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El orgullo del derrotado y la hermeneútica

Como buen alumno de los jesuí­tas prefiero vencer a ser derrotado; pero curiosamente es posible que las derrotas hagan emerger en cada uno de nostros extraños reflejos que nos condicionan para toda la vida de una manera subconsciente y que muy bien pudieran ser más respetables que los que surgen de la victoria.

Pondré como ejemplo indirecto mi propia esperiencia infantil. Como a todo niño me marcaron para siempre las historias que me susurraban para que me durmiera. A escondidas de mis padres, quienes guardaban un silencio extraño respecto a la guerra, al menos delante de sus hijos, Carmen Arteaga Ormaeche (sin hache por favor, no hay haches en euskera) me contaba, con una voz acariciadora que nunca podré olvidar y con la luz ya semiapagada, historias de heroicos gudaris que, con un solo avión medio averiado, mantení­an a raya al ejercito nacional mucho mejor equipado y beneficiario de la traición del inventoror del cinturón de hierro de Bilbao.

La historia no fue tan heroica como ella me la contaba; pero lo que mi cuidadora me transmití­a no era rigor histórico, sino el orgullo del derrotado. Hay en este orgullo, que desde entonces he presentido en muchos corazones, pocas disculpas y las que hay son como si deaccidentes naturales se trataran. No hay nada de odio, ni siquiera sed de venganza, sino como una especie de esperanza mí­stica de que un dí­a la justicia será hecha de manera natural dando a cada cual lo suyo. Sí­, aquello que no se puede discutir, aquello que es evidentemente nuestro ( el plural es imprescindible) como la hermandad, el gusto por lo sencillo, por la verdad, los sentimientos dulcemente recogidos y expresados con sobriedad, la dulzura de vivir sin grandes aspiraciones pero con amor por tus hijos y respeto por tus padres junto con una insobornable independencia. Naderí­as que solo un artista como Atxaga podrí­a reflejar.

Pero como yo no soy artista no tengo más remedio que ir por otro lado. Querrí­a decir que lo que parecen recuerdos nostálgicos de viejo tienen, creo yo, su enjundia filosófica. En este caso influí­da por mi lecturas recientes de viejos empujes hermeneúticos a los que aludí­a el otro dí­a al hablar de Amos Oz.

Mi horizonte interpretativo resulta ser este extraño orgullo del derrotado. Lo que pienso, lo que elijo pensar, mi pensar a la contra o a contrapelo, mi falta de amor por la autoridad, mi gusto por seguir contando historias para que esa autoridad no me corte la cabeza, todas estas cosas son las formas de entender las cosas de las que no me puedo librar.

He ahí­ mi horizonte hermeneútico. Y es esta carcel del pensamiento la que condiciona mis intereses. Es la fuente principal de mis interpretacines del mundo y de la sociedad. No me interesa la historia en sí­, me interesa el desprecio a la injusticia y a la desigualdad de trato, la terquedad resistente en general. Mala suerte para un sprinter como yo.

Y, por lo tanto, me interesan las historias que se cuecen en ese ambiente, historias como las que intercalaba Bernardo Atxaga en su conferencia de inauguración de los cursos de verano de la UPV/EHU: la otra mirada, la que crea, innova y descubre. Lo que no le oí­; pero se que estaba allí­ es la firme creencia que no hay mirada renovada si no proviene de nuestro inevitable horizonte hermeneútico. Pretender lo contario, desear la originalidad radical, es citar peligrosamente a la esterilidad.

Nada nace de la nada. Y lo mejor nace de la derrota. Ay de aquel que no se permite el beneficio del fracaso!

«El orgullo del derrotado y la hermeneútica» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 6 de Julio de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Hoy, he sido derrotado por lo que tu escrito me parece todo un regalo.

    Gracias.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] De cada derrota hay que sacar una victoria. Algunos perdedores sin héroes sin caer en el martirio. En cierto modo, me recuerda al lema de la Escuela Taurina de Madrid: “Podrá el toro quitarte la vida. La gloria, jamás”. […]

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