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El lenguaje del cuidado mutuo

Pienso realmente que existe otro lenguaje que se me escapa. Es aquel cuya ausencia representa una pérdida total y definitiva de conexiones humanas entusiastas.

varufakis lenguaje corporalHace cerca de cincuenta años un verano en Oxford dedicado en principio a reforzar el inglés antes de largarnos a los EE.UU. para aprender algo, fuera lo que fuera, pero que me enseñara a comprender lo que era aprender, me sacó de esa misión y por influencia de aquel profesor, al que creo haber citado en otras ocasiones como mi introductor al «outsider» de Wilson, me entregué a la lingüística y más en concreto a la filosofía lingüística de Wittgenstein que con su paso desde el «Tractatus» a sus «Investigaciones Filosóficas» me llevó a la distinción entre el lenguaje como formado con palabras como cuadros que representaban y el lenguaje no como una colección de representaciones pictóricas, sino como unos juegos de sonido que traslucían tanto como ocultaban.

En esto pensaba el otro día cuando con ocasión de la celebración de unas bodas de oro volvimos a ver a personas importantes para nosotros pero cuyo impacto a estas alturas era más bien la lectura de un juego del lenguaje que había determinado nuestros destinos. Me paré en una esquina del huerta del caserío de los anfitriones con mi vaso de txakoli en la mano y así, alejado del bullicio, me di cuenta de que lo que veía de aquella gran familia en movimiento, sin alcanzar a oírla, era como esa lengua de signos empleada por los sordos -quizá sordomudos- para relacionarse entre ellos o para entender un discurso importante -o no- retransmitido por televisión. La duración de los encuentros, la frecuencia de algunos de ellos, el deambular de otros, la falsedad de algunas sonrisas o el asombro de otros que no reconocían a alguien que yo sabía había representado algo en la vida del otro o de ambos ambos, eran como signos pobres de lo que es el reguero de un río ya seco.

Sí, este era un lenguaje de signos de la primera época Wittgensteniana pero no era un lenguaje juguetón que enriquecía la vida social distinguiendo mediante un lenguaje corporal el verdadero significado en ese día específico en el que los signos solo decían obviedades. En aquel momento pensé que para ir más allá habría necesario el lenguaje oral ese cuya gramática se nos intentó enseñar desde primaria pero que finalmente aprendimos mientras colaborábamos a crearlo sin saber muy bien cómo. Pero ¿y si quizás la mera forma de los cuerpos de los ya mayores amigas y amigos nos dieran claves para entender aquel espectáculo que yo contemplaba cada vez más mareado?

Me quedé con esta duda, pero hoy la he disipado, aunque solo a medias, en mi visita a la clínica para la revisión anual de mis males mayores y apara tranquilizarme las inquietudes surgidas de los menores y nuevos. En las diversas salas de espera que conforman un centro médico ves sin mirar a muchas personas que poco a poco van borrando sus señas individuales de forma que no ves sino las señas genéricas: nariz, orejas, boca , piernas o brazos. Y todos igualmente utilizados con una ausencia clara de singularidad. Esta experiencia me ha desolado hasta que, pensando en la experiencia de las bodas de oro que acabo de relatar, me ha venido a la cabeza el lenguaje corporal que no miente. En efecto, si nuestro cuerpo fuera un signo de variados significados hablaría y se expresaría singularizándose más allá de identidad básica de todos los cuerpos. Y quizá esto ocurre, pero no satisface mi curiosidad del todo.

Hoy, después de la siesta creí haber avanzado algo en el alcance de aquellas ideas robadas en Oxford, pero no sabía que todavía el lenguaje me plantea problemas que no alcanzo a plantearme con limpieza, pero que tengo que resolver si he de terminar el programa de trabajo que me surgió inesperadamente en aquella librería (Blackwell´s) en la que pasaba las horas libres del mediodía sustituyendo el disfrute de una hamburguesa por la compra de un librito de filosofía analítica.

Pienso realmente que existe otro lenguaje que se me escapa. Es aquel cuya ausencia representa una pérdida total y definitiva de conexiones humanas entusiastas. Tiene algo de lenguaje de signos en que hay muchos matices del lenguaje oral que no son replicables y viceversa: signos específicos que se utilizan en la vida esa que creemos es la única y que es eterna y que de repente y debido a algún cambio inesperado te deja sin esas «palabras» que parecían irremplazables. Servían para charlar en el psicoanálisis de cuyo ejercicio podían surgir nuevas expresiones en el lenguaje oral, pero se van agotando a medida que los viejos amigos se preguntan lo mismo que tu y no pueden enfocar la cosa desde la lingüística. He aquí ahora nuestro último problema lingüístico. Pensemos en él.

Hace unos días ayudamos financieramente a nuestro último descendiente a independizarse, a hacer lo que realmente desea. Es el verdadero primer día de su vida y su manera de hablar oral, de signos, corporal va a cambiar y en su ausencia no sé si me podré mantener al día. Pero también es el primer día del final de nuestra vida, esa que nos llevó a procrearlos. Y todo ya cumplido solo nos queda el cuidado mutuo que tendrá que desarrollar su propio lenguaje. ¿Cómo será este lenguaje del cuidado mutuo?

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