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El surrealismo me mata

El surrealismo se ha hecho fuerte en el Baix Empordà…

casa_de_dali_portlligatNi siquiera llevo dos días en el Municipi de la Noble Vila de Foixà y ya he sido atacado por el surrealismo que se ha hecho fuerte en esta zona que me atrae de una forma yo diría que casi morbosa. Mi casa está muy cerca del museo de Gala-Dalí de Púbol y del santuario de Els Angels donde este ampurdanés matrimonió con Gala. Tampoco está muy lejos del Teatro-Museo Dalí de Figueras y de los mágicos pueblos de Cadaqués y de Port Lligat. Siempre he sabido que estoy rodeado y cada vez que llego aquí, desde donde ahora escribo, dejo la carretera que lleva de la salida de la autopista hacia Girona Norte en dirección a Palamós y giro a la izquierda en dirección a Rupià, hay un punto a pocos metros del giro hacia Foixà desde el que de repente se vislumbran Las Isles Medas y creemos estar en otro mundo.

Este Baix Empordà, por hablar del que conozco mejor, es efectivamente «otro mundo». Para empezar, en cuanto llego me creo en el extranjero, algo que siempre me excita la imaginación. Y todo lo que se me ocurre se hace realidad casi instantáneamente. Creo recordar que ya he hablado algún verano de las playas que se enfrentan a las Medas y desde cuyas arenas blancas creo estar asistiendo a una escena casi final de Belle de Jour de Buñuel, ese otro surrealista amigo y colaborador de Dalí.

Pero hoy me han ocurrido dos cosas inusitadas en una playa al norte de las de Pals y un poco al sur de la desembocadura del Ter en donde opera nuestro chiringuito favorito, un local gerenciado aparentemente por un sosias de Fernando Vega al que solicito reserva de mesa para dentro de una hora. Sus dueños manejan también las hamacas que tienen de original que incluyen una especie de visera que me permite deshacerme de mi nuevo sombrero de paja cuando me tumbo y comienzo a leer Paleopoetics. No llevaría ni treinta segundos en esa posición cuando la visera de la hamaca ha cedido y durante un milisegundo he pensado que ya se cerraba mi féretro y que nunca volvería ver ni las Medas ni esos cuerpazos de pelo rubio y piel canela cuyo idioma reconozco pero no entiendo.

Esa es una de las cosas con las que el aire surrealista me ha premiado hoy. Pero hay una segunda aparte de una idea que ese minisegundo me ha proporcionado y en la que entraré en un momento. En cuanto les cuente que después de servirnos a nosotros Fernando Vega se ha sentado en una mesa larga en las que, entre otros, se encontraba Antonio Cabrales. Algo difícil de imaginar pues no parece este lugar el adecuado para lo que parecería una pequeña reunión de investigadores de redes, un tema este en el que los dos han colaborado y creo siguen haciéndolo.

O quizá sí, pues todos esos cuerpos de los que hablaba, incluyendo el mío, formaban, formábamos, como una red distribuida cuyos enlaces discurrían por los caminitos que cada uno de nosotros transitaba para darse un chapuzón sorteando las muchas toallas extendidas sobre la arena. Quizá estos dos amigos habían encontrado el lugar idóneo para estudiar sobre el terreno el posible trade-off entre contagio y aseguramiento que toda red representa. Cuanto más tupida más fácil el contagio de lo que sea, de dermatitis por ejemplo, pero también tanto más seguro me encuentro cuando me adentro en el mar. No hay medusa que me vaya a arrastrar en presencia de estos fornidos nórdicos que nadan a mi lado. Y esta es la segunda cosa que me ha aportado el aire de esta Baix Empordà donde me encuentro muy bien.

En realidad todavía he tenido otra iluminación este mediodía, pero de ella hablaré próximamente en cuanto les cuente algo sobre esa paleopoética que he mencionado.

«El surrealismo me mata» recibió 0 desde que se publicó el jueves 18 de julio de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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