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El puente sobre el río Bankia

GoirigolzarriHierve nuestro pequeño Wall Street. Desde la plaza Elíptica hasta la Bolsa, ubicada ésta un poco más hacia la ría que la plaza Circular, la Gran Vía es una especie de espacio público en el que se comentan las incógnitas abiertas por el caso Bankia y ¿cómo no? sobre el hecho de que una vez más haya tenido que ser un bilbaino el que salva a una institución financiera dando por hecho que Gorigolzarri sacará adelante ese muerto embalsamado. Cada atareado bilbaino tiene su propia idea crítica acerca de la manera de hacer banca de los que no han estudiado en Deusto, expresando sus dudas al respecto por la falta de tradición y ausencia total de olfato. Y porque «todos esos» son unos nuevos ricos y no como nosotros que llevamos mucho tiempo olfateando letras de cambio antes de decidir si descontarla o no. Son todos tan jóvenes…

Hay que ser desde luego un poco mayor para entender lo que pasa por la cabeza de alguien como el nuevo presidente de esa caja disfrazada de banco. Por lo menos hay que recordar una película magistral de David Lean que no entendí de primeras pues entonces era un adolescente que no tenía ojos más que para el Athletic. Pero volviendo la vista atrás no es difícil esbozar una explicación de la aparentemente loca decisión por parte de Goirigolzarri de aceptar una tarea tan poco grata y tan enredada políticamente.

Recordemos la aventura del personaje de sir Alec Guinness (el coronel Nicholson) enfrentado al coronel Sato, jefe del campo de prisioneros ingleses en Tailandia a finales de la última guerra mundial (encarnado por un actor japonés cuyo nombre no recuerdo), sobre el fondo de la construcción de un puente absolutamente necesario para la resistencia de los japos y cuyo fracaso es crucial para la victoria americana (con William Holden de dinamitador).

La figura del coronel Nicholson es shakesperiana. El orgullo nacional y militar, además de la convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra y su responsabilidad sobre la moral de sus hombres, le prohíbe colaborar con el coronel Sato en la construcción de ese puente que pospondrá la derrota y quizá pueda devolver la ilusión de la victoria nipona sobre ese enemigo occidental. Parece capaz de morir de sed, calor o inanición antes de colaborar; pero hay algo más allá del honor o la dignidad militar: el orgullo personal, al que no se puede ignorar so pena de no ser nadie. Y este orgullo personal surge en cuanto se pone en juego su conocimiento de ingeniería de puentes frente a la ignorancia del japonés. Su postura de resistente y la necesidad de mantener la moral de su tropa le empuja inevitablemente a construir correctamente el puente sin ahorrar sacrificios personales y a sabiendas de que sus propios superiores podrían afearle su decisión.

En la batalla financiera que enfrentamos y en la que no sabemos quienes son los nuestros, no tenemos superiores y el enemigo es ni más ni menos que los llamados «mercados» ¿a quién puede sorprender que el orgullo personal se imponga y la superación personal o la configuración autónoma de un yo orgulloso y necesariamente único nos lleve a una asunción de tareas para otros incomprensible?

Hierve Bilbao y se pregunta que quién es el nuevo presidente de Bankia, si es el Sato prisionero a su vez de la ceguera kamikaze de su emperador, si es William Holden revestido del pragmatismo americano que no duda o si quizá es el coronel Nicholson. Pero ¿cuál de los dos coroneles? ¿el de la novela de base o el del guión de la película? Cuando ante la bajada de las aguas vislumbra el trabajo dinamitero realizado por los suyos ¿qué hace? O bien no dice nada como en la novela y, salvada la moral de sus hombres, se impone su deber militar o bien, como en la película, se lanza a salvar «su» obra de ingeniería más allá de las conveniencias sociales, morales o castrenses.

Yo no tengo duda y pienso lo mismo que el inspirador de este comentario, un amigo que ha extendido en su terraza una bandera del Athletic de 18 metros.

«El puente sobre el río Bankia» recibió 2 desde que se publicó el domingo 20 de mayo de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Roberto dice:

    Es lo que yo me he preguntado y no estoy seguro porque no tengo toda la información ni conozco a la persona -a Goirigolzarri-.
    Una de las respuestas que me venían a la cabeza era: después de “jubilarse” como se jubiló, con tantos millones, y al venir un futuro incierto para los que formaron parte de las élites bancarias, quizá, sólo quizá, ¿quiere recomponer su imagen pública?
    Pero, como decía antes, esta motivación será errónea, debido a mi desconocimiento . Pero claro, cada uno hace sus cábalas según sabe y conoce.
    Lo cual no es obstáculo para que usted, Urrutia, se moje un poco más y nos aclare cuál de los coroneles creen usted y su amigo abanderado que está en plena actuación. Un lector asiduo.

  2. juan urrutia dice:

    Gracias por el comentario. No pienso que
    el presidente de Bankia tenga problemas con su imagen pública. y todos tenemos algo de los tres personajes delPuente sobre el rio Kwai. No creo que sea inmune al reto de sacar adelante no solo ese banco sini en buene parte todo el sisteme finaciero español. Yo no o sería.

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