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El Sistema Financiero como un Filtro de Proyectos

Publicado en Expansión, lunes 6 de julio de 2009

En entregas anteriores espero haber conseguido comunicar el porqué España debería cambiar la Ley de Cajas convirtiendo a éstas en simples bancos. He argüido tres grandes razones. Primera, que el sistema financiero sería mejor en el sentido de más profundo y menos volátil. Segunda, que es conveniente evitar el apoyo a las cajas como parte de la crítica del capitalismo financiero pues esta crítica no tiene, en mi opinión, nada de oportuna. Tercera, que las funciones específicas de las cajas (funciones que se han ido difuminando con el tiempo) podrían, en cualquier caso, sustituirse por modificaciones en la gobernanza de los bancos lo que, he argüido, nos llevaría hacia ese óptimo de primer orden denominado Stakeholders Society.

Quizá estos argumentos podrían ser suficientes para mi finalidad confesada de eliminar la dualidad financiera, pero hoy quiero añadir un argumento distinto que tiene que ver con la consideración del sistema financiero como un filtro de proyectos.

La idea inicial es que un sistema financiero es, entre otras cosas, un conjunto de filtros para decidir qué proyectos financiar y cuales no dependiendo del balance de cada institución y del riesgo de cada proyecto. Pensemos como primera aproximación didáctica que contamos con una caja y un banco aunque hable de cajas y bancos. Cuando hay dos instituciones distintas, caja y banco, es como si esos filtros estuvieran colocados en paralelo ya que un mismo proyecto puede presentarse al banco o a la caja indistintamente de forma que si es denegado en uno de esos filtros puede ser aprobado en otro.

Si solo hubiera lo que llamamos un banco pero con una gobernanza dual, cada proyecto deberá pasar por dos filtros en batería, el del Consejo Ejecutivo y el de ese Consejo de Vigilancia que presta especial atención a las repercusiones posibles sobre los stakeholders. La pregunta es, desde luego, qué sistema de filtros es mejor, si el correspondiente a una poliarquía (que es lo que tendríamos si mantuviéramos las cajas) o el que correspondería a una jerarquía (que sería equivalente a un sistema en el que han desaparecido las cajas pero los bancos tienen un Consejo con dos niveles.

Siguiendo a Sah y Stiglitz (“The Architecture of Economic Systems: Hierarchies and Poliarchies“,The A.E.R. Vol. 76, No. 4. Sep. 1986) y simplificando el problema para evitar tecnicismos, podríamos decir que tenemos dos maneras de filtrar a los demandantes de crédito, la de las cajas y/o bancos conjuntamente y la de los bancos solos. Estas dos maneras de filtrar el crédito pueden convertirse en dos distintos sistemas de filtraje según coloquemos los filtros en paralelo o en batería.

De acuerdo con la terminología introducida, al primer sistema le llamamos una poliarquía y al segundo una jerarquía. Hoy contaríamos con una poliarquía puesto que las cajas funcionan como tales y, si la Ley de Cajas modificada convirtiera las cajas en bancos tendríamos una jerarquía siempre que los bancos tuvieran un Consejo de Vigilancia además del Consejo Ejecutivo.

Lo interesante es conocer qué sistema proporciona un mayor beneficio al sistema financiero y a la sociedad en general en una situación realista en la que la observación de la calidad crediticia es en general errónea. Pues bien, el análisis de los dos autores citados permite afirmar algunos resultados interesantes.

Pensemos primero en un entorno ideal en el que se observa perfectamente la calidad crediticia del cliente. El óptimo de primer orden corresponde a una jerarquía y coincide con óptimo social. En una poliarquía se obtendría un beneficio social nunca mayor que en la jerarquía. Un resultado reminiscente de lo que dice la teoría del duopolio en cuyo equilibrio nunca se alcanzará el beneficio correspondiente a la maximización del beneficio conjunto.

Este resultado elemental, sin embargo, no es suficiente como para decidirse a eliminar las cajas del sistema financiero precisamente porque no estamos en un mundo en el que se observa sin errores la calidad crediticia de cada cliente. ¿Qué pasaría en el caso realista en el que esa observación es en general errónea y se cometen errores negando crédito a los buenos clientes (error de tipo I) o concediéndolo a los malos clientes (error de tipo II)? Los resultados parciales y casuísticos con los que contamos nos llevan a pensar que la decisión sobre eliminar o no eliminar las cajas dependerá de la calidad general de la clientela (de si los tiempos son buenos o malos diríamos) y del conservadurismo del filtraje siendo éste más conservador cuanto más tupido sea el filtro y cuando más discriminatorio sea diferenciando claramente clientes buenos y malos.

El resultado más limpio y claro que podríamos extraer de Sah y Stiglitz es el siguiente. El argumento para eliminar las cajas sería tanto más fuerte cuanto menor sea la calidad crediticia de los clientes (medida como proporción de solventes o como ratio de la calidad de los buenos frente a los malos) y cuanto menos conservadora sea la función de filtraje. No hay intuición posible y para la prueba hay que acudir al original, pero podemos decir que, a la luz de este resultado, parece evidente que apostar por acabar con la singularidad de las cajas es optar por un sistema de filtraje jerárquico frente a otro poliárquico.

Insisto, en éste último para pedir un crédito hipotecario puedo ir a la caja o al banco. En el filtraje jerárquico me basta con acudir a una sola institución, un banco, que te filtra dos veces, la primera por parte del Consejo Ejecutivo y la segunda por parte del Consejo de Vigilancia que tiene en cuenta los problemas planteados por los stakeholders.

Hasta aquí he tratado de interpretar un resultado teórico cuya prueba he obviado, como un argumento a favor de un sistema jerárquico como el que quedaría una vez reconvertidas las cajas y equiparadas a los bancos. Este sistema, en efecto, puede ser el adecuado en un entorno realista en el que no podemos esperar conocer a la perfección la calidad crediticia de cada cliente porque, por ejemplo, esa calidad depende de variables que no se pueden observar perfectamente. En estas circunstancias el sistema jerárquico es el adecuado cuando los tiempos son malos y cuando la función de filtraje no es muy conservadora.

¿Es una situación así la que esperamos o deseamos como herencia de la crisis? Aquí caben muchas elucubraciones, pero mi inclinación es a pensar que, después de una crisis como la que estamos pasando, la calidad crediticia de los demandantes de fondos no será demasiado buena durante bastante tiempo. Por otro lado sería deseable que los bancos, en su deseo de recuperarse de las averías causadas por la tormenta financiera, fueran un poco menos conservadores en su función de selección de clientes. Es más yo me atrevería proponer que esa función de filtraje no sea muy conservadora para poder seguir innovando financieramente a pesar de todos los pesares.

Para terminar me gustaría añadir que, a fin de compensar los posibles peligros que pueden seguirse de esta propuesta en un momento en que la clientela no esté en su mejor momento, desearía que pudiéramos contar cuanto antes con una jerarquía constituida por un Consejo de Administración dual conformado por los dos niveles mencionados reiteradamente.

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