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El músculo duerme, la ambición descansa

Sirva el comienzo de la letra de este tristísimo tango para simbolizar esta que fue tregua de agosto (con el músculo adormecido al sol y la ambición entre paréntesis) entre los poderes (ejecutivo, político o empresarial) y la prensa que, a su vez, no deja de ser un poder tal como se nos ha repetido hasta la saciedad con ocasión del escándalo de las escuchas ilegales de News of the World. Aunque la tregua no es total, en España lo parece. La política nacional se iba de vacaciones pasase lo que pasase con la situación económica, los escándalos de corrupción o con la Bolsa. Los periodistas ya curtidos desaparecían recluidos en su lugar de descanso y los periódicos quedan en manos en manos de gente menos experta.

A pesar de las malas sensaciones que los mercados nos están deparando en este principio de Agosto no es mal momento para reflexionar distendidamente sobre las relaciones entre prensa y política.

Déjenme comenzar por reflexionar brevemente sobre un caso en el que el músculo estaba tenso y la ambición alerta. El The Economist del 16/22 de julio presentaba una portada con un enorme tajo por el que podría despeñarse el euro si no se llegaba a un acuerdo en la reunión entre jefes de gobierno y de estado ya convocada. El contenido era impecable con reflexiones meditadas e informativas sobre alternativas para atajar la crisis de la deuda griega y otras posibles obre la base de experiencias pasadas, opiniones actuales e intereses evidentes de unos u otros países. La reunión se celebró y tenemos un acuerdo nada fácil de entender si uno lee solo la prensa destensada y poco ambiciosa. No he topado con ninguna publicación diaria, semanal o mensual que haya hecho el esfuerzo de ilustrarnos en la aritmética del endeudamiento, algo fácil e implacable. Solo hay que relacionar cuatro variables, la tasa de crecimiento, el tipo de interés real, el periodo de madurez y, naturalmente, el principal de la deuda que se supone hay que devolver al final del período de maduración. Si queremos aplicar esta aritmética a un país en concreto deberíamos además jugar con cifras netas que reflejaran no solo las características de lo que deben sino además las que corresponden a lo que se les debe por parte de otros países. Ahora podemos fijar una de esas variables y despejar las otras del sistema de ecuaciones indeterminado que amalgama esa aritmética. Por ejemplo es fácil calcular la tasa de crecimiento que debe conseguir un país para pagar una deuda a x años con un principal de y y unos intereses de z. O si estimamos la tasa de crecimiento, podemos calcular con igual facilidad el máximo interés o período de maduración que se pueden aceptar. Ni qué decir que lo mismo puede decirse del techo de endeudamiento de los USA, un problema, por otro lado, que hunde sus raíces en cuestiones ideológicas que creíamos aparcadas pero que han recuperado músculo y ambición a causa de la vehemencia del Tea Party que, en muchos aspectos, no es sino la reencarnación fantasmática de los “neocons” que tanto predicamento tuvieron hace unos años y no solo en los USA. Un acuerdo ha sido alcanzado sobre la ampliación del techo de la deuda; pero lo interesante es que, en este caso, el músculo estaba alerta pero no sobre cuestiones propiamente económicas sino, más bien, sobre la manera de entender la libertad individual y la seguridad colectiva.

Quiero ahora pensar un poco sobre un ejemplo diferente y asimétrico pues en él el músculo no estaba tenso aunque la ambición sí que estaba alerta. Me refiero al músculo del Gobernador del Banco de España que intentaba llevar a cabo una labor pedagógica importante en aquel momento de la rueda de prensa sobre la última edición de los stress tests y naturalmente a la ambición de los periodistas que buscaban afanosos un titular fuera o no conveniente para el país.

Dar clase no es tan fácil como en general se cree. Los recursos retóricos son importantes y hacer referencia ante unas pruebas (no exámenes) de resistencia a la manera en que, acumulando camiones sobre él, se prueba la resistencia de un puente, es una metáfora que no permite luego jugar con la referencia a los Oscar en los que el suspense justifica el “the winner is…”al que acudió el gobernador. No hay “winner” por la sencilla razón de que no se acumulan camiones hasta el momento en el que el puente se cae resultando ganador el único que permanece en pie. Tampoco cabe lo de aprobar o suspender pues lo único importante es que la aritmética ya mencionada, junto con las características propias de cada banco tenedor de deuda, nos dictan el capital que es necesario. Y desde luego no es adecuado para el Banco de España cuando algunas de las instituciones que debe tutelar han “suspendido” por la imposibilidad de influir lo suficiente ante la European Banking Authority como para que ésta permita tener en cuenta las dotaciones dinámicas de las que tanto presumimos y con razón.

Al día siguiente unos periódicos destacaron los suspensos, otros que no hacía falta más capital. Cuestión de ambición o de músculo. Y también de infección política que, especialmente en verano, brota purulenta ante la ausencia de análisis mínimamente ambiciosos. En los últimos días nadie ha sabido leer los labios de Trichet de forma que su comparecencia del jueves 4 el descanso de la ambición no supo entender sus guiños y las bolsas se desplomaron ante su aparente reticencia a explicitar compromiso alguno sobre la compra de deuda de ciertos países. En lugar de entender que esta ausencia podría querer decir eso a países que no necesitaban esa facilidad extraordinaria del BCE, se entendió que el no mencionarlos era un intento de evitar que se vendiera en corto su deuda soberana. Es fácil colegir que el músculo de saber qué músculo del Banquero Central no estaba muy despierto mientras que la ambición de la prensa no se permitía descanso alguno.

«El músculo duerme, la ambición descansa» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 16 de Septiembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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