Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

En Basilea

Se encontraron de frente con el Schifffahrtsmuseum Verkehrsdrehscheibe Schweiz, un recuerdo de la necesidad de llegar al mar que tiene Suiza en su búsqueda de libertad.

barcos sorolla
La siesta no duró mucho y, como ella no pidió nada más de él, parecía claro que no necesitaba templar los nervios. Se vistió y con un aufwiedersehen casi inaudible abandonó la habitación y en cinco minutos estaría, calculó él, en el auditorio empuñando la batuta. Juan pensó que esto le permitía tomar un tren a Basilea, ver algo de pintura y volver rápidamente para estar en el hotel cuando ella, agotada, volviera para hacer una cena ligera y tardía. Ese horario que los músicos debían de odiar le daba a él la tranquilidad y el tiempo de pensar sin necesidad de dictáfono, aparato odioso, y prohibiéndose el tomar notas en cualquier pequeña agendita que siempre llevaba con él. Le bastaba resbalar la mirada sobre el campo y dejar que el pensamiento divagara a su antojo.

Suiza seguía llamándose oficialmente Confederación Helvética y los carteles en las breves paradas de tren se lo recordaban a menudo. Pensó que en esto como en otras cosas Euzkadi podría dar una cierta lección a España. Bastaría con que ese territorio prohibido para él, pero nunca alejado de su mente, una ley interna lo declarara así de manera que Gazteiz fuera como Berna y Donosti y Bilbao como Lausana y Zürich respectivamente, cada una capital de su cantón. Nada impediría que las correspondientes Juntas Generales fueran como pequeños parlamentos y sería muy fácil alcanzar la anonimidad de los dirigentes políticos. Dentro de cada territorio florecerían fácilmente esos pequeños negocios, más bien tecnológicos aunque no de tecnología punta, y así sería por la facilidad con la que se podrían arreglar casi cualquier problema laboral y todas las tensiones dentro de cada empresa sobre todo dentro de las cooperativas cuyo funcionamiento había estudiado curiosamente en una extraña universidad del Sur de los EE.UU.que,al tiempo que parecía haber descubierto la teoría de la complejidad, utilizaba las cooperativas de Euzkadi como ejemplo de cómo manejar esa complejidad organizativa sin detrimento de la productividad y dividiendo el trabajo entre la producción nacional y exportación.

Cuando a su vuelta a Madrid le contara a Ramón esta intuición ya tenía garantizada una buena escandalera en cuanto este colega se diera cuenta de que el ejemplo era inmediatamente «exportable» al resto del estado español tal como gustaba decir Juan delante de Ramón para que este entrara en cólera y ensordeciera a los comensales de las mesas aledañas a la suya. Pero le pareció conveniente pensar mejor cuándo decírselo. Podría hacerlo antes de invitarles, a él y a Mercedes a su pequeña casa para enseñarles su manera de exponer como obras de arte sus distintas líneas de trabajo clasificadas por colores y todas sobre un lienzo aparentemente descolorido y vacío aunque con un cierto tono que correspondía a la compleja interacción entre todas las líneas de trabajo y cuyo continuo retoque le hacía pensar que, contrariamente a Ramón, nada grantizaba el final de la investigación en alguna clase de verdad. O podría hacerlo después de esa experiencia que, sin duda, acabaría a gritos ante el horror de Mercedes cuyo trabajo profesional había hecho de ella una adoradora de la conversación intrascendente sin tentaciones de confrontación. Pensó que era mejor esta segunda opción pues para la primera conversación era conveniente que estuviera Machalen delante pues ella podría decir, por su boca y con la coartada de la interpretación musical del C.V. de Juan, muchas cosas que él debería ocultar para no dar pistas sobre su antigua identidad.

Y mientras pensaba sobre este pequeño dilema fácil de resolver, cambió de registro y admiro la estación de Basilea y deslizó su mirada sobre un andén paralelo que correspondía al tren que haría la línea Basilea-Ginebra. Allí estaba justamente Mercedes sentada en un banco y echando un vistazo a un periódico que Juan hubiera dicho tenía una cabecera en alemán. Se acercó a ella y después de expresarse mutuamente su sorpresa por encontrarse en semejante lugar decidieron visitar, en buena y cordial compañía, algún museo que a ella no le hubiera dado tiempo a visitar por la mañana. Volverían a tiempo para que ella tomara su tren de vuelta a Ginebra en donde dormiría para volar al día siguiente a Madrid aunque a lo largo de la tarde se le deslizó la indiscreción de decir que volaría Ginebra-Londres y luego, no supo Juan cuanto tiempo más tarde, Londres-Madrid.

Elegir un museo en Basilea es como apostar a un número en una ruleta. O eres un experto tramposo o tienes que dejarlo a la suerte. Esto es lo que decidieron hacer comprometiéndose a entrar en el primero con el que toparan y estuviera dedicado a lo que estuviera dedicado. Extrañamente no se fijaron mucho en los edificios por los que pasaban en una especie de paseo a la luz del atardecer. Cada uno por su lado contó al otro sus relaciones domésticas respectivas y esto quizá les acercó más de lo debido y se encontraron con que el Anatomisches Museum estaba a punto de cerrar aunque les dio tiempo para arramplar con escritos explicatorios sobre la colección de patología y de anatomía que iniciara a principios del XIX nada menos que Jung. No es de extrañar que esto les llevara a hacerse confidencias sobre sus experiencias psicoanalíticas y a entonar una especie de canto a la libertad que, curiosamente se vio recompensado por el encuentro de frente con otro museo que no es muy conocido y aparentemente paradójico: el Schifffahrtsmuseum Verkehrsdrehscheibe Schweiz. Es decir un recuerdo de la necesidad de llegar al mar que tiene Suiza en su búsqueda de libertad. También estaba ya cerrado, pero esto de la búsqueda de la libertad les envalentonó y, muy a propósito, perdieron sus respectivos trenes para Lucerna y Ginebra.

«En Basilea» recibió 1 desde que se publicó el miércoles 11 de mayo de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.