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El silencio y la alienación

Para que se hagan una idea de cómo funciona mi programa de lecturas imaginen, para empezar, unas veinte pilas de libros cada una con unos 5 libros de media reposando sobre una inmensa mesilla (mesaza) de noche. Aun quitando restos de revistas y recortes de periódicos y algúnn programa de ópera, debo tener al al alcance de la mano no menos de 80 o 90 libros cada uno de los cuales ha sido comprado en un arrebato o ha viajado desde la biblioteca de Las Arenas a la mesilla de noche en Madrid aprovechando alguna visita rápida al “bocho”. Por ejemplo la última vez volví con un ejemplar de Proust y los Signos de Deleuze que no tengo ni idea cuándo adquirí. Allí está sobre esa enorme superficie que hace se mesilla de noche y hoy hace compañía a Bartleby y compañía del Vila-Matas, antecedente claro del Dr. Pasavento, pero que ha estado perdido en este vertedero de sabiduría hasta que, ante la irrtación de mi mujer, una mano amiga quitó el polvo y reordenó las columnas.

Llevo dos noches leyendo esas notas de pie de página de un texto inexistente y disfrutando de ellas como un loco pues han llegado providencialmente a través de una mano inocente. Se trata de una mezcla de ensayo y ficción que nos presenta una galería de escritores del NO, de creadores o autores que un día entran en un silencio que uno sospecha sabio aunque no conocemos las verdaderas razones de esa actitud de los Bartlebys.

Yo diría que se trata de la pureza del silencio o quizás de la manifestación más inmediata de la búsqueda de esa pureza. Uno empieza por abrir la boca y no decir nada, pues no encuentra nada que decir que no sea trivial, y acaba no abriendo la boca y cerrando los oidos. Ni emite ni recibe.

No me parece esta actitud muy lejana de la del completamente alienado que el otro día trataba de elogiar. No me refiero al loco al que la sociedad silencia, sino al cuerdo que no habla para no ser internado en un frenopático o, al menos, para no serlo todavía. Me refiero a ese ser que piensa que siempre cabe la posibilidad de dar con la expresión definitiva, sencilla y comprensiva de todo. Piensa que una expresión así acabaría con la locura que persigue la locura de hacer algo indestructible y nos convencería de que la vida es un sinsentido simpático siempre que acepetemos lo que nos trae y no nos preocupemos de examinar lo que querríamos que trajera.

Es el silencio del que ha perdido la capacidad de entender. Supongo que todo el mundo tiene la experiencia de desaprender a leer duarante unos instantes en los que uno queda completamente inerme ante unos trazos que no dicen nada. O, si no es esa experiencia bastante común, seguro que muchos sí que se han topado con un bulto que no reconoce en su funcionalidad, quizá un señor tratando de entender las instrucciones para extraer del aparato dispensador de trajetas para aparcar, y en una posición tal que parece un devoto ante un muro sagrado que no responde y sobre todo que no aprecia nada durante tres segunos, tres segundos que nos aterran pero en los que reconocemos la sabiduría de no entender.

«El silencio y la alienación» recibió 3 desde que se publicó el Martes 5 de Mayo de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. montejb dice:

    Estimado y apreciado Sr. Juan Urrutia, en este entrañable diario, me has trasportado a la vivencia y experiencia gozada con mi añorado Miguel Muñoz que ya hace al menos 10 años, emprendió un largo viaje al cual, espero unirme feliz, pensando en el rencuentro. El escenario que describes, parecido otros muchos y muchas, seguro nos refugia y salvaguarda de las inclemencias del entorno. El otro día, sin más, hablando con mi señora, describí el escenario que indicas y añadí sin reserva, que no sé por qué procedimiento, me parecía estar hablando al tiempo contigo en el mismo escenario habitualmente. En verdad, si bien resulta increíble, es una sensación maravillosa y me complace compartirla contigo, sin que ello suponga, obviamente, que a ti te suceda ni de lejos, pues al fin y al cabo, soy un perfecto desconocido. Me queda la certeza de cuanto expongo, el testigo de mi adorable señora, que a más señas, le llaman Lola.

    Gracias infinitas y abrazos,,, Juan Bernardo

  2. Juan Urrutia dice:

    Juan Bernardo:ya no eres un perfecto desconocido y te agradezco tus siempre amables comentarios.mis recuerdos para Lola.

  3. montejb dice:

    Gracias…. Sr. Juan Urrutia

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