en su dirección exigida por las aspiraciones polí­ticas de Miguel Sebastián, era mediocre y cometí­a errores de bulto. No tardó mucho en responder Juanjo Dolado afeando a Centeno su falta de profesionalidad y su manera poco educada de referirse a Sebastián. Respondió Centeno sin argumentos serios y con su sanguinolencia habitual. ¿ Cómo podrí­a el lector de EXPANSION hacerse una idea cabal de la problemática de la inmigración en España?

En realidad confrontamos este problema todos los dí­as al leer los periódicos y es horrible imaginar el pavoroso vací­o en el que se encuentra quien lee varios diarios y no tiene otros elementos de referencia. No citaré las teorí­as conspirativas sobre la tragedia de 11/M, pero podrí­a hacerlo, lo mismo que podrí­a hablar de la discusión sobre el creacionsmo o sobre la existencia de Dios o sobre el revisionismo histórico respecto a nuestra guerra civil liderado por historiadores poco reconocidos por la profesión aunque últimamente sostenidos como por un hilo por Stanley Payne. O podrí­a referirme incluso a la negación del holocausto.

Cualquiera de estos casos plantea un idéntico problema que mi madre hubiera tenido que zanjar con su autoridad de matriarca vasca. Pero si de momento, y solo de momento, precindimos de la autoridad como forma de discriminación de teorí­as ¿ cómo podemos elegir entre ellas?

El elemento de autoridad no es nunca eliminable en mi humilde opinión. Solo lo serí­a si tuviéramos una teorí­a sobre la verdad que insistiera en que ésta es una correspondencia entre la torí­a y lo que realmente ocurrió. Esta es la única definición de verdad acepatable; pero esto no zanja el problema, sino que lo pone de manifiesto. Pues es eso justamente lo que no sabemos de primera mano, sino solo por testimonios obtenidos, tratados y luego expuestos a la luz pública por los historiadores profesionales. El problema, insoslayable e imposible de solucionar del todo, es el problema propiamente epistémico: cómo saber que sabemos.

Y yo no veo más que una solución que no sea una mera definción de verdad reiterada hasta el infinito. Lo único sensato y yo dirí­a que honesto, es atender a la coherencia de lo que se plantea de nuevo con lo que ya cremos saber. Es decir, la verdad como coherencia que, ineluctablemente apela a la autoridad de los que se asocian como profesionales de la especialidad que nos concierne. Estas profesionales tienen sus filtros y aunque estos no sean perfectos y, como en todas las profesiones, haya compromisos y alguna trampa, la competencia entre ellos es la única manera quese me ocurre de decidir lo que creemos. No podemos, en efecto, decidir por nuestra cuenta que tal y tal cosa se explica a mi manera en contra de la opinión informada y solvente de la profesión correspondiente. Sí­ podemos pedir audiencia a los miembros de esa profesión y pasar por el filtro de sus reuniones cientí­ficas.

Pero lo que no podemos, no es honesto, es intentar ganar una batalla dialéctica ante una audiencia de personas repetabilí­simas que, sin embargo, no están entrenadas a pensar en los términos exigidos por la práctica habitual de los expertos que se quema las pestañas trabajando y leyendo a los demás.

De ahí­ la responsabilidad de los medios no especializados en la elección de sus colaboraores de opinión. Pueden modular lo que ofrecen a los lectores y pueden hacerlo desde distintas perspectivas de interés; pero lo que no pueden es dar la misma audiencia a Dawkins que al cura de la parroquia, aunque éste se un poco como mi madre y esté dispuesto a zanjar la cuestión de realidad y la de verdad.

Pues lo mismo pasa con Juanjo Dolado y con Roberto Centeno. Busquen su c.v. y comparen. No lo hago yo para no privarles del placer del descubrimiento.

«En realidad de verdad» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 9 de Diciembre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. iñ dice:

    Me dirás, como otras veces, que eres un “simple economista”, pero tienes que reconocer que para ser eso, acabas siempre dándole vueltas a cosas bastante alejadas del mero profesional de la economía (alejadas de su representación, no de su uso, claro). 🙂

    Aristóteles se obsesionó con ésto. Si cada trozo de lo real nos ofrece un dominio de verdad, al que nos acercamos cuanto más profundizamos, ¿cómo articularlos todos sin caer en la vacuidad, esto es, en la mera sofística? Y en términos políticos o sociales, ¿cómo formar un suelo común de verdad que posibilite un diálogo que nos acerca progresivamente a ésta? Y, para las aspiraciones filosóficas, ¿cómo dejar de hacer todo ésto?

    Aristóteles se encontró de bruces con que no había solución a este dilema, y que, sin embargo, sólo buscándolo se conseguía manejarlo. Apelar al “prestigio”, apoyado en el cv, es, realmente, otra forma de posponer el problema, porque ¿cuál es la ciencia del cv que poseemos todos que nos permite discenirlos del mismo modo?

    Hay una forma de suspender toda esta tensión tan frustrante: anulando la petición de un conocimiento común, de una dialéctica común. Lo que pasa es que esta alternativa puede resultar un poco desoladora tras tanta esperanza de verdad y conocimiento comunes. Quizás ahí esté el asunto.

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