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A raiz de un post de Jesús Zamora sobre la sentencia (absolutoria) de Egunkaria en la Audiencia Nacional se ha montado un interesante debate. Aunque repetitivo y lleno de malentendidos, merce la pena seguir su desrrollo. Pero en él no aparece el arma secreta contra el terrorismo que dos autores, Bartlett y Reeves han descubrierto en el Finacial Times. Se trata del ridículo. Según ellos poner en ridículo a Al Quaeda sería letal para esta calse de terrorismo y, uno supone, contra cualquiera. Me atrevo a decir que no encuentro ningún mérito a la propuesta. Creo que avivaría el odio y alajaría la posibilidad de una evolución conjunta de las sensibilidades. Y además, no veo cómo se puede ridiculizar el terrorismo y al mismo tiempo dar carta de legitimidad a variados ejemplos de violencia tanto en el plano de lo real como en el del imaginario.

«El ridículo como arma antiterrorista» recibió 0 desde que se publicó el Martes 20 de Abril de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Juan Urrutia dice:

    El jingoismo en las páginas del FT (y desde hace un par de años en el Economist) es un síntoma más de la [[descomposición]] (exactamente igual que el éxito del [[decrecionismo]] o el milenarismo climático). Por lo mismo son perfecta y necesariamente coherentes con el desarrollo disciplinario del estado, las fantasías de una sociedad de control y el consiguiente aumento de la violencia política tanto física como en el imaginario.

    Es la máquina entera de los gestores y las antiguas élites petardeando, sin capacidad para mantenerse coherentemente ni llevar la sociedad a ningún lado pero… capaz todavía de evitar una alternativa.

    Es lo que los viejos marxistas llamaban un “empate histórico”, solo que con otros sujetos o al menos sin sus imaginarios, ya sabes la frase de Marx “triunfo de la clase ascendente o hundimiento de las clases en conflicto”. Bueno, pues realmente la [[descomposición]] tiene todos los síntomas de la segunda opción.

    Cuando lo viejo se niega a morir y sólo concentra sus fuerzas en que lo nuevo no llegue a vivir, la desesperación social, la confesión del estado como gran “bully” al servicio de grupos particulares y el pesimismo del relato popular, emergen de forma natural. En el horizonte: la conversión en “estados fallidos”. En el viejo capitalismo juvenil UK mostraba el camino a Somalia. Hoy es al revés.

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